Irene Montón Digital Innovation Creative Ymedia WINK

El futuro del entretenimiento se escribe con K

Si cuando digo “Oppa Gangnamstyle” te vienen recuerdos del baile de moda de 2012, es que ya has vivido el K-pop en tus propios pies. Este fenómeno es parte del Hallyu, o la ola coreana, que ha sido la causante de que Netflix haya incorporado K-dramas a su plataforma global o que nuestra rutina de lavado facial cuente con 10 pasos nuevos gracias al K-Beauty. Pero vamos paso a paso ¿qué es todo este fenómeno?

Para comprender bien cómo el Hallyu se ha abierto paso en nuestra sociedad, es necesario entender dos conceptos fundamentales: su cultura y su historia reciente.

Culturalmente Corea del Sur, al igual que muchos otros países asiáticos, se rige por el esfuerzo, la dedicación absoluta a la perfección y a la belleza en todo lo que se hace. Desde un simple pastel a su trabajo, todo se rige por estos principios. Desde hace relativamente poco, se ha añadido un nuevo concepto a esta lista: la mezcla entre lo antiguo y lo nuevo, que en cultura se traslada, muchas veces, a lo oriental con lo occidental. Con estos principios en mente, pasamos al segundo concepto, la historia.

Vamos a viajar a Corea del Sur en los años 80. Por aquel entonces, el país vivía los últimos coletazos de la posguerra y su producción cultural aún estaba bajo el control de la censura. Económicamente el país estaba en pleno crecimiento y comenzaron a nacer los grandes chaebols, o grandes conglomerados empresariales, que conocemos hoy en día como Kia, Hyundai, LG o Samsung. Hoy ya son algo más que un grupo de fábricas y han madurado como marcas para ser un estilo de vida para muchos jóvenes surcoreanos. Estos conglomerados, que en occidente sólo conocemos como fabricantes de coches o de productos electrónicos, en Corea del Sur lo controlan todo. Desde la vivienda hasta el transporte o la salud. Samsung, por ejemplo, posee hospitales, bloques residenciales e incluso centros de enseñanza.

Culturalmente, y debido a la censura, no fue hasta 1987, tras la liberalización de los medios, cuando la población surcoreana comenzó a escuchar y ver las primeras producciones extranjeras. Con un 99% de penetración, la televisión era el medio rey del consumo de contenidos musicales y cinematográficos, y fue precisamente en uno de estos programas musicales, donde nació lo que hoy conocemos como K-pop.

El 11 de abril de 1992 un grupo de chicos llamados Seo Taiji and Boys participaron en un concurso musical con su primer single “Nan Arayo (I Know)”, una canción que fusionaba pop estadounidense con ritmos coreanos y que, además, y por primera vez hablaba de los problemas que vivían los jóvenes en la sociedad del momento. Su participación en el concurso fue un fracaso absoluto, pero su canción permaneció 17 semanas en lo más alto de las listas surcoreanas. Había nacido el K-pop.

Tras su éxito arrollador, la industria no tardó en explotar el fenómeno y nacieron las agencias de entretenimiento, uno de los pilares más importantes de este fenómeno. Entre 1995 y 1998 nacieron las que hoy se conocen como las “Big 3”: SM Entertainment, JYP y YG, la última fundada por Yang Hyun-suk, uno de los miembros de Seo Taiji and Boys.  El año pasado, entre las tres facturaron un total de 27 millones de dólares.

Estas agencias, se dedican a crear ídolos a la coreana, es decir, aplicando sus pilares culturales de perfección y belleza y aprovechando el negocio al máximo como cualquier otro chaebol.

El K-pop, es mucho más que un género musical, es una nueva categoría de la industria del entretenimiento, que hasta ahora era desconocida para muchos. Cada grupo que producen estas agencias no sucede por casualidad, se trata de un proceso complejo que lleva años perfeccionar. Los ídolos del K-pop no saltan al estrellato, trabajan y se preparan para ello. Cada futuro ídolo, pasa por varios procesos de selección en su adolescencia y si resulta elegido por alguna agencia, pasará por unos años de lo que se conoce como training. Durante estos años, a veces hasta más de 5, los jóvenes ídolos entrenan sus habilidades de canto, baile y comunicación, hasta que la agencia decide presentarlos en su monumental perfección, belleza y coordinación.

Paralelamente a estos años de entrenamiento de los ídolos, las agencias trabajan sus planes de negocio para su nuevo producto. Las agencias, proyectan la carrera de sus ídolos con años de antelación y se apoyan para su lanzamiento en las comunidades de los grupos que han lanzado previamente, creando así un ecosistema perfecto de retroalimentación entre artistas, ya que, en Corea del Sur, pertenecer a una buena agencia es lo que determina el éxito, bueno al menos era así, hasta que llegó la gran ola que ha llevado el Hallyu a su máximo actual, BTS.

El grupo ha roto todos los esquemas conocidos hasta el momento para la industria, haciendo que el Hallyu llegue a todo el mundo. Su agencia ha sobrepasado a las “Big 3” en 2017 con una facturación de 22 millones de dólares, su último videoclip ha conseguido batir su propio récord Guinness con más de 45 millones de visualizaciones en menos de 24 horas (actualmente cuenta con más de 213M de visualizaciones) y su último concierto ha llenado el estadio City Field de Nueva York con 60K personas. Gracias a su música disruptiva con mensajes relevantes para los jóvenes se han convertido en un referente para millones alrededor del mundo, esto les ha llevado ser representantes del programa 2030 para jóvenes de la ONU o convertirse en la portada de la revista Time.

Pero esto tan solo es la cresta de la ola, la influencia del Hallyu va más allá. Corea del Sur es el país que más ficción ha vendido al resto del mundo entre 2013 y 2018. Sus series o K-dramas, también comenzaron su desarrollo en los años 90 y son la base de esta gran expansión mundial. Uno de los últimos K-dramas en conquistar el mundo ha sido “Descendants of the sun” que fue el 4º programa de televisión más twitteado del mundo en 2016, por encima de series como “Stranger Things”.

Y después de todo esto, muchos estaréis pensando: “esto en España no lo ve nadie” o “eso solo lo ven frikis”

Nuevamente los números del tsunami hablan por sí solos. BTS ha sido el artista más twitteado de nuestro país durante el 2017 con más de 3M de menciones. El grupo Monsta X, llenó el pasado mes de junio el Palacio Vistalegre en su último concierto. Los clubs de fans de BTS y EXO en España cuentan con 103K y 87K seguidores, respectivamente, en sus cuentas de Twitter. Los fans de este fenómeno crecen cada día y aprovechan cada oportunidad, tanto las que les brindan las marcas como las instituciones coreanas de acercarse un poco más a sus ídolos.

Desde Wink ya hemos impulsado acciones junto con algunas marcas dentro del territorio. Uno de los pioneros ha sido Vodafone, que, desde su plataforma de contenidos para jóvenes, Vodafone YU, ha dedicado tres secciones al fenómeno dentro de sus programas de radio diarios, en los cuales han contado con la colaboración de influencers y expertos en el territorio. Gracias a estas acciones, han conseguido hacer crecer su comunidad de fans en redes sociales y han llegado a duplicar algunas métricas sociales.

El Hallyu ha llegado para quedarse en nuestro país y es una ola que estamos deseosos de surfear.

Irene Montón, Digital Innovation Creative Ymedia WINK

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