Christian Bercerra CMO de Tako Away

El complejo caso de la censura en internet

Logan Paul y PewDiePie han sido los Youtubers que han desatado una serie de escándalos que a su vez han llevado a Youtube a tomar medidas que han sido sumamente criticadas. Claro que cualquier escándalo que involucre la libertad de expresión y el humor sarcástico tiene muchísimo contenido para hablar, pero por el bien de una solución objetiva, es importante primero analizar y comprender el lugar en donde estos mensajes se están difundiendo, pero YouTube nos queda corto para un análisis tan complejo, hablemos del internet.

El verdadero problema es que el espacio público en Internet no es público ni es un espacio. Pero ni los usuarios ni legisladores ni las empresas son conscientes de esto.

En internet, conoces a mucha gente, tienes muchas conversaciones con extraños y terminas en lugares donde parece que cualquiera puede tener acceso, por lo que sería comprensible si pensaras en Internet como un lugar público, pero ¿es así? , ¿Internet es un lugar público?

Antes de hablar sobre lo público, primero debemos hablar sobre la ubicación.

Cuando piensas en el internet, lo concibes como un conjunto de ubicaciones recorridas. Y claro, tiene sentido ya que lo que está en la parte superior de su navegador se llama barra de ubicación, ahí ingresas ingresa direcciones, y va a sitios web. Pero incluso si vas a Instagram, que está en California, sus servidores funcionan con la nube privada de Amazon están en “Virginia” y el contenido al que sirven está dondequiera que la gente lo esté mirando, en todo el mundo.

Pero, está bien, quizás sea demasiado complicado. ¿Qué tal un sitio web más pequeño, como lowpoint.com? Una disquera independiente que está en Londres, pero su sitio web está en Bandcamp, que se encuentra en 'San Francisco, Montreal, Los Ángeles, el noroeste del Pacífico, Carolina, Pittsburg, Vermont, las Islas Británicas y Berlín. Aunque son una empresa de California. ¡Es complicado!

Entonces, si Internet es un lugar, exhibe lugares de forma distinta que los lugares físicos, un solo lugar en internet puede ser notablemente diferente para diferentes personas e incluso para la misma persona en diferentes momentos. Ir a esos sitios de internet es diferente a ir a los físicos, podemos estar en más de un lugar al mismo tiempo, movernos entre ellos sin esfuerzo, ninguna de esas cosas es tan fácil cuando arrastramos esta gran cosa carnosa llamada cuerpo.

Pero vamos a ser explícitos, el Internet no es una ubicación, es un conjunto de operaciones tecnológicas de las cuales surgen servicios, productos e incluso paisajes que realmente se ven como lugares reales como en los videojuegos. Por lo tanto, es tentador y fácil pensar en ti mismo como si “estuvieras” en Instagram, Facebook o Lowpoint, participando o actuando como si fuera una sucursal bancaria, una biblioteca o el supermercado.

Internet no es un lugar, es un proceso que funciona como un lugar. Lo que nos lleva ahora a hablar de la ubicación a lo público.

Si internet funciona como un lugar, incluso si no es uno, ¿como qué tipo de lugar funciona? ¿Uno público? Pues si, o no.

Muchos servicios de internet, especialmente las redes sociales, son espacios sociales o espacios de reunión, pero no son públicos, no están vacíos ni son propiedad de la comunidad o del gobierno y están abiertos a todos.

Una gran mayoría son de propiedad privada. Es comprensible que algunas personas se encuentren confundidas con éste concepto, pero en la medida en que los sitios web y las aplicaciones son espacios privados, existen requisitos para el acceso y, a menudo, están restringidos por todo tipo de razones.

Dichas características son el opuesto exacto y categórico del espacio público, pero, - y esto es un gran pero - a mediados o finales del siglo XX, hubo una especie de reconocimiento y lamentación de que los ciudadanos, especialmente en Occidente, se volvieron más privados y no usaban los espacios públicos físicos como solían hacerlo para reunirse y conocer a otros ciudadanos, como resultado, una línea de pensamiento decía que de hecho la democracia en realidad sufrió. La culpable solía ser la ahora moribunda televisión.

Al no reunirse en público para debatir, demostrar y defender ideas significaba que la dinámica cívica de la sociedad sería distante e “inhumana”.

Podría decirse que internet, entre otras cosas, cambió eso, reintrodujo la discusión pública al público.

Sin embargo, internet es pésimo (o muy mejorable) para debatir puntos sensibles ya que, y aunque esos lugares pueden ser privados, a menudo funcionan como lugares públicos, y decir que esto puede hacer que esos lugares sean tensos es un poco infravalorado.

El análogo físico más cercano que tenemos para esta tensión público-privada es el centro comercial.

Con el crecimiento de la cultura consumista y el automóvil, el centro comercial reemplazó la plaza de la ciudad de alguna manera, se convirtió en un centro social, comercial y comunitario, excepto que los centros comerciales son propiedad de compañías privadas, lo que genera cierta rareza.

En 1968, un pequeño grupo de personas repartía boletines, protestando por a Guerra de Vietnam en el Lloyd Center en Portland, Oregon. El centro comercial obligó al grupo a abandonar las instalaciones y el grupo presentó una demanda diciendo que su derecho a la libertad de expresión había sido violado. El Tribunal Supremo determinó que, dado que el centro comercial era de propiedad privada y no se impidió que el grupo distribuyera sus boletines en terrenos públicos cercanos, no se violaron en realidad los derechos.

Y nuevamente en 1980, una situación similar pero más compleja surgió en California; un pequeño grupo recolectó firmas para una petición y se le pidió abandonar el Centro Pruneyard y entabló una demanda, la Corte Suprema falló esta vez a favor de los peticionarios y no del centro comercial, debido a que la Constitución de California afirma específicamente el derecho a la libertad de expresión, lo que significa que bajo la Primera Enmienda federal, no hay derecho implícito a la libertad de expresión en un centro comercial privado. Pero según la ley de California específicamente, a veces la hay, incluso en lugares privados.

Bueno, estas cosas son importantes por dos razones, la primera es que los centros comerciales han pavimentado el camino para la forma en que tratamos la libertad de expresión en línea. Solo para nombrar un caso entre muchos.

Solo para nombrar un caso entre muchos. En 2006, el Tribunal de Delaware de los Estados Unidos dictaminó que Google, como entidad privada y actor no estatal, no está obligada a publicar anuncios presentados por clientes y que al negarse a hacerlo no infringen ningún derecho. Y nuevamente, dichos ejemplos son importantes porque los casos presentados en EEUU en gran medida influyen el desarrollo de las normativas legales en el resto del mundo.

Pero decir lo que sea, siempre y cuando sea legal, no es como funciona la sociedad en espacios públicos. En una plaza serías víctima de miradas incómodas, de gente agrediéndote o incluso de una llamada de atención de la policía si estuvieras diciendo cosas obsenas o que molesten al resto de los ciudadanos presentes.

El trabajo que involucre la libertad de expresión en el internet debe ser tratado con mucho cuidado y con una metodología racional y práctica, en términos que todos puedan entender, para que podamos llegar a tener un ecosistema libre, pero seguro, entretenido pero retador. Tenemos grandes ejemplos de países que han optado por la censura y la represión de esta maravillosa invención y lo más probable es que - como todo grupo de personas que evade la tecnología o revoluciones globales - esto tenga un importante impacto negativo en dichas sociedades.

Te recomendamos

Energy Sistem

School

Podcast

BTMB18

Compartir