Con Pablo Herreros: pide a los anunciantes que retiren su publicidad de Telecinco

Telecinco filtra a El País la presentación de una querella por supuestos delitos de amenazas y coacciones contra Pablo Herreros por los sucesos que tuvieron lugar a finales del año pasado y que, tras el que posiblemente pueda calificarse como uno de los peores ejemplos de gestión de crisis de la historia, terminaron con la cancelación de La Noria. Si quieres un relato completo de la historia narrado por el propio Pablo, tienesesta presentación que publicó en su blog al cumplirse un año del caso.

La decisión de encausar a Pablo es lo peor que Telecinco podía haber hecho. Soy completamente incapaz de entender las absurdas razones de la cadena para reactivar un caso que ya estaba prácticamente cerrado en la memoria colectiva de los espectadores. Me encantaría conocer al iluminado que tomó la decisión de presentar una querella alucinante y mal planteada, en la que se reclaman penas económicas y de cárcel completamente demenciales, y que supone tan solo una manera de arremeter contra una persona que está representando a muchísimas más. Pablo es simplemente el mensajero, la persona que tomó la decisión de moverse primero, de tomarse el trabajo de apuntar las marcas que se habían anunciado en el desgraciado episodio de La Noria, y de escribir la petición que dio lugar al movimiento. Lo único que pretende Telecinco con su querella es elevar las barreras de entrada a quien quiera plantear una protesta o actuación contra ellos: una querella de este tipo obliga a quien la recibe a gastarse dinero en abogados y procuradores, y a perder tranquilidad mental. Las pérdidas económicas en las que Telecinco incurrió son tan solo responsabilidad de Telecinco, por renunciar a entender las razones que había detrás del movimiento y empeñarse en turbias conspiraciones instigadas por supuestos competidores que existían únicamente en su imaginación.

Conozco bien a Pablo Herreros, desde hace ya bastante tiempo: es una persona de principios, recto y cabal, incapaz de plantear ningún tipo de conspiración tan rocambolesca como la que planteaba Telecinco, y que ya había reaccionado anteriormente ante temas similares que también nos indignaron a muchos. Sin embargo, he utilizado en muchas ocasiones ya en mis clases el caso La Noria documentado a partir de los hechos, y en varias ocasiones me he encontrado en el aula con alumnos procedentes de Telecinco: todos ellos parecían haberse tragado la absurda “teoría de la conspiración”, y aseguraban sin conocer a Pablo de nada que estaba en la nómina de Antena 3 y que la cadena rival estaba detrás de los hechos. Esa conspiración, además de completamente absurda, es FALSA. Solo existe en la imaginación de Telecinco, y es además un insulto a la inteligencia de todos los que apoyamos la petición de Pablo: para Telecinco, somos una panda de idiotas manipulados. Desconocen completamente el principio que afirma que se puede engañar a unos pocos durante mucho tiempo, o a muchos durante poco tiempo, pero nunca a todos, todo el tiempo. La absurda conspiración no aparece porque sencillamente NO EXISTE.

La demanda de Telecinco tiene un nombre en la legislación anglosajona, nombre que me suena mucho en lo personal: es claramente un caso de SLAPP, Strategic Lawsuit Against Public Participation, o “pleito estratégico contra la participación pública”, denominado por algunos “Spurious Litigation Against Public Participation“,  y muy parecido al que Promusicae intentó utilizar contra mí y que perdió en primera instancia. Lo único que se pretende es elevar las barreras de entrada percibidas para quienes protestan, que a partir del pleito se plantean qué pasa si, por el hecho de protestar, se encuentran con una acción similar. Son acciones largas, destinadas a agotar al denunciado, que suelen ser apeladas, y que se prueban claramente con hechos como el que me ocurrió en mi juicio: tras haberme citado a declarar y, por tanto, obligarme a aparecer ante el juez (en mi caso pensaba acudir de todas maneras… era la primera vez que alguien me denunciaba y tenía curiosidad por ver cómo se desarrollaba aquello), renunciaron directamente a hacerme preguntas. Tras perder, y no solo perder, sino hacerlo con un alegato del ministerio fiscal mucho más duro con ellos que el de mi propio abogado, apelan a la siguiente instancia, lo que te lleva a tener que gastarte más dinero en abogados y procuradores. And so on, and so forth, que diría un angloparlante… Sin ninguna duda, Pablo tendrá que prepararse, aunque gane, para un tratamiento similar. Entiendo perfectamente cómo se siente.

Lo que nos jugamos aquí es importante. Ya no se trata de lo que una cadena decida hacer con sus contenidos o de cómo muestre su escasa catadura moral pagando a delincuentes convictos para que acudan a un programa… se trata de defender a un Pablo Herreros que protestó contra aquello y que, por haberlo hecho, se encuentra ahora en una situación que francamente, no le deseo a nadie. Ahora es el momento de pedir a los anunciantes que abandonen en bloque Telecinco hasta que la compañía retire su querella contra Pablo. Es el momento de firmar la petición en Change.org, de mostrar la fuerza que podemos llegar a tener como colectivo, de presionar a los anunciantes en Twitter y en sus muros de Facebook. Haz lo mismo que Pablo hizo en su momento: pon Telecinco con tu ordenador o teléfono móvil cerca, y por cada anuncio que veas, envía una protesta al anunciante correspondiente. Que cada anuncio que veas en Telecinco se convierta en una petición para que esa marca le retire su publicidad. Es una batalla complicada, pero debemos estar ahí.

ACTUALIZACIÓN: La iniciativa en Change.org que pide a las marcas que retiren su publicidad de Telecinco hasta que la cadena retire su querella contra Pablo supera las sesenta mil firmas en menos de veinticuatro horas. Vía: El blog de Enrique Dans

enriquedans

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