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Pedro Herrero Supervisor de Nuevas Tecnologías y Métrica de EQUMEDIA

Intentando cocinar - Pedro Herrero

cooking-1Los aficionados a los programas de cocina estamos en un momento muy feliz. Después de años en los que prácticamente lo único que se podía ver en televisión era al incombustible Karlos Arguiñano, los programas más o menos relacionados con la gastronomía se han multiplicado. Estos programas se pueden diferenciar en dos o tres grupos: los que te enseñan a cocinar, los concursos y los realities, aunque las líneas que diferencian unos con otros se están difuminando cada vez más. Al menos, todavía queda claro en qué programas puedes aprender recetas nuevas con las que sorprender (u horrorizar) a tus invitados… ¿o no?

Creo que la clave para que finalmente te animes a hacer una receta está precisamente en que te entre por los ojos, claro que ese también es el mismo motivo por el que vemos tanto programas de cocina como cualquier otro programa de TV… que visualmente sea atractivo. Esto lo saben perfectamente las productoras y cadenas y cada vez hay programas de cocina más atractivos visualmente, que casi parecen un perfil foodie de Instagram en movimiento. Auténticas maravillas audiovisuales.

Llega el momento en el que después de ver 100 programas se alinean los astros y decides hacer una receta: te mandas un mail a ti mismo con los ingredientes, vas a la tienda a hacer tu compra semanal (y normalmente te acuerdas que no has cogido las cosas necesarias cuando estás en la cola para pagar), coges tu tablet, buscas el vídeo de la receta y te pones manos a la obra. Entonces llega el desastre: ¿Pero qué cantidad de harina hay que poner? ¿Cuánto tiempo hay que cocer espárragos? ¿en qué momento ha echado la salsa de soja?

En ese instante te das cuenta de que te has dejado deslumbrar por la belleza del programa y que pensabas que estabas aprendiendo, que cuando has rascado un poco bajo la superficie la realidad ha resultado ser mucho más dura y que la supuesta receta no era más que una foto muy retocada en movimiento de un plato terminado. Por suerte esto no nos ocurre en nuestro entorno laboral… ¿verdad?

Cualquier persona que trabaja en el mundo del marketing se ha tenido que enfrentar con datos. Medir la efectividad, entender tendencias, calcular OTS, estimar inversiones, etc.Todo son datos. Pero no todo el mundo tiene los conocimientos, recursos o tiempo necesarios para generar estos datos y darles forma desde cero y tampoco es necesario, porque para eso están las herramientas. El problema que nos encontramos (en especial en el mundo digital y mucho más específicamente en RRSS) es que el número de herramientas ha crecido de manera exponencial.

En bastantes ocasiones cuando nos han venido a presentar una herramienta nos hemos encontrado con unos gráficos maravillosos, un entorno sumamente cuidado y una facilidad de uso pasmosa. El problema se presenta cuando preguntas el origen de los datos y como se realizan los cálculos (lo que vendrían siendo los ingredientes, las medidas y los pasos para hacer la receta final). En ese momento empiezan las miradas al infinito, los “ya os mandaré la información” (sin que llegue nunca) y las respuestas no satisfactorias.

Por desgracia, este tipo de herramientas muchas veces enmascaran el trabajo que tienen detrás otras que realmente hacen lo que prometen bajo unos mínimos de calidad, y tenemos que ser nosotros los que dejemos de lado a los productos de baja calidad por mucho que el envoltorio sea precioso. Recordemos que queremos las herramientas para trabajar, no para poner una foto de nuestro último gráfico en Instagram.

Pedro Herrero
Supervisor de Nuevas Tecnologías y Métrica de EQUMEDIA

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