LIBERALIZACIÓN - Ángel Riesgo

Tenemos estos días una fuerte polémica en los medios acerca de la nueva regulación de la televisión en España. Los grupos empresariales del sector tienen lógicas posiciones de defensa de sus intereses que mezclan en algunos casos con argumentos sobre los intereses generales de los ciudadanos. Los publicitarios (anunciantes y agencias de publicidad y agencias de medios) tienen también una posición que, sin embargo, no se ha escuchado suficientemente, al alzar su voz entre otros altavoces mucho más potentes.

Los publicitarios no tratamos de enmascarar nuestros intereses con los del interés general, queremos más televisiones libres para evitar el actual encorsetamiento de la oferta televisiva que sube los precios y degrada el producto. Creemos que nuestra voz debería ser una de las primeras en tenerse en cuenta, ya que es la publicidad quien "paga el baile". Las televisiones viven hoy de los anuncios y parece lógico que la opinión del cliente sea escuchada con atención, así funcionan los negocios normales; lo que pasa es que la televisión, los medios, no son un negocio normal.

La situación actual en la que las empresas mediáticas han tomado sus propios medios informativos como herramientas para sus propios intereses hace que el lector, escuchante o televidente desconfíe profundamente cuando un medio habla de medios. Desde la COPE a la Ser, desde ABC a Deia o desde TVE a Antena 3, no existe ningún medio de relevancia con una postura en la información de medios que no sea interesada, que no sea parcial. Esa falta de independencia de las redacciones obligadas a escribir a favor de los intereses de su grupo empresarial en temas de relevancia social son los que hacen al público avisado e inteligente, no ya de un medio en concreto sino de los medios de información en general. Pero volvamos a la Televisión que en estos momentos está que arde...

En España no existe televisión privada propiamente dicha. El Gobierno otorgó en 1990 tres concesiones administrativas para que empresas privadas emitieran canales analógicos, renovó esas licencias por otros diez años en el 2000 y ningún otro puede hoy emitir de esa manera. La única competencia a esas concesiones es la televisión pública: Televisión Española y las cadenas autonómicas con sus lógicas restricciones geográficas. Ahora el Gobierno pretende liberalizar las emisiones analógicas y adelantar el paso a la televisión digital en 2010. Es completamente lógico que las cadenas que viven principalmente de la publicidad, Antena 3 y Telecinco, no se muestren partidarias de la medida gubernamental; si se va a abrir la competencia a nuevas cadenas, van a ver diluirse sus audiencias y por tanto sus ingresos por publicidad corren el peligro de disminuir. Como casi siempre, los motivos de la queja son económicos, la libertad de expresión o la concentración mediática, son temas secundarios.

Mi opinión como publicitario es clara, necesitamos la publicidad en televisión y la publicidad en televisión tiene un problema simple de exceso de demanda con una oferta restringida por ley, y no hace falta ser muy observador para notar los efectos nocivos de ese exceso de publicidad (desinterés, saturación, degradación, perdida de eficacia...). Esta situación nos ha llevado a que los precios se encarezcan en los últimos años sin mejorar la calidad y la noticia de la apertura de nuevos canales donde colgar nuestra publicidad es por principio buena, que esos canales sean asignados a unos o a otros no es de nuestra incumbencia.

Ángel Riesgo,
Presidente
Grupo Consultores

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