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La publicidad implanta memorias falsas

Por sensacionalista que sea el titular, es completamente cierto. Un estudio publicado en enero de 2011 en el Journal of Consummer Research avala esta afirmación.

Los investigadores presentaron a cien estudiantes de grado una nueva marca de palomitas denominada “Orville Redenbacher’s Gourmet Fresh Microwave Popcorn” (no existe tal producto, aunque si la marca Orville Redenbacher). Los estudiantes fueron divididos al azar para exponerse a dos tipos de anuncio: uno de ellos era textual, con pocas imágenes y centrado en alabar el sabor de las palomitas, mientras que el otro era un anuncio de televisión: todo tipo de gente feliz degustando palomitas en su sala de estar.

Después de ver los anuncios, los estudiantes fueron asignados a una de dos salas. Los de una sala rellenaron un cuestionario no relacionado con el experimento, mientras que los de la otra pudieron degustar una muestra de las palomitas (se utilizaron otras palomitas de la marca Orville Redenbacher).

Una semana más tarde, los estudiantes rellenaron un nuevo cuestionario acerca de lo que recordaban del producto. Aunque los estudiantes que fueron expuestos al anuncio textual raramente respondían que habían probado el producto, aquellos que vieron el anuncio de televisión eran tan proclives a afirmar que habían probado el producto como aquellos que realmente lo habían hecho. Más aún, sus valoraciones del producto eran tan positivas como las de aquellos que realmente lo habían probado.

Lo más sorprendente es que los sujetos estaban completamente convencidos de la solidez de sus memorias falsas. No les gustaban las palomitas porque sus anuncios fueran divertidos. Les gustaban porque “les encantaba su sabor”. La memorias del anuncio de algún modo se habían mezclado con memorias de degustación de palomitas para forjar escenas falsas que se sentían como verdaderas.

Revisemos nuestras memorias de la niñez. Puede que parte de ellas hayan sido moldeadas por la publicidad a la que hemos sido sometidos.

Las conclusiones del estudio son coherentes con lo que sabemos de un proceso denominado consolidación de la memoria: cada vez que accedemos a un recuerdo, lo estamos reescribiendo en nuestra memoria (y potencialmente perdiendo información o alterándola).

El artículo original que me llevó a escribir de este tema se puede leer en el siempre interesante The Frontal Cortex. La foto es de naturegeak.

Vía: Neuromarca

monge

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