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Carolo Valdivia Insights Analyst en Arena Madrid.

El comodín de las generaciones. Introducción (I)

Un comodín siempre sirve para salvar una mala partida o una mano poco favorable. De alguna manera, el concepto y la idea de generación como base argumentativa está siendo utilizada como un comodín para dar explicación a fenómenos complejos que, a partir de una sola variable, la edad en este caso, nos permite llegar a soluciones que enfocan la mayoría de las soluciones analíticas a la cuestión generacional

Cabe señalar que las generaciones no son exactamente un comodín sino una fábrica de éstos, pues cada cierto tiempo o según ciertos estudios, encontramos siempre nuevas generaciones a las que se denomina de una manera específica, cuanto más original mejor, hallando siempre soluciones sencillas basadas en las diferencias por grupos de edad, remarcado por el insight de haber descubierto una nueva generación. ¿Hasta qué punto acertamos al utilizar el enfoque generacional?

La pregunta que debemos hacernos, y la respuesta que obtengamos ante este contexto analítico, no es estar a favor o en contra de las generaciones en base a una pluralidad de anécdotas o de afirmaciones categóricas (mi hijo sí que es muy diferente, los jóvenes de hoy respetan menos que los de antes, etcétera), sino definir y entender qué es una generación, cómo se mide y si, a partir de esa medición, es una variable que permita explicar todo lo que se espera de ella.

Para ello, siendo éste un artículo introductorio al problema de las generaciones, vamos a fijar tres preguntas clave para desgranar y tener una mirada más afinada sobre este concepto, con el objetivo de generar un debate que aporte mayor rigor y, por ende, nos permita desarrollar mejores herramientas de medición para analizar y conocer mejor la realidad que nos rodea. Sin esta premisa, confundimos lo urgente -dar respuestas rápidas ante un mundo que despierta cada vez más interrogantes-, con lo importante -conocer verdaderamente la realidad para que las respuestas, aunque no sean tan rápidas, puedan dar soluciones más precisas-.

Lo primero, sería saber qué es una generación, cómo entendemos que aparece una nueva generación y cuál es la forma en que se mide dicha aparición. Este punto es clave, pues las generaciones no surgen por nacer en un año concreto y diferente al de los padres, sino por un momento histórico específico que marca un antes y un después a la hora de crecer y relacionarse con el mundo, de tal manera que las consecuencias de haber nacido en distintos momentos históricos, cambia las trayectorias vitales (profesión, nivel educativo, ingresos, valores, etcétera) respecto a los padres. El momento histórico y el cambio de trayectoria vital frente a otras generaciones es clave para determinar que hay dos generaciones diferentes. Pues, si hay cambios en el contexto, pero no afectan en las trayectorias vitales, el concepto de generaciones se quedará corto para explicar la realidad social.

El siguiente punto que tratar, sería uno de los mayores sesgos que inducen a atribuir a la generación lo que simplemente pertenece al ciclo vital de la juventud. Cuando obtenemos datos del consumo, actitud y valores de los jóvenes o también, cuando percibimos en el día a día una diferencia entre los más jóvenes y atribuimos a la diferencia generacional la brecha actitudinal y de valores que observamos. Sin embargo, como apuntan varios estudios, el último gran salto de valores en la sociedad española se produjo entre los baby boomers y sus padres. Porque cuando medimos y observamos a los jóvenes, perdemos el enfoque que, justo en esa época vital, la diferenciación respecto a los valores y actitudes del hogar es lo que marca dicho momento en lo que se denomina “tercera socialización”. Por ello, no debemos atribuir a las generaciones lo que simplemente es rebeldía juvenil.

Una vez sabidos todos los elementos que conforman la parte analítica, debemos resolver cuándo nació el comodín de las generaciones para solucionar el análisis de la realidad social. Para ello, explicaremos por qué la segunda guerra mundial, la revolución rusa y el miedo del gremio académico desarrolló un concepto que, si bien ha sido nutritivo para el conocimiento, su uso en exceso ha sobredimensionado su capacidad explicativa.

Carolo Valdivia, Insights Analyst en Arena Madrid.

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