Hastío publicitario, es decir, de uno mismo

Anunciantes y consumidores se han puesto de acuerdo para solicitar que la publicidad en televisión no exceda los 12 minutos. Señores, es el colmo. Quienes tenemos a nuestra derecha han dicho basta. Quienes tenemos a nuestra izquierda, también. Nosotros, “¿Qué? ¿Qué pasa?”.

A día de hoy, cuatro minutos de intermedio publicitario a algunos les parece poco. Llegamos a 10, 12… ¿Quién gana? Nadie. A partir del momento en que el televidente “pasa” y “pierde” ver su programa, el anunciante pierde su inversión, el medio aparece como poco efectivo, los programadores incompetentes, las centrales inútiles y las agencias se han equivocado.

Tres cuartos de lo mismo con las revistas: a más publicidad, menos impacto y menos interés por ellas. En Internet, el colmo: los pop-ups y otras ingentes artimañas invasoras impiden incluso la lectura del contenido deseado, apareciendo en medio de la pantalla, sin aviso previo y sin muestras de respeto por uno.

Pues bien, así las cosas, todo apunta a una nueva y cercana bofetaza para el sector. La próxima vendrá por los contenidos de los anuncios. Y también serán los unos y los otros quienes nos harán llegar su mensaje de “¡Basta, por Dios!”.

Tan hábiles que somos detectando tendencias, tan bien que gestionamos presupuestos y tan listos que somos gracias a estudios e informes socio-culturales-políticos-económicos-tendenciosos que constantemente publicamos, y , en cambio, no nos damos cuenta de lo que cada día deberíamos ver y percibir cuando nos sentamos ante el televisor, leemos una revista o navegamos por la Red. O eso parece.

No se trata de discutir aquí si esto o aquello. Si somos honestos, no hay nada que discutir. Lo dicho no dista mucho de la realidad, salvadas las escasas excepciones. Pon la tele diez minutos y me darás la razón. Nos estamos pasando tres pueblos. Estamos fundamentando nuestro futuro en el abuso. Más, más y más. Y un poco más, que aún cabe o igual se lo creen.

La publicidad ha confundido calidad por cantidad, presencia por insistencia, beneficio por hipérbole, persuadir por insultar. Esto huele muy mal, y en lugar de desinfectar, nos tapamos la nariz y de paso los ojos. No queremos ver el cansancio, el aburrimiento y el hastío. ¿Hasta cuándo seguiremos anunciando cada quince días un producto que “por fin, ahora sí y para siempre, elimina las arrugas y te hace parecer lo que nunca has sido”? ¿Hasta cuándo un detergente que, ahora sí y ayer no, trabaja por ti y quita todas aquellas manchas que mañana será otro detergente el que prometerá eliminar? ¿Hasta cuándo nuevas falsas categorías de productos de alimentación que resolverán en un pis-pas nuestros excesos gastronómicos o la falta de ejercicio físico? ¿Hasta cuándo anunciaremos juguetes para vender y no para jugar? ¿Hasta cuándo las compresas cantarán, bailarán y volarán?

Estamos enterrando la credibilidad de los productos, de los anunciantes y la propia. Somos especialistas en prometer lo que no se puede prometer y de insistir hasta la saciedad por la causa cuando no hay causa.

No es posible que a estas alturas sigamos vendiendo detergentes o cremitas como lo hacemos. Si seguimos así, pronto escucharemos promesas como “Mira como las micropartículas de diamante dejan la ropa limpia, perfumada, planchada y cosida”, “La crema que estabas esperando para quitarte de encima 50 años” (cuando las de 30 de hoy tengan 70 algo así se les dirá, ¿no?). Sí, está bien. Reconozcamos que no se pueden tirar a la basura argumentos que aún hoy son válidos para apoyar la comercialización de productos, especialmente de gran consumo. Sin embargo, poniéndonos serios, igual empieza a ser el momento de replantearnos si la estrategia y la creatividad que brindamos a anunciantes y audiencias pueden ser mejores, más inteligentes, eficientes y, especialmente, más creíbles.

Que no sea que, una vez más, seamos los últimos en enterarnos de que algo en nuestro mundo chirría y molesta a los oídos de quienes cohabitan en él. No olvidemos que vivimos de satisfacerlos por igual, y esa es la clave de nuestro éxito: que las dos partes vean satisfechas sus expectativas… de verdad, sin abusos.

lluislleida

http://www.lluislleida.com
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