Comidas de Navidad y comunicación interna

A la vuelta de la esquina se encuentran ya esas fechas singulares que, como cada año, nos abruman con su protocolo y los preparativos que requieren. Para algunos, son sinónimo de diversión y tiempo dedicado a la familia; para otros, un mero trámite pasajero que roza del límites de lo tedioso. Me refiero, como no, a la Navidad.

Desde hace un tiempo a esta parte, se ha ido forjando una tradición, cada vez más arraigada, en el ámbito corporativo y que va íntimamente ligada a esta época del año: la celebración de comidas o cenas de empresa para festejar la proximidad de los últimos días del calendario.

Estos encuentros parten, en algunos casos, de la iniciativa de los propios trabajadores, quienes se unen a título personal para pasar un momento de ocio con sus compañeros. En otras ocasiones, es la propia compañía la que organiza este encuentro para reunir en un mismo espacio a todos los empleados, que muchas veces están divididos en varios centros u organizados en turnos con horarios diferentes.

Es a este segundo supuesto al que aludiré en adelante. Expertos en comunicación interna aseguran que los encuentros informales entre dirección y trabajadores mejoran, por un lado, las relaciones entre ambas partes y, por otra, la satisfacción laboral de los empleados. Sergio Fernández López, en su libro Cómo gestionar la comunicación en organizaciones públicas y no lucrativas, afirma que “una buena comunicación interna debe ser capaz de explicar al equipo de su organización qué es lo que se quiere de ellos. Uno de los principales problemas que tienen las organizaciones es que sus miembros no saben muy bien cuáles son los objetivos de la misma ni qué es lo que la organización espera de ellos. Si éste es el caso, un pequeño cambio en este aspecto tendrá una gran repercusión en el funcionamiento de nuestra organización”.

Todos somos conscientes de que la actual situación económica que atraviesa España está afectando seriamente a las relaciones socio-laborales. La supervivencia de muchas empresas pende de un hilo y, por ende, también los puestos de trabajo que éstas generan. Las que logran mantenerse a flote están tratando de reducir, como es lógico, sus gastos anuales. Mientras que otras, las más afortunadas, han encontrado entre tanto pesimismo nuevas oportunidades de negocio y progresan adecuadamente.

En un contexto como éste, se entendería perfectamente que algunas compañías decidieran suspender el número de encuentros informales o jornadas de convivencia entre empleados, debido a los costes que éstos conllevan. Sin embargo, apostar por su continuidad será, sin duda, muy beneficioso para una corporación, porque son valorados muy positivamente por la plantilla. Los recortes en una empresa nunca deben ser sinónimo de dejadez en la comunicación con y entre sus empleados, todo lo contrario, por lo que también en este ámbito hay que reinventarse y gestionar los pocos recursos con los que se cuente de la manera más eficaz posible.

Hoy en día, las compañías cuentan, por norma general, con distintos canales de comunicación implantados dentro de la propia empresa: manual de bienvenida, intranet, newsletter, tablones informativos, buzón de sugerencias, etc.; que forman parte de la estrategia global de comunicación. Pero tan importante como estas herramientas es fomentar un buen ambiente laboral, a través de reuniones interpersonales o actividades de ocio promovidas por la empresa, puesto que favorecen que las relaciones profesionales fluyan de una manera más cómoda y natural. En este sentido, las comidas, meriendas o cenas de Navidad son las más populares y no se necesita en absoluto un gran desembolso monetario para hacerlas posible, pues hoy en día las alternativas son múltiples y variadas.

En la mayoría de los casos, si un trabajador se siente respetado y valorado en su puesto de trabajo y, al mismo tiempo, escuchado por sus superiores y por sus compañeros, será mucho más productivo para la empresa. Y aquí es donde juegan un papel importante dichos encuentros navideños, a veces, los únicos que se producen entre el conjunto de empleados de una compañía.

Si solo se dispone de una ocasión al año para charlar animosamente con los compañeros y miembros de la dirección es importante que ésta se aproveche para abordar las cuestiones de máximo interés para todos, con la ventaja de que, al tratarse de un encuentro informal, todo se conversa en un ambiente más relajado. Por otra parte, es fundamental que los compañeros se conozcan mejor entre sí, forjando la sensación de grupo que trabaja unido y por un objetivo compartido y, al mismo tiempo, potenciando el sentimiento de permanencia e identificación con el colectivo.

Resulta muy provechoso que estas sesiones se produzcan fuera del lugar habitual de trabajo, para que todos puedan desconectar la mente de sus funciones cotidianas, y que en ellas se ofrezca nueva información de interés común, reforzando la confianza depositada por la dirección en sus empleados. Lo ideal es que en ellas se muestre una visión real de la empresa, pero, en la medida de lo posible, resaltando los aspectos positivos que deriven de esa situación existente. Solo de este modo se conseguirá aumentar la motivación de los trabajadores, una de las claves básicas de la productividad en cualquier empresa.

Y es que un empleado contento trabaja mejor. Sobre todo si, en medio de tanta noticia catastrófica en los terrenos financiero o laboral, le acaban alegrando la Navidad, en lugar de inducirle a tener que pedir el aguinaldo.

Isabel Bermejo

http://www.grayling.es
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