Álvaro Rebollo Ena Digital Marketing, CRM & Music Streaming Expert

¿De verdad le importa una mierda la calidad a alguien?

calidad

En realidad, creo que no. O al menos no, en general. Aunque a mí sí. Me explico…

Hace unas pocas semanas que está disponible para los suscriptores HiFi de la plataforma de streaming TIDAL (entre los que me encuentro) el nuevo sistema de sonido “360 Reality Audio”.

Éste es un sistema de sonido desarrollado por Sony, y al que se han unido otras discográficas que, con una escucha con auriculares, promete una experiencia inmersiva. Por el momento hay pocos álbumes disponibles con esta tecnología. He probado algunos de ellos, y ciertamente la sensación es que "estás rodeado por la música". Es una sensación extraña, dado que habitualmente, cuando escuchamos algo "en directo", "en vivo", la fuente de sonido está situada en algún sitio (por ejemplo el escenario), y lo escuchamos en estéreo (con nuestros dos oídos). Pero pasado el "shock" inicial, la verdad es que es un gustazo sentirse rodeado por Nina Simone, en medio de su banda, susurrándote al oído el "Suzanne" de Leonard Cohen.

Sin embargo me sorprende que las compañías no se hayan decidido a hacer algo similar con el 5.1. Yo, como buen audiófilo que soy, tengo un equipo bastante digno en casa (no sólo para el disfrute del cine, sino para la música), y escuchar (y ver) a Kraftwerk repasando sus grandes éxitos en el recopilatorio en Blu-Ray "The Catalogue" es una pasada. Por eso, y para tratar de replicar esta experiencia sin necesidad de estar atado a unos incómodos auriculares, ¿por qué no hacer algo similar para los sistemas 5.1?

Claro que, para eso, y dado que el mundo es muy antiguo, y la historia se suele repetir, deberíamos retrotraernos a los años 60/70, y pensar por qué los intentos con el sistema "cuadrafónico" de bandas como Pink Floyd fracasaron estrepitosamente. Y es que, como comentaba antes, lo natural es que escuchemos el sonido proveniente de una fuente. De hecho, y con el caso de Nina Simone del que escribía antes, hay veces que resulta raro escuchar cómo no se queda quieta, y no para de moverse a tu alrededor. Por eso, el "cuadrafónico" (o ahora el 5.1) puede resultar adecuado para la música de un grupo como Kraftwerk (electrónico) pero quizá no tenga demasiado encaje con la de artistas como Bruce Springsteen o Neil Young.

TIDAL ofrece esta tecnología a los suscriptores HiFi, como indicaba antes. Suscriptores que pagamos el doble (19,99€ al mes concretamente) de lo que cuesta una suscripción mensual a servicios como Spotify, Deezer o Apple Music para disfrutar de una calidad de audio superior, e incluso, en ciertos casos, de la increíble calidad "Master", disponible en algunos álbumes, mucho más alta que la de un vulgar CD, y que se asemeja a la calidad de salida del estudio original (o también llamada FLAC, o "sin pérdidas")

Y aquí es donde me ratifico en que la calidad le importa una mierda a la gente. Y es que, entre mis muchos amigos y colegas "musiqueros" (como a los amantes de la música nos gusta denominarnos) no conozco a mucha gente (en realidad, a nadie) que pague esa cantidad por acceder a esa calidad.

Pero esto es algo que detecto que ocurre también en otras áreas. Por ejemplo, no creo que exagere cuando indique que la gente está (mucho) más preocupada por el tamaño de su televisor que por la calidad del mismo. La tecnología OLED sigue siendo incomparable, pero el personal parece decantarse por más pulgadas aunque sean en LED (o QLED como mucho)

Qué se le va a hacer. Otro ejemplo más: Yo equipé ese sistema en casa que comentaba antes con un potente reproductor de Blu-Ray 4K HD, aunque ya sabía en el momento de la compra que estaba haciéndome con una pieza de coleccionismo, con un formato que estaba muerto desde el mismo momento en el que llegaba a la calle.

Su calidad es brutal (cuando se dispone de un buen sistema para apreciarla, además de unos buenos ojos y oídos, claro) pero, sin embargo, es bastante habitual ver cómo los nuevos lanzamientos de las productoras no se editan siquiera en este formato.

Parece que a la gente le basta con la calidad que ofrece el Blu-Ray normal (o incluso el DVD "hinchado" de alguna forma en sus grandes televisores)… o, es más, la oferta a la que tienen acceso a través de servicios de suscripción como Netflix, HBO, o Movistar.

Un par de incisos aquí

Por un lado, ¿cómo es que Movistar, que se vanagloria de ser una de las empresas más avanzadas tecnológicamente de nuestro país, y que no deja de hacer anuncios últimamente sobre el Big Data, no mejora el interfaz y las prestaciones de su decodificador? Con un servicio estándar como el que ofrecen (que da acceso a todas las grabaciones de los últimos siete días de infinidad de canales) podrían ofrecer un servicio mucho más potente que el ansiado (en su momento) TiVo. Seguramente haya alguna cuestión legal o comercial que se me escape, porque si no, de verdad que no lo entiendo.

Y por otro, lo bueno de contar también con un reproductor de formatos físicos, como el Blu-Ray 4K HD del que escribía antes, es que siempre tendrás acceso a esos contenidos (cuales libros de papel en sus anaqueles), y que esos siempre serán así, inalterables. De hecho, las 'pobres' películas ya han tenido que sufrir alteraciones sin su consentimiento, como la moda que atravesaron los clásicos de blanco y negro, y a los que se les coloreaba (tremendamente en muchos casos); o los filmes que se reeditaban posteriormente en versiones diferentes (habitualmente llamadas "Del director"). En algunos casos esas versiones mejoraban las anteriores, y en otras no. Yo, por ejemplo, prefería la versión original (con voz en off) del "Blade Runner" de Ridley Scott, aunque ciertamente la nueva (sin voz) tiene mucho más sentido al verla junto con su segunda parte ("Blade Runner 2049"). Curiosamente, en algunos casos encontrar las versiones "originales" es casi misión imposible (como ocurre, por ejemplo, con la ya citada de "Blade Runner"), pero al menos siempre quedará una versión "original" en algún sitio, que dé fe de un tiempo y comportamientos determinados. Me refiero a que, por ejemplo, las primeras películas de John Waters o Pedro Almodóvar pueden ser impensables ahora mismo, pero por lo menos están ahí como testimonio de lo que fueron los años 80 (en ciertos sectores). Me asusta pensar a lo que puede llevarnos depender de que las obras no tengan un soporte físico, y que sean propiedad de las plataformas. El caso de Netflix modificando el final de su popular serie "Por trece razones" tan sólo dos años después de su estreno debido a las críticas recibidas me intranquiliza. ¿Acaso nos podemos imaginar que "Mogambo", "El nacimiento de una nación" o "Lolita" no hubieran llegado hasta nosotros de la forma en las que fueron creadas?

Fin del inciso, retomo el tema que da título a este artículo, y concluyo. Creo que queda suficientemente claro que a la gente parece que le importa ciertamente una mierda la calidad. Aunque ojalá me equivoque, no sea así, y seamos muchos a los que sí que nos importe. Y por otra parte, aún a riesgo de equivocarme, y por todo lo que he comentado aquí, creo que el "360 Reality Audio", la excusa para escribir estas líneas, es un puro "argumento de marketing", y que no va a tener ningún recorrido significativo (y eso que conste que a mí me ha gustado que me susurren). En cualquier caso, el tiempo dirá. Y es que, como bien decía Niels Bohr, "es difícil hacer predicciones… especialmente sobre el futuro".

Álvaro Rebollo Ena, Digital Marketing, CRM & Music Streaming Expert

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