Internet es un campo minado

Yo, como casi todos los internautas, recibo cada día cientos de spam en mi correo electrónico, ofreciéndome todo tipo de negocios para incautos. No se trata sólo de la venta de Viagra y otros productos farmacéuticos para alargar el pene, evitar la eyaculación precoz, o mejorar de cien maneras la vida sexual, incluso llegan a ofrecerme la omnipotencia sexual, que no sé muy bien lo que es, pero que suena a algo agotador. También recibo ofertas de trabajo en las que me prometen miles de euros sin moverme de casa, o la representación en España de marcas renombradas mundialmente y que me harán millonario en pocas semanas. Y si pongo en venta alguna propiedad inmobiliaria me llaman muy poquitos interesados en visitarla, pero recibo un montón de ofertas por email desde el extranjero, de compradores que quieren cerrar la operación de inmediato, sólo porque han visto las fotos en Idealista.

También me envían cartas de bancos en los que jamás he tenido una cuenta. Propuestas de conseguir licenciaturas universitarias sin pasar por ningún aula. Y me amenazan con destruir un paquete que tienen a mi nombre en una supuesta empresa de mensajería, si no contesto de inmediato a sus demandas de información. Últimamente también recibo propuestas matrimoniales de maravillosas mujeres rusas, que en cada envío, con la misma imagen, tienen un nombre diferente, y yo presumo que nunca se llaman de verdad Nadia, ni Irina, sino que detrás de esas caras angelicales se esconde algún Boris, Iván o Vasili con cara de mafioso redomado.

Son viejos en Internet los engaños de los chats, donde un pederasta de 50 años se hace pasar por una dulce adolescente de 15, con objeto de robarle su intimidad para su disfrute personal, o para ponerla después por dinero a disposición de una red de indeseables como él. Y la palabra gratis es una trampa mentirosa en el noventa y nueve por ciento de las ofertas de cualquier tipo que se nos hacen en la red. Si te quieres bajar un e-book, por ejemplo, te dirán que es gratis, que sólo tienes que registrarte, pero cuando lo haces te pedirán una cantidad “simbólica” para mantener la operatividad del sistema. Y si no pagas, no hay libro, ni película, ni partido de fútbol, ni programa para descargar.

Todo esto es muy malo, pero creo que Internet tiene todavía una cosa peor: La falsa información que circula por los millones de páginas web. Puedes escribir, por ejemplo, que Cristóbal Colón era un ingeniero aeronáutico, discípulo contemporáneo de Leonardo da Vinci, que era un cocinero famoso, íntimo amigo de Ferrán Adriá, con el que llevaron a cabo la desestructuración de la tortilla de patatas en una noche de farra en la isla de Pacua. Y mucha gente lo creerá a pies juntillas porque lo descubrió en una página de Google. Cualquier cosa encontrada en el buscador mágico es susceptible de convertirse en verdadera y ser repetida en miles de blogs que a diario expanden subcultura por los cinco continentes.

Lo que no está en Internet no existe y la Red es ya el nuevo dios de millones de individuos que siguen a los apóstoles reencarnados en las redes sociales. Intercambio de cultura postmoderna vacía de contenido. “Mucha ideología, pero pocas tías”, escribía el roquero argentino Moris en una de sus más célebres canciones de finales de los años setenta. “Mucha verborrea, pero pocas ideas”, escribiría hoy acerca de los contenidos de Internet. Una verborrea, además, cargada de ofertas basura y falsa información.

agustinmedina

http://www.medinaconferencias.wordpress.com
@agustin13
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