La publicidad deseada

El sector de la publicidad no vive su mejor momento. Las inversiones caen bruscamente; en dos años el volumen del mercado se va a reducir en más de un 30%. Más de 2.000 millones de euros habrán desaparecido, con lo que eso supone para la financiación de los medios y la salvaguarda de su independencia.

La polémica por la supresión de la publicidad en TVE ha puesto de manifiesto lo fácil que es conseguir declaraciones contrarias a la publicidad, pero también ha hecho ver a la opinión pública la gran cantidad de puestos de trabajo que genera y el papel que juega como dinamizador de otros sectores de la economía.

Es muy fácil decir que los ciudadanos prefieren una televisión (o un Internet, o unos diarios) sin publicidad. Los ciudadanos lo quieren todo: sin publicidad, gratis, al instante, sin pagar impuestos y, ya puestos a pedir, con tarifa plana cero. Pero está claro que ese modelo no funciona. Todo tiene un coste y alguien tiene que pagarlo.

Lo tradicional ha sido que paguen los anunciantes, al menos una parte. A cambio, construyen sus marcas y hacen deseables sus productos para que estemos dispuestos a comprarlos.

La intrusión y el exceso restan eficacia a la publicidad

Según los estudios, los ciudadanos admiten y valoran positivamente los anuncios, pero no soportan el exceso o que sean intrusivos, que interrumpan lo que estamos viendo (o leyendo o escuchando). En este sentido, en España se ha abusado mucho, sobre todo en televisión, a partir de la llegada de los canales privados. Esto ha llevado a una publicidad mucho menos eficaz y a que los espectadores tengan una sensación permanente de hartazgo.

Una solución muy interesante es la que propone una empresa española, Adagreed, que ha tenido en cuenta esta situación y pretende cambiar el panorama, al menos en los medios digitales (Internet, móviles y televisión sobre IP), que, al fin y al cabo, son el futuro. Han creado una plataforma que permite llevar a cada usuario la publicidad que desea en formatos de la máxima calidad, algo que no existía en Internet y, además, con beneficios para todos. En principio, se trata de un modelo de negocio en el que todos ganan.

Ingresos de la publicidad a la carta

El usuario puede ver tanta publicidad como quiere, cuando quiere verla y de los productos que le interesan. Por ejemplo, puede aprovechar los tiempos muertos mientras se está descargando contenidos. Sólo tiene que puntuar los anuncios, para que el sistema aprenda y le envíe los que se ajusten a su interés. Además, recibe premios en función de la cantidad de publicidad vista: contenidos de pago, entradas de cine, cheques gasolina, viajes, etc.

El anunciante sólo paga por la publicidad vista y valorada y tiene la seguridad de que sólo se servirá a personas interesadas por ese tipo de producto.

Los medios que lleguen a acuerdos con la plataforma captarán unos ingresos que hasta ahora no tenían y darán un mejor servicio a sus clientes, tanto anunciantes como consumidores.

Podemos estar ante un nuevo tipo de relación entre la publicidad y el consumidor, una publicidad no intrusiva, que pide permiso, que se administra en las dosis deseadas, que, además, te compensa por verla y que admite tu juicio.

Parece una solución muy adecuada para un momento en el que el consumidor se ha hecho con el mando en su relación con las marcas…

eduardomedinaveitia

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