Mediocracia

¿Cuándo abandonamos La Clave por La Noria? ¿Cuándo dejaron de ser las entrevistas y debates de calidad un programa de prime time para ser arrasadas por las tertulias monocordes de la TDT? La televisión nunca ha sido democrática, pero sirve bien al sostenimiento de la partitocracia. A la televisión privada le gustan las parrillas con poca capacidad de elección entre canales. A la democracia burócrata del bipartidismo, con cuota autonómica política y televisiva, también. 
La telerrealidad banaliza la vida y abarata el pensamiento. También la partitocracia. Felipe González se queja en una entrevista de la degradación de la democracia. Lo llama mediocracia: democracia mediática y mediocre. Hace tanto tiempo que la sufrimos que ya casi no la percibimos. Es el ruido ambiente, la costra de telerrealidad que convierte lo importante en aburrido y obtuso. Lo banal y sensacionalista, en éxito de audiencia. 
“El problema es que si uno comienza a mirar la televisión, después ya no podrá separarse de ella. Lo que hay que hacer es no mirarla”. Era el consejo de Jean-Luc Godard que una exposición recuerda estos días en Barcelona. Clay Shirky defiende que el excedente cognitivo de liberarse de la televisión permite crear una cultura participativa y creativa en internet. A juzgar por cómo crece el consumo de televisión –también en la Red- ese excedente es cada vez menor. 
A González le extraña que los políticos vayan a La Noria. Quizá la política de hoy no da para más. La distancia entre el programa de Telecinco y el resto de tertulias no es tan grande. Con la telerrealidad son los dos grandes recursos de la televisión de bajo coste y escaso gusto. La ficción de la explosión digital de la TDT nos ha dejado mayor amenaza de concentración que nunca. Fusiones –en marcha ya la de Telecinco y Cuatro- aprobadas por un gobierno que se topó con que una parrilla abundante era tan poco manejable para sus dueños como un parlamento plural para los grandes partidos. 
La retirada de la publicidad de TVE sólo ha servido para engordar las cuentas de las grandes cadenas. Para el resto, autonómicas y nuevos canales ligados a diarios y otros grupos de medios, la TDT es el regalo envenenado que debilita sus arcas mientras reduce la independencia y el pluralismo. 
Giovani Sartori, crítico de la videocracia, siempre se quejó de la perdida de la abstracción en televisión. Y con ella de la sustitución de la inteligencia por Belén Esteban y del bien común por Hispania. 
La mediocracia crece con la urgencia de la actualización constante de los medios digitales y la inmensidad de horas de programación. La democracia se llena de declaraciones para tanta imagen. Y los partidos exigen cuotas en los telediarios para las próximas elecciones. Partitocracia y mediocracia son el engranaje perfecto del poder. 

Juan Varela

http://www.periodistas21.com
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