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Isabel Peláez Marketing Manager de Brandwatch

Consumidores que quieren desconectar (y por qué las marcas deberían respetarlo)

DesconectarSoy demasiado humanista (y muy poco ingenua) para pensar que la tecnología es algo imprescindible hoy en día. Hace nuestra vida más fácil, sin duda, pero no es algo que necesitemos para ser felices. Lo entiendo mejor cuando mi madre me cuenta historias sobre su infancia analógica. Con un barco de papel podías surcar los mares; con un poco de espuma, construir cielos de nubes infinitas.

Sin smartphone había más comunicación y se ponía más atención a las historias que contaban los mayores. Los juegos de niños sucedían en la calle (odio cuando a mis sobrinos les absorbe la tablet), y la imaginación surgía poderosa cuando los bienes materiales no eran tan importantes para hacer felices a las personas.

Pero no es cuestión de ponernos nostálgicos.

Internet ha sido, bajo mi punto de vista, el invento más revolucionario que ha realizado el ser humano. Supone un conocimiento inabarcable y accesible para (casi) todos. Un sueño para el hombre filósofo y una pesadilla para aquellos temerosos de que la gente sepa, de que la gente piense.

Los datos, una vez más, vienen a confirmarme que este cruce de sentimientos encontrados con respecto a la tecnología no es solo cosa mía.

El último informe sobre “Tecnología y Consumidores en 2020” que hemos publicado en Brandwatch, y que combina fuentes de datos clave para conocer cómo está cambiando la relación entre las personas y los dispositivos digitales (desde televisores hasta móviles, pasando por ordenadores o videoconsolas), viene a confirmar que la gente se siente más dependiente, pero también más saturada.

Necesidad de desconexión e impacto ambiental, dos insights clave

Algunos de los datos incluidos en el informe provienen de encuestas móviles que hemos llevado a cabo en España, México, Francia, Reino Unido, EE.UU. y otros países; aunque un 20% de los encuestados han admitido que la tecnología se ha vuelto mucho más importante para ellos desde que se inició la crisis de la Covid-19, un 14% quieren reducir sustancialmente su uso. Esta cifra se eleva al 18% en personas con edades comprendidas entre los 18 y los 35 años.

Es decir, los jóvenes sentimos un mayor deseo de desconexión. ¿Estamos saturados? Si hablo por mí, desde luego. Cada vez me cuesta más centrar mi atención y he decidido eliminar las apps de redes sociales de mi móvil para invertir más tiempo en leer, estudiar algo diferente cada día o en, simplemente, cenar con mi compañero de piso en silencio, sin hacer nada. “A veces lo mejor que puedes hacer es no hacer nada” como nuevo lema de vida, sí.

Se trata de hacer un uso más inteligente de la tecnología, y más ético. De hecho, otro insight de este informe sobre “Tecnología y Consumidores” que me ha llamado la atención es el siguiente: El 16% de todos los encuestados a nivel global están preocupados por el impacto medioambiental de la tecnología que utilizan.

Que nuestra forma de consumir tiene un impacto en la vida de muchas personas y en el medio que nos rodea es algo que condiciona cada vez más nuestras decisiones de compra. Este estudio, por ejemplo, arroja que el 58% de los consumidores aseguran que estarían dispuestos a pagar más o a elegir una marca con un comportamiento ético frente a otras similares.

Por eso, conocer estas motivaciones y preocupaciones de los consumidores de tecnología a través de los datos puede servir a las marcas para crear productos más empáticos con los deseos de las personas.

Y no solo productos. También campañas, acciones y mensajes que respiren unos valores reconocibles para el público de esas marcas. Todo nos cansa, y la única forma que tienen las empresas de revertir esta tendencia a la desidia es, precisamente, conocer mejor a las personas que las siguen.

El teletrabajo, ¿hasta dónde deberían costear las empresas? 

“Qué suerte tienes de trabajar desde casa”, oigo frecuentemente a amigos y familiares. Con la crisis que tenemos encima, yo lo dejaría en “qué suerte tienes de trabajar”, a secas. Es triste y, por eso mismo, no me voy a quejar aquí de nada.

Independientemente de que dar gracias por trabajar no debería ser un consuelo en un mundo que presume de ser moderno, tecnológico y desarrollado (hablo solo del nuestro, claro, de la parte “buena” del mundo), sí que creo que, ya que tenemos que darlas, tiene sentido que no sea a cualquier precio.

Las empresas deben -sí, del verbo deber- hacer un esfuerzo extra para que sus empleados estén lo más confortables posible con la generalización del trabajo en remoto. Primero, porque las circunstancias personales y sociales ya son bastante duras y, segundo, porque la comodidad de los empleados y su felicidad siempre redunda en positivo para las empresas.

El 48% de los encuestados para este informe sobre consumidores y tecnología, que integra también datos procedentes de sitios de reseñas para saber qué funcionalidades aprecian más las personas en los dispositivos tecnológicos, piensan igualmente que las empresas deberían pagar para que sus empleados dispongan, al menos, de una conexión a internet fiable.

Imaginad lo importante que es esto cuando tienes a 400 personas pendientes de ti en un evento online que gestionas desde tu casa. Son tantos los factores extraordinarios de los que tienes que estar pendiente -pijamas que no sean visibles o niños que no interrumpan, por ejemplo- que la tecnología (pantalla, internet, etc.) debería ser una garantía casi absoluta para desempeñar el trabajo con una cierta profesionalidad.

Empatía, esa es la clave

Las empresas y las marcas tienen que ser, sin duda, más empáticas que nunca en este tiempo loco en el que vivir el día a día se ha convertido en la forma más práctica de supervivencia.

Por eso, conocer a los consumidores va a ser clave para ofrecer ideas, productos y servicios de valor que no generen más ruido inútil.

Y para eso tenemos los datos. El digital consumer intelligence es la clave para estar cerca en un momento muy específico como este. Incluso para comprender que, a veces, la gente simplemente quiere desconectar, y hasta eso hay que respetarlo y entenderlo.

Isabel Peláez, Marketing Manager de Brandwatch

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