El #manifiesto y el peluquero de Eric Clapton

Sin duda, no es necesaria mi aportación al debate alrededor de el #manifiesto pero tampoco son muchos K,s más que los post de "los representantes de Internet" o los de toda la prensa que opina de oídas; así que, modestamente, intento dar mi punto de vista con el argumento de ser usuario activo de Internet desde 1995.

En mi armario tengo un abrigo de Versace que perteneció a Eric Clapton (lo juro). Ese, abrigo lo cogió Nuria en 1989 junto con un par de camisas, de una pila gigantesca de ropa que Eric Clapton desechaba cada tres meses. Ella estaba allí porque conocía a la familia del entonces representante de Eric Clapton, sino me equivoco de memoria Robert Forrester, cuyo hijo pasaba por la casa de Clapton en Surrey cada tres meses respondiendo a la llamada del cantante. Por lo que me cuenta Nuria, cada vez que Clapton necesitaba cortarse el pelo llamaba a su peluquero, tomaba el Concord y se iba a New York al encuentro de él.

Por esa época yo había acumulado ya unos tres centenares de LP,s ahorrando denodadamente de mi escasa paga familiar, mis anémicas becas y mis pseudotrabajos como camarero, encuestador, etc... Aún los guardo aunque hace unos quince años que no tengo plato de tocadiscos. En el 87 vi y use los primeros CD,s que portaban la promesa de que nunca se rallaban y duraban para toda la vida. Por aquel entonces mi discoteca tenía casi tanto sentido como mi biblioteca. Un LP p CD adquirido suponía una inversión, algo que quería acumular y disfrutar a lo largo del tiempo. Todos comprabamos LP,s convencidos de que la obra en su conjunto merecía la pena tenerla en posesión.

Hoy tengo una suscripción a Spotify por la que pago una cantidad razonable a cambio de no tener que escuchar la publicidad, aunque durante bastante tiempo me pareció justo escucharla a cambio de tener el servicio de Spotify. Hoy escucho buena parte de la música que tengo en esos LP,s y CD,s que tanto dinero me costaron y cuya música, sin duda, forma parte de mi biografía emocional y vital. Hoy en día la unidad de venta ya no son aquellos LP,s o el CD sino la canción, aunque sigue habiendo un CD con una canción y 9 o 10 de relleno pero los precios, a pesar de cambiar la unida de venta, siguen subiendo.

Spotify me recuerda a esa anécdota que pongo a mis alumnos de Marketing para que entiendan lo que es un modelo de negocio. Dos empresas que en la época previa a la electricidad fabricaba hielo; una entendia que su negocio era fabricar hielo y la otra que su negocio era el frío. Cuando llegó la electricidad una siguió fabricando hielo y la otra comenzó a fabricar refrigeradores. Una cerró con el tiempo, la otra siguió adelante. Kodak estaba en los años 90 empeñada en desarrollar la mejor película fotográfica del mundo cuando el mundo decidió que no necesitaba más película.

Spotify ha demostrado (es de esperar que muchos lo entiendan) que los usuarios de Internet no somos descargadores naturales de música, sino que queremos -como cualquier ciudadano- productos y servicios de valor a un precio razonable y con una fácil disponibilidad (a ver si se dan por aludidas las cinematográficas). Un precio, sin duda, que supone un profundo cambio de modelo de negocio; un precio que lamentablemente no hará viable -por sentido común y cierta justicia social- que todo el mundo tenga que financiar visitas a ciertos peluqueros en New York; por cierto, el Concord ya dejó de existir hace años.

Miguel del Fresno

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Miguel del Fresno

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