Cannes Lions 09. Que de verdad que no es para tanto

Lunes 22. Cannes acaba de comenzar. Recién levantado, llama Christian, que está allí de Young Lion. Que lo de busuu está en la lista corta. Ah, vale, cojonudo, pues a ver si hay suerte. En la agencia, el día empieza como siempre. Llegan los rumores de que igual lo de busuu es plata. Bueno, paciencia, que sólo son rumores. Al curro. Pasan las horas y nadie confirma nada. Miguel tiene una comida y quiere saber algo. Hombre, me dice, porque si es que sí, habrá que ir y sacar los billetes y tal. No le falta razón. Se va a la comida. Que ya hablaremos.

Finalmente, es plata. Llamo a Miguel, que deja la comida y quedamos en que me pasa a buscar con la moto para ir directamente al aeropuerto.

Imagen: dos publicistas desinformados van en moto a toda hostia hacia el aeropuerto. Vamos con lo puesto y una bolsa de papel con un cepillo de dientes y una camiseta. Para los dos.

En la T4, conseguimos las tarjetas de embarque gracias a un amigo de un amigo que trabaja en Iberia, y corremos con los cascos en la mano hacia esa maldita puerta K que parece que está en otra provincia. En el control, el típico policía que cuando habla no te mira y por el que te entran ganas de quemar contenedores, nos dice que los cascos no entran. Pensando en lo difícil que debe ser secuestrar un avión a punta de casco de moto, corremos a dejarlos en la consigna y llegamos a la puerta de embarque en el último minuto. Sudamos pero tratamos de mantener el tipo, ese que hay que mantener cuando ganas un león, y más cuando en la puerta de embarque coincidimos con gente de Shackleton. Todos van con maletines y bolsas de viaje. Miguel y yo, con una bolsa de papel, como si viviéramos en un apartamento en La Croissette.

El caso es que llegamos. De puro milagro, pero llegamos. Pasamos por el hotel y corriendo al Palais. Que es bastante feo, qué quieren que les diga. En España tenemos edificios bastante más chulos. El Kursaal o el Palacio de Congresos de Valencia, por ejemplo, le dan mil vueltas. Como la taquilla ya está cerrada, tratamos de colarnos. Con buenas palabras, porque aquí el “colega pásame una pulserita” no vale. Miguel habla francés y yo inglés (Dios, Miguel, tú y yo podríamos recorrer el mundo), así que le decimos a la estirada madame de la puerta que hemos ganado un argent/silver para que nos deje pasar. La señora se escandaliza (qué quieren que les vuelva a decir, las señoras de la puerta españolas son infinitamente más simpáticas y cariñosas) porque sepamos los premios antes de la ceremonia. Le explicamos que los rumores son así y que es imposible que los premios no se filtren (las platas y los bronces, claro está, porque a los de los oros les avisan y entran por la puerta lateral de los elegidos). La compadecemos por su ingenuidad y la invitamos a formar parte de la organización de El Sol, un festival en el que, como ya saben, los premios se conocen tres días antes. Como decía el Sr. Rafa Antón, vas el jueves todo ilusionado en coche hacia Sanse, hasta que te llaman y te entran ganas de dar la vuelta en Burgos.

Total, que la señora nos deja pasar. Nos sentamos donde podemos, muy discretos y sin hacer ruido. El presentador lleva esmoquin y la pantalla es muy grande y se ve bien, todo hay que decirlo. Comienza la ceremonia de Marketing Directo, PR y Promocional. La gente está peor educada que en España. Llegan tarde, hacen ruido y no piden disculpas cuando te tienes que levantar para que pasen. En fin.

Comienzan los premios. Hay ideas de puta madre y cosas más normalitas. Arrasa la idea de “El mejor trabajo del mundo” (¿no hizo algo parecido Double You para ING el año pasado, como bien dice el Sr. Ezequiel Treviño? Claro, si fuera al revés, nos faltaría tiempo para decir que lo han copiado). Vale, la idea es cojonuda, pero no me cabe la menor duda de que podía haberla tenido más de una agencia española. De hecho, una de ellas sería Shackleton, que sube tres veces al escenario, una de ellas como mejor agencia. Miguel y yo gritamos y les aplaudimos, orgullosos. Los portugueses de Leo Burnett Lisboa suben con un perro mogollón de veces, pero las dos ideas con las que ganan no son nada del otro mundo. Sobre todo, una de ellas, que va de ponerle firmas a los grafittis callejeros, como si fueran arte. Pues vale, pero te queda la impresión de que en España eso ya está hecho. A los de Clemenger BBDO les dan otro premio por un plato en el que hay impreso una ensalada. Una chorradita bien presentada. Están muy bien las ideas de Zuji Beans, comercializar botes de alubias con tomate muy baratos para que la gente pueda irse de vacaciones, Adidas, imprimir los nombres de miles de fans de los All Blacks en una camiseta usando nanotecnología (tengo que decir que parece trucho) y Dodge Journey, que iba de poner a disposición de cualquier pareja un Dodge y regalárselo al que demostrara haber concebido a su hijo dentro de él (me remito a lo mismo que Adidas). Buenas cosas, pero de verdad que nunca se te quita la impresión de que son ideas que se nos podían haber ocurrido en España. Los japoneses suben a recoger algún premio. Como no podía ser de otra manera, son muy modernos, pero la verdad es que yo miro a Miguel, que siempre va muy pintón, y pienso que si quisiera podría ser más moderno que ellos. Vamos, él y muchos de los que me encuentro todos los años en el Etxekalde. Aquí tampoco tenemos nada que envidiar.

La ceremonia acaba. Vamos a cenar. Confirmo de nuevo mi teoría. La cocina francesa está sobrevalorada. Se come bien, pero las mesas son pequeñas y te meten un clavo de cojones. En España, coño, las mesas son bien grandes, para que te entre el móvil, el tabaco, la copa de vino, la copa de Pacharán y el cortapuros. Y por menos de 20€ comes bien casi en cualquier sitio. Pero bueno, estamos de celebración.

Nos juntamos después con la gente de Vitruvio, con la intención de tomar una copa. Ahí, otra vez, los franceses nada. No te ponen casi hielo, sólo tienen ron blanco... un desastre. Nada, está claro que para ir de copas como Dios manda no hay que salir de España.

Nos vamos a una fiesta que organizan los holandeses en la playa. Claro, piensas en W+K o 180 y a ellos te los imaginas altos y a ellas cañones. Pues para nada. Una fiesta cutre con minis de plástico, holandesas borrachas que se caen al suelo y holandeses en pantalón corto y chanclas looking for a ver qué pillan. Constatas con verdadero orgullo que los españoles somos más resultones y hasta más altos, nos vestimos mejor y ya no te digo la maña que tenemos en organizar fiestas. Vamos, no me jodas, yo voy a una fiesta en España, me dan un mini de plástico y armo la de Dios.

No me enrollo más. Acabamos en el Martínez. Allí nos confirman que lo de busuu triunfó porque a los jurados belga, austriaco y alemán, entre otros, les hizo gracia y la empujaron. Benditos sean.

Demasiado tarde, Miguel y yo decidimos irnos del Martínez (en francés no se acentúa pero yo lo hago porque es un apellido español, coño) en taxi. El taxista, así como chaparrete a lo Sarkozy, es aún más maleducado que el típico taxista español. Acabamos discutiendo a gritos con él y con ganas de no pagarle, pero lo hacemos para que luego no vayan echando pestes de los españoles por ahí, que si la lían y tal.

Al día siguiente, vuelta a Madrid, que tenemos mogollón de trabajo.

Total, que así fueron esas 24 horas en Cannes. Un Festival que no es para tanto, de verdad. No por la calidad del trabajo, que es gordo, sino porque no tenemos nada que envidiar a nadie. Cualquiera de las ideas las podía haber tenido una agencia española. La campaña de Obama se premia porque apetece premiar a Obama y a su carisma. Es la misma moda que cuando en el Festival de Cannes (el de cine) de hace unos años se premió la peli anti-Bush de Michael Moore. Pero vamos, que le das Obama a la Rushmore y te hace un campañón de cojones.

Que no nos cieguen los apellidos de fuera. Aquí tenemos a gente con un talento inmenso y apellidos castizos lo suficientemente preparados para competir con cualquiera, por muy tailandés y exótico que sea. Que no nos puedan los complejos de inferioridad. Dale a DDB la posibilidad de rodar con Stink y Adam Berg y te hace mejor el Philips que ha ganado el gran premio de Film. ¿Por qué no? Ahí estamos con el Marketing Directo. Es cuestión de darle más a las ideas y superar los formatos. Contarlas bien y mimar los videos de presentación.

Es que ya está bien de complejos y de ay, qué malos somos. Cuando antes estaba constantemente comparando todo con lo español no es que me haya salido una vena españolista a lo Blas Piñar. Es que me apetece decir que tenemos mejores Palacios de Congresos, señoras de la puerta, modernos, restaurantes, copas, taxistas, hoteles y seguro que creativos. Es verdad que hay que ponerse y superar ideas caducas. En un Festival como el de Cannes (truchos, jurados amiguetes y categorías desquiciantes aparte, que dan para otro artículo) se premia que envíes muchas cosas buenas y, sobre todo, diferentes. Aproximaciones a la marca o al producto nuevas, originales. Lleva muchas y alguna pilla. Si no, os es muy muy rotundo o te la juegas a tener suerte.

No he hablado de qué ocurrió cuando en la ceremonia presentaron la plata que ganamos. Os dejo un pequeño video para que lo veáis pero, básicamente, Miguel gritó como si acabáramos de marcarles un gol: http://www.youtube.com/watch?v=XSw17y1nkFI

Los mismos goles que gritamos, coño, cuando les ganamos a todos ellos la Eurocopa. Y los mismo que vamos a gritar cuando les ganemos el Mundial. Porque sabemos cómo ganarles. A por ellos.

Pablo

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