El Príncipe debe estar al frente de la #MarcaEspaña

Estamos viviendo un escenario líquido de las relaciones internacionales sociales y económicas que determina la necesidad de superar la inercia de mirar hacia dentro y nos empuja, por el contrario, a observar hacia fuera continuamente. Por ello resulta necesario explorar activamente nuestra identidad como Marca España entendida en los términos de Identidad Competitiva de Anholt, esto es, ¿qué somos para el resto?

En su modelo conceptual de Marca País, el experto en Nation Branding Keith Dinnie, señala los componentes críticos de la identidad: historia, lengua, territorio, arquitectura, regímenes políticos, arte, religión, sistema educativo, paisajes, música, gastronomía… y en qué modo se articulan a través de lo que denomina vectores: desde las exportaciones con su marca a los logros deportivos, el papel que cumplen los embajadores de marca o la política exterior del gobierno, las experiencias en torno al turismo o el impacto mediático de determinadas personalidades.

Cuando el ministro de Asuntos Exteriores y Cooperación, José Manuel García-Margallo anunciaba la creación del Alto Comisionado de la Marca España, imbuía a esta de todos los perfiles posibles en cuanto a la difusión de la Marca País pero ¿es que hasta el anuncio de éste cargo no se había hecho nada en el sentido que indica Keith Dinnie? Rotundamente no. Puede que no se hubiera institucionalizado este figura pero el trabajo por la Marca España viene de lejos y ya había alguien que era un “embajador” sin título, principal promotor de la Marca España y que ha hecho mucho por ella, no en vano también, se perfila como “comisionable”. No es otro que la Casa Real y en particular el Príncipe Felipe.

El Rey se ha ganado el prestigio, y el príncipe puede mantenerlo

Es por ello que toca abordar el más representativo, y se podría decir que excelente, ejemplo de diplomacia pública en España, y probablemente en Europa. Me refiero al ejercido por el Rey de España, Juan Carlos I, cuyo título más allá de una determinación hereditaria responde al resultado de una gestión y un ejercicio del prestigio ganado con el tiempo y que en la figura y preparación del Príncipe de Asturias garantiza la continuidad de una institución que difunde la reputación de la Marca España en todo el mundo. Y si no que se lo digan a todos aquellos empresarios que han tenido la suerte de ir con la Casa Real como abanderada de misiones comerciales españolas.

El Alto Comisionado de la Marca España no puede ser un cargo político

Para demostrar qué o quiénes somos y facilitar el reconocimiento internacional, los participantes de la Marca País debemos ser conscientes de cuáles son nuestras señas de identidad en cada uno de los campos o sectores en los que pretendemos posicionarnos con protagonismo. Y es la figura del Principe Felipe la que de una manera natural representa este primer paso para construir una estrategia de éxito político y no partidista. Quizás ahora, más que nunca, debamos preguntarnos qué debemos hacer para que la Marca España conquiste un espacio similar en ese nuevo mapa del mundo que ya se está dibujando y quién debe ser la cabeza, por encima de los avatares políticos de cada momento, de esa nueva marca-sociedad que es España en el 2012.

Ante esto, la institucionalización de la Marca España de la mano Príncipe Felipe sería la lógica ya que mantiene una posición de neutralidad, y cuenta con el conocimiento y reconocimiento tanto a nivel interno como internacional que le ha dado un aprendizaje, en este ámbito y de primera mano, del gran maestro de la Diplomacia Pública que ha sido el propio Rey.

Evidentemente, no se puede obviar que el reconocimiento institucional de la Marca País subraya directamente la capacidad cooperativa entre un ejecutivo y el principal partido de la oposición en pro de generar confianza y mantener el posicionamiento de España en el cambiante ecosistema económico actual de los países. Pero, de cualquier modo, también se requiere de la continuidad en el ejercicio de la Marca España por parte de la Corona para emprender acciones en esta dirección e impulsar el posicionamiento de la Imagen de España.

Partamos de la variedad de puntos de contacto que interactúan en la Marca España y sabremos la importancia de este nombramiento que institucionalmente es crítico en la creación y difusión de nuestra imagen y reputación. El Príncipe es el único que va a estar a esta altura en el tiempo...y además no hay que nombrarlo: ya lo es. ¡Algo que nos ahorramos!

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