Cristina Larrocha Fundadora y Managing Director de DDIBI

La evolución del marketing (con permiso de Darwin)

El avance tecnológico en el mundo digital ha traído al sector del marketing, todo un horizonte de posibilidades, nuevas funcionalidades, capacidad de segmentación y oportunidades que nos permiten dar pasos de gigante para conocer mejor al consumidor, sus gustos, sus momentos de compra y poder llegar a él de manera personalizada. Esta revolución técnica, que provocó también una gran revolución dentro del sector, hizo entrar a muchas agencias en una especie de carrera meteórica para llegar antes que nadie a las innovaciones tecnológicas por integrarlas en su portfolio y ser los primeros en ofrecerlas. Pero nos hemos olvidado de algo muy importante: los consumidores seguimos siendo los mismos y para conseguir leads tenemos que ser capaces de enamorar al consumidor y persuadirle hasta la compra.

Si nos paramos a analizar la situación, es muy sencillo: el hombre ha evolucionado a nivel biológico a lo largo de los últimos miles de años de forma muy discreta, casi imperceptible; sin embargo, en las últimas dos décadas, la tecnología se ha desarrollado de forma imparable y ha cambiado radicalmente la forma de relacionarnos más que en los últimos diez mil años. Esa tecnología que tan rápido evoluciona es la que estamos incorporando a nuestra forma de trabajar, de consumir y de comportarnos con los demás… y es fantástico. Pero no nos olvidemos que, para llegar a la venta online, primero tenemos que llegar a un cerebro y a un corazón que es prácticamente igual que el de 180.000 años atrás. En el mundo del marketing, los métodos de persuasión no han cambiado tanto y los impulsos que nos llevan a comprar son los mismos que hace 10, 20 ó 30 años: por precio y descuentos, por urgencia (se acaba una promo, los primeros consiguen un premio), por cupones, por orgullo de pertenencia, etc.

Como comenta mi socio y amigo Santiago Rodriguez en su libro “Creatividad en el marketing directo”, el usuario actúa porque siente, siente porque piensa y piensa porque percibe… ¿qué percibe? Palabras, imágenes, sonidos. Por eso, no perdamos la perspectiva: el marketing sigue basándose en las emociones. El ser humano se compone de experiencias vividas, de emociones y de sentimientos, que es lo que nos diferencia del resto del mundo animal. El marketing es la ciencia que convierte emociones en acción; por eso es necesario volver a las bases y es esencial tener claro que seguimos siendo la misma especie veinte años después del mundo analógico.

La empresa a la que represento, DDIBI, nació bajo esa premisa. Nuestro hueco en el mercado y nuestra razón de ser están basados en aplicar las últimas tecnologías al marketing de toda la vida, porque seguimos siendo los mismos. Nos dimos cuenta de que el sector de repente comenzó a utilizar y a perderse en un océano de conceptos marketinianos nuevos surgidos a raíz de lo digital; algo que está muy bien pero que se tiene que utilizar con perspectiva, y es lo que como profesionales debemos ofrecer al sector. Perspectiva que se traduce a resultados, porque pensamos que la mejor promesa para ofrecer un servicio es la de dar exactamente lo que se ha prometido. No sabemos trabajar de otra manera. El marketing seguirá evolucionando… pero el ser humano, con perdón de Darwin, aún tardará mucho tiempo en cambiar para responder de otra forma a otros estímulos.

Cristina Larrocha, fundadora y Managing Director de DDIBI

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