El chisme de la convergencia en el sofá

Un iPhone para repantigarse en el sofá y consumir contenidos digitales. Hojear un ebook, un diario o actualizar Facebook o Twitter. Con música y sin el enanismo de la pantalla de un teléfono. Es el iPad: portátil, no móvil. Si no necesitas ordenador para trabajar es el aparato del ocio total. Apple diseña la convergencia: una pantalla de mano, con teclado virtual para las redes sociales y la ruta sencilla de sus aplicaciones para llegar a contenidos con un dedo.

El chisme es para los fanáticos del iPhone, los hiperconectados al ultraportátil y quienes esperan la puerta mágica de la multimedia, sin complicación, sin presión para participar. Es para ver y consumir. Pagas, pero todo está a un toque.

Steve Jobs defiende el gusto. La tecnología debe ser bella. En su equipo el marketing aviva el cerebro de los ingenieros. Y saben vivir. Con el iPhone acabó el aburrimiento en los móviles y el iPad quiere hacer sexy el ordenador, liberarlo del teclado y su molesto recuerdo a trabajo y texto.

Los lectores de libros digitales –muchos leen en el iPhone- son el primer test con el lanzamiento de iBookstore. En Amazon miran su Kindle como a una modosa ama de casa frente a este deseo que viste piel de tiburón.

Los medios lo ven como una máquina para fundir tarjetas de crédito. Confían en repetir el éxito de iTunes. Conseguir más porcentaje de los derechos -70% frente a 30%- y mejor precio que en Kindle. Pero la información está lejos del interfaz visual y táctil necesario. Muchos dudan de entregar su distribución a Apple cuando mucha gente paga por una de sus aplicaciones y poca por el contenido. Pero la innovación llega de fuera y aprieta.

Vía Periodistas 21

Juan Varela

http://www.periodistas21.com
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