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Traver Pacheco Head of Strategy en IPG Mediabrands

Una gran tendencia para un próspero año nuevo

A menudo solemos confundir un año próspero con haber hecho muchas cosas.

Llega enero y, desde principios de año, ya empezamos a repartir en qué -y con qué frecuencia o intensidad- vamos a invertir nuestro tiempo durante los próximos meses. En otras palabras, reducimos el significado de prosperidad a cuantificar aquello que hacemos olvidándonos de tomar conciencia sobre qué nos está aportando.

No es ninguna novedad que en 2022 vamos a pasar gran parte de nuestro tiempo escuchando hablar sobre metaverso, criptomonedas, NFT, blockchain, Cloud, 5G, IoT y un sinfín de tendencias tecnológicas más. Muchas ya las conocemos de años atrás, y aquellas que no nos suenan tanto seguro que pronto empezarán a ser familiares, pero quizás sea ahora el momento de aprovechar estos primeros días para frenar y reflexionar acerca de la responsabilidad que va a tener nuestro sector en cómo las interpretamos, orientamos y aplicamos desde el potencial que tienen las marcas.

Por poner un ejemplo, es una realidad que la irrupción de universos virtuales está dando paso a nuevos fraudes y delitos que hacen más complejo mantener a salvo la seguridad y privacidad de las personas. Ante este contexto, podemos posicionarnos en contra de su desarrollo, o aceptar que, según un estudio de «Business Reporter», más del 50% de las actividades diarias en 2025 se desempeñarán en el metaverso. Esto se traduce en que tenemos frente a nosotros la enorme oportunidad de imaginar y crear nuevos espacios de relación entre personas que físicamente están lejos; encontrar soluciones a los desafíos de sectores clave para las personas como la salud, o explorar alternativas que generen un impacto medioambiental más sostenible. Un nuevo horizonte sin precedentes en el que las marcas pueden ejercer un rol más relevante en la sociedad.

Pero también son cada vez más frecuentes los estudios, como el de la revista científica «American Journal of Preventive Medicine», que concluyen que el consumo elevado de plataformas sociales aumenta en más de un 30% el riesgo de depresión, lo que está provocando que surjan cada vez más movimientos en contra de éstas. En contraposición, también emergen con fuerza corrientes que rechazan a los influencers que muestran una realidad superficial y crece el interés por nuevos referentes que, sin pretender serlo, aprovechan sus espacios para reivindicar las causas sociales que les preocupan. Se multiplican así las posibilidades en la que las marcas pueden relacionarse y generar un verdadero impacto en la cultura.

Y, además, irrumpen nuevos debates en torno a los modelos híbridos en el trabajo o en la educación. Ya no es suficiente con cuestionar y medir su productividad, sino que necesitamos explorar cómo las organizaciones van a mantener la cultura y el sentimiento de pertenencia; qué impacto emocional va a tener en la conciliación personal o qué nuevos comportamientos o hábitos de consumo se van a generar.

En definitiva, que toda esta fascinación por las tecnologías que van a llegar no nos nuble la única razón sobre la que debe girar su desarrollo: las personas. Si solo durante el año pasado conseguimos acelerar 6 años la digitalización del mundo, provoquemos ahora que el tiempo ahorrado por la automatización de procesos sea en su misma proporción el que invertimos en repensar hacía dónde nos queremos dirigir.

Feliz y próspero, en todo su significado, año nuevo a todos. 

Traver Pacheco, Head of Strategy en IPG Mediabrands

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