Más sobre el iPad y el modelo de negocio de los medios

A medida que voy viendo más reacciones sobre el iPad de Apple y los planes de los distintos grupos mediáticos, me voy convenciendo más: de tabla de salvación, nada. Como mucho, una prueba de lo equivocados que están algunos y de lo poquito que entienden el medio.

La revista Time, por ejemplo, costará en iPad $4.99 cada semana, un precio completamente absurdo si tenemos en cuenta los ahorros en costes de impresión y distribución. Será además una aplicación independiente que tendrás que descargar cada semana (un concepto mucho más próximo al de la pila de revistas polvorientas que guardas bajo la cama que a una idea avanzada de acceso completo al repositorio de publicaciones anteriores), y carecerá completamente de funciones sociales. Las ventajas derivadas del nuevo soporte se reducen, básicamente, a poder cambiar el tamaño de letra.

En el caso del Wall Street Journal, la aplicación de iPad costará $17.29 al mes, sensiblemente más caro que el precio de la suscripción normal a través de la web a la que también se tiene acceso a través del navegador del iPad, lo que confirma una idea muy clara: algunos editores piensan que el hecho de comprar un iPad te convierte en un idiota adinerado, en alguien que disfruta malgastando su dinero.

Frente a los movimientos de Time o WSJ, tenemos un Financial Times que ha buscado patrocinadores publicitarios para poder ofrecer su aplicación de iPad y sus contenidos completamente gratis a sus lectores durante dos meses, un compromiso que le ha permitido generar ya más de cien mil descargas, y que posiblemente le lleve a una amplia comunidad de lectores dispuestos a seguir utilizando la aplicación a cambio de recibir más publicidad que no resulte molesta, o de un esquema de pago razonable.

¿De verdad creen los editores que la clave de su negocio está en encontrar un número suficientemente elevado de lectores dispuestos a pagar por sus contenidos? Tras años de cobrar a los lectores por el papel y la distribución hasta el quiosco, pero financiarse mediante la publicidad, en el momento en que empieza a ser posible librarse del papel y de la necesidad de distribuirlo, ¿deciden cobrar por otros conceptos? ¿No sería más sencillo intentar convencer a los anunciantes de que sus mensajes pueden ser infinitamente mejor administrados a través del nuevo canal, y pedir por ello un precio mucho más elevado? En las circunstancias actuales, ni los anunciantes aprovechan las características del canal, ni los soportes consiguen dinero suficiente, ni los lectores están satisfechos. Los anunciantes protestan por la escasa repercusión de una publicidad basura, los soportes protestan por los bajos precios de una publicidad basura, y los lectores protestan y bloquean una publicidad basura. O los soportes exigen a los medios precios más elevados por una publicidad mejor diseñada, que aproveche las características de la red y que sea bien aceptada por los lectores, o por mucho que pretendamos que paguen éstos, no hay arreglo posible.

El modelo de negocio de los medios pasa por reinventar la publicidad, mostrar las ventajas de la misma a los anunciantes, y cobrarles en consecuencia por un acceso infinitamente mejor a sus clientes. Evidentemente, no es tan fácil hacerlo como decirlo. Pero al menos, no disparemos en la dirección contraria…

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enriquedans

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