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Judith Francisco Baeza Socia del estudio de arquitectura y diseño Playoffice. Presidenta del Club de Creativos.

Espacios para ayudarnos a ser mejores

espacios creativos

El arquitecto de Hitler, Albert Speer, explica con todo detalle en sus memorias cómo entre los dos diseñaban todos los espacios para ensalzar la figura del führer y provocar la sensación de miedo en el visitante. En el capítulo dedicado a la Cancillería del Reich nos cuenta cómo cualquiera que quisiera tener una audiencia con Hitler tenía que atravesar 220 metros de pasillo lúgubremente iluminado hasta llegar a una enorme e incómoda sala en el que se sentía dominado y pequeño.

En el polo opuesto, Loris Malaguzzi, creador de la metodología educativa de las escuelas de Reggio Emilia, consideraba que el espacio era «el tercer maestro» (tras los profesores y los padres), un maestro que ayudaba a los niños a encontrar seguridad e independencia, a afianzar su emocionalidad y potenciar su personalidad. Sus escuelas estaban diseñadas para que los niños no dependieran de los adultos prácticamente para nada; los libros y el material estaban a su alcance, el perchero y los lavabos pasaron a ser de la altura de los niños, las mesas se disponían para fomentar la relación y la ayuda entre compañeros, y la clase estaba conectada con el exterior.

El espacio es determinante en nuestro desarrollo como personas y profesionales y, como demuestran estos dos ejemplos, puede influir radicalmente en cómo nos sentimos, y por lo tanto, en cómo hacemos las cosas. Curiosamente a pesar de la potencialidad de influencia del espacio, éste pocas veces está diseñado, es decir, pensado y creado, para ayudarnos a ser mejores y trabajar mejor. En el caso de las profesiones creativas hay una gran diferencia entre que el espacio suponga una ayuda importante a que las ideas fluyan o que el espacio empobrezca la comunicación y la colaboración.

Hace varios años ya que se acuñó el concepto Activity Based Office, una idea sencilla con mucha lógica: si hacemos muchas actividades muy distintas por qué estamos todo el día en la misma mesa, deberíamos tener un espacio para trabajar con el ordenador en solitario, distinto del que tenemos para tener una reunión informal y distinto del que usamos para una presentación a un cliente. Nuestro trabajo (profesiones creativas) requiere de muchas distintas actividades para completarse: investigación, análisis y digestión de la información, ideación individual, ideación colectiva, exposición de ideas interna y externa, ejecución…Todas estas actividades requieren una situación emocional y una predisposición completamente diferentes; como bien explicaba John Cleese, pasamos muchas veces a lo largo del día del modo cerrado al modo abierto, del modo concentración al modo ensoñación, del mutismo individual a la expansión más colectiva. En vez de estar siempre en la misma mesa con un ordenador delante, que apenas nos deja ver nada más, deberíamos generar atmósferas distintas que nos ayuden a estar ultra-concentrados o a divagar del modo más absurdo. No hablo del postureo de poner una mesa de ping pong o un tobogán en la oficina, me refiero a diseñar específicamente un espacio de acuerdo a la cultura de la organización, a las personas concretas que la forman y a las actividades que realizan.

El trabajo creativo es de gran fragilidad, hay que mimarlo y defenderlo con todas las herramientas posibles, aprovechemos el espacio.

Judith Francisco Baeza, Socia del estudio de arquitectura y diseño Playoffice. Presidenta del Club de Creativos.

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