Creatividad e innovación para emprendedores - Bertrand Regader

CreatividadEmpezaré este post con una obviedad: no todos somos buenos en las mismas cosas. Cada persona es única y todos poseemos ciertas habilidades y competencias; ciertos defectos y virtudes que definen nuestra personalidad, nuestro carácter y nuestros objetivos en la vida. Sin embargo, creo que sí existe un factor universal que influye en la posibilidad de tirar para adelante los proyectos personales. Se trata de un elemento que puede cobrar infinidad de formas pero que se rige por los mismos principios.

Algo que desafía toda definición y cuya búsqueda implica, muchas veces, gran cantidad de esfuerzos, tiempo y recursos, si es que el tren de vida en el que uno vive dificulta su desarrollo. Se trata del impulso creativo.

Talento y creatividad como bases necesarias (pero no suficientes) para emprender

El impulso creativo establece una paradoja de la que, curiosamente, podemos salir beneficiados. Por un lado, puede materializarse en infinidad de proyectos, siendo estos individuales, íntimos y personales, o comunitarios y muy ambiciosos. Por el otro, existe en él algo que permanece siempre estable. Es sobre este segundo aspecto del impulso creativo sobre el que hablaré, ya que es un punto de partida del que todos podemos partir; en otras palabras, un primer ladrillo sobre el que edificar cualquier tipo de estructura, responda a los objetivos a los que responda.

El impulso creativo no es algo con lo que se nace, sino que lo vamos desarrollando (o no) dependiendo de muchas variables personales y sociales. Todos tenemos ideas buenas que podrían cambiar la vida de muchas personas, lo que pasa es que solo una pequeña minoría encuentran la manera de creer firmemente en su talento para llevar a cabo un proyecto. En algunos casos, aquellas ideas brillantes que podrían suponer el inicio de una buena iniciativa son desechadas porque el contexto no acompaña. Desde luego, es imprescindible hacer un balance de las potenciales pérdidas y ganancias antes de ponerse manos a la obra, pero hay que tener en cuenta que el simple hecho de hacer esto tiene un efecto sobre nuestra manera de pensar: tiende a domesticar nuestra creatividad.

Conviene reconocer este hecho para evitar que los embates del pensamiento lógico-analítico mate de raíz cualquier idea original. Al ver que las primeras “ideas descabelladas” no arraigan, seremos muy propensos a hacer pasar nuestras ideas por los derroteros del pensamiento convencional, aportado automáticamente por nuestros hábitos y por la cultura en la que estamos inmersos.

La importancia de salir de la zona de confort

Por eso es importante forzarse, si hace falta, a explorar ideas que van más allá de lo típico, y hacerlo incluso cuando el cuerpo nos pide mantenernos en la zona de confort. Mirar géneros de cine que considerábamos alienígenas, leer a los autores cuya cosmovisión dista más de la nuestra, e incluso realizar tareas físicas que jamás asociaríamos con nuestra personalidad. Todo ello para alimentar el impulso creativo, que toma ingredientes de todo tipo de experiencias para dar a luz un producto único. Sólo así se descubren nichos de mercado nuevos y océanos azules inexplorados por la competencia.

Pero, claro está, la cosa no queda en tener una idea novedosa y estimar que puede ser positiva desarrollarla. Hace falta mantenerse fiel a ella, y para ello es necesario creer en lo que sea hace. Desde el principio.

Confianza y persistencia

En cuanto al talento creativo, poco hay que decir. Los niños y niñas que todavía cursan primaria e incluso los adolescentes de secundaria son capaces de crear inventos e ingenios que resuelven problemas cotidianos de la sociedad. Año tras año, los distintos concursos de emprendeduría nacionales rebosan de talento y creatividad de estos pequeños que, a pesar de no tener mucha experiencia a sus espaldas, son capaces de crear.

Y es que, precisamente, los niños y los adolescentes cuentan con algunas virtudes que les hacen más proclives a poder transformar las cosas y a innovar. Por contra, los adultos estamos tremendamente condicionados a pensar en el corto plazo (¿qué haré hoy en el trabajo?, ¿conservaré mi puesto?, ¿qué ropa me pongo?) y mostramos una limitación importante a la hora de pensar en el futuro. El mundo libre y la imaginación de los pequeños de la casa les permite pensar y reflexionar sobre cosas que a los adultos nos pasan desapercibidas.

Retomar la senda del pensamiento infantil implica saber que las convenciones no son algo bueno en sí mismo, sino que responden a un fin que puede interesarnos o no. Creo que esta es la filosofía que debería guiar el talante emprendedor.

Aprendamos de los niños a la hora de innovar

Pero no todo está perdido. Existe la posibilidad de volver a conectar con nuestro niño interior, aquel que concibe cosas y crea pensamientos únicos y útiles. En este sentido, otro aspecto interesante de la creatividad infantil es que no se ciñe a ciertos parámetros adultos, como por ejemplo la limitación de las prisas.

Por eso es importante que las start-ups y demás proyectos emprendedores estén basados, por lo menos en gran medida, en grandes dosis de motivación intrínseca. Cuando amamos lo que hacemos, es más probable que nos entreguemos en cuerpo y alma al proyecto, en plena conexión con nuestra necesidad de expresar nuestro mundo interior y desarrollando nuestra inteligencia emocional. Solo si nos sentimos motivados de forma genuina podremos tener la paciencia necesaria para iniciar un proceso creativo que pueda cristalizarse en una empresa viable.

Además, será mucho más fácil que seas capaz de innovar tu producto o servicio si lo conoces profundamente y, por qué no decirlo, le tienes “un cariño especial”. Algunos genios solían afirmar que sus obras nunca estaban realmente finalizadas, porque vivían en un proceso constante de revisión. Este perfeccionismo no surge por casualidad, sino por el imperativo personal de sentir que ese proyecto forma parte de ti. Y es en ese momento en que das lo mejor de ti mismo.

Algunos conceptos clave en la emprendeduría creativa

Os propongo algunos conceptos e ideas recurrentes cuando se habla del binomio creatividad e innovación relacionado con la puesta en práctica de las ideas empresariales.

Estar familiarizado con estos términos empezará a influir positivamente en reflexionar sobre la realidad bajo un nuevo prisma.

  • Background y recursos. Detecta cuáles son tus habilidades personales (destrezas, carácter, tipo de inteligencia…) y conoce qué recursos tienes disponibles a la hora de empezar a concretar tu idea.
  • Proceso creativo. Cambia el prisma “adulto” con el que sueles pensar la realidad y empieza a ver las cosas de una forma distinta. El proceso creativo requiere de una actitud permeable y proactiva ante la vida.
  • Reto creativo. Tienes una idea para solucionar o mejorar una necesidad social. Pero esto no es todo: tendrás que sobreponerte a una serie de barreras reales e imaginarias si quieres que tu idea se materialice y funcione.
  • Valorización de las ideas. Enumera, clasifica y selecciona aquellas ideas que hayas ido creando durante los distintos pasos de llevada a la práctica de tu idea. Trata de comprender hasta qué punto son importantes y establece una jerarquía entre ellas.
  • Desarrollo creativo. Materializa las ideas principales y conviértelas en algo digno de ser presentado en público. No eres emprendedor hasta que no tienes un modelo de negocio concreto que otras personas puedan observar y analizar.

Listos para emprender creativamente

En definitiva, la creatividad es un valor capital a la hora de crear una empresa. Si nos paramos a pensar en productos o servicios que tengan una aceptación global, veremos que hay distintas claves en común.

Todos estos productos o servicios han surgido a partir del estímulo de satisfacer una necesidad de la sociedad. Pero, desde luego, cada empresa ha buscado formas distintas de lograrlo: no solo en términos de cuál es el producto final que cada una de ellas ha creado, sino también por los distintos valores encerrados detrás de cada pequeña, mediana o gran empresa. De ahí la importancia de la creatividad, encargada de vehicular los distintos aspectos que harán que una idea peregrina pueda convertirse en algo tangible.

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