Las redes sociales son como los bares

Las redes sociales son como los bares. Son el escenario de nuestras conversaciones con nuestra gente. “Bares que lugares tan gratos para conversar” ya nos lo decían Gabinete Caligari en los cada vez más lejanos años 80.

¿Recuerdas los bares a los que acudías todos los días? Seguro que hubo un momento en el que pensaste que pasarías allí toda tu vida ... y sin embargo los acabaste abandonando. Algunos cerraron, otros se pasaron de moda o , simplemente, te dejaron de gustar. ¿Pasará lo mismo con las redes sociales en las que hablas hoy con tus amigos?

Nos gustan los bares, pero… nos cuesta menos cambiar de bares que cambiar de amigos. En España las estadísticas dicen, más allá de crisis, que somos animales sociales, que nos gusta la vida “con los demás” y uno de los lugares dónde esa sociabilidad se demuestra en todo su esplendor es en los bares. Sin llegar a la afirmación de los gallegos Siniestro Total que defendían que “somos seres racionales de los que  toman raciones en los bares” sí que parece cierto que uno de los rasgos que definen a los españoles es su afición por la vida en la calle, por celebrar cualquier acontecimiento por pequeño o grande que fuera frente a una barra o una mesa, por resolver todo tipo de cuestiones, sellar proyectos, iniciar amistades, consolidar relaciones, ver un partido o arreglar el mundo mientras discutimos sobre lo humano y lo divino en los bares.

También dicen las estadísticas que España es uno de los países donde mayor repercusión han tenido las Redes Sociales y que somos de los internautas europeos que más tiempo consumimos en redes sociales. Si echamos la vista atrás ( “más o menos atrás” dependiendo de tu edad, querido lector) todos tenemos bares que son o han sido casi parte ineludible de nuestro grupo de amigos. Es fácil echar la vista atrás y recordar a determinado grupo de amigos (del colegio, de la facultad, del grupo de teatro, del equipo de rugby …) unido al bar en el que os reuníais y que era vuestro cuartel general. Muchos podríamos asociar aquel mítico verano a cierto bar donde empezaban o acababan todas nuestras historias, todas las historias.

Sin embargo... los amigos  permanecen, y los bares desaparecen, cambian… Se pierden en la memoria y al poco tiempo casi ni nos acordamos de cuando las noches transcurrían frente a ese barra. Las razones son muchas y diversas. En algunos casos el bar se puso demasiado de moda, se llenó de gente y dejo de ser aquel sitio en el que tú y tus amigos os sentíais como en casa. Otras veces sucedió todo lo contrario, ya no había nadie conocido en el bar, ya no sucedían cosas interesantes en aquel lugar... Ya no era aquel sitio en el que no hacía falta quedar porque sabías que al asomarte por allí iba a haber un montón de amigos y de amigos de amigos. En otros casos de repente, el dueño decidió cambiar las normas sin avisar. Ya no valía pasarse toda la tarde sentado en la mesa del fondo con una bebida había que consumir más, ya no se podía jugar a las cartas… O simplemente puso una televisión, dos tragaperras y un máquina de dardos para generar ingresos adicionales… O decidieron cobrar entrada donde antes se pasaba gratis, o decidieron quitar la tapa con cada consumición donde antes la había o, simplemente, alguien abrió otro bar enfrente más atractivo, un bar que “molaba” más, un bar “al que había que ir”.

En el mundo virtual, las redes sociales por muy importantes que sean y por muchos millones de usuarios ( de “clientes”?) que tengan no dejan de ser “los bares” de esta historia, solo “los bares” … aquel sitio donde tú te reúnes con tus amigos. Son “el escenario” de las conversaciones. ¿Os acordáis de aquellos bares donde algunos nos asomábamos a mitad de la década pasada? ¿Os acordáis de un tal “myspace”? La verdad es que estaba bien, y ciertamente ponían buena música, pero igual que se puso de moda y se llenó un día se pasó su tiempo, se quedó vacío. De repente, un día al  entrar no encontraste a  casi nadie conocido. Todos se habían ido a un bar que habían abierto en la esquina de al lado y cuyo nombre empezaba por “F”. Muchos bares cerraron sin que nos diera tiempo ni ganas de entrar (os acordáis de Keteké?) otros no cerraron pero languidecen, otros bares los frecuentamos unos meses hasta que se pasó la gracia (“efecto champán” lo llaman los entendidos), otros fueron abiertos a bombo y platillo pero pasadas unas cuantas visitas no le acabamos de encontrar la gracia y aunque con frecuencia vemos sus rótulos luminosos cada vez son menos las veces que entramos a pasar un rato (hace cuánto que no entras en Google+?).

Y, claro, aunque es verdad que en algunas partes de este país nos gusta mucho ir de bares, cambiando cada 10 minutos de bar, nuestro tiempo es limitado y no podemos ir a todos los bares que abre. El circuito va de bar en bar y la historia va cambiando de tema … y a fin de cuentas lo que nos interesa es la gente con la que hablamos y disfrutamos de nuestro tiempo. El decorado es lo de menos. Queremos estar cómodos y que no nos molesten. Y algunos parecen que lo olvidan.

Así que si la pregunta es …  ¿seguiremos dentro de cinco años quedando con nuestros amigos para hablar, reír, discutir, compartir…? La respuesta es “sí, seguro”.

Ahora bien si la pregunta es  ¿lo haremos en los mismos “bares” que ahora? Ya no estaríamos tan seguros de la respuesta.

Nacho Latorre

www.socialnautas.es
@nacholat
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