Mi primer contacto con Siri

Que conste antes de nada que Siri me cae bien. Es solícita y servil. Vamos, una tía maja.

Es por eso que no le tengo en cuenta que no me reconozca "zafar". Asumo que es mi culpa, que no sé pronunciar "zafar" de manera más clara. O nuestra culpa, que de

Pero eso es lo de menos. Usar el reconocimiento de voz para dictar mensajes es solo una de las cosas menos sorprendentes que Siri puede hacer. Al asistente personal de iOS le puedes preguntar por un restaurante japonés y te dirá cuántos tienes cerca. Entiende el lenguaje coloquial, te muestra la cartelera de cine y mucho más. La mayoría de esas funciones ya estaban disponibles en el iPhone tecleando, pero lo de hablar con el aparatito y que funcione le da un aire de redoble de tambor y de conejo saliendo de chistera que nos encanta.

Siri conversa y se aprende tus preferencias. Eso está muy bien, pero desasosiega un poco. Transcribo una conversación que mantuvimos Siri y yo el otro día:

-Envía un mensaje a papá para decirle que llegaré tarde.

-¿Cómo se llama tu padre?

-Papá. (Es como le tengo en la agenda, no creí que sirviera de mucho decirle su nombre).

-¿Cómo se llama tu padre?

-Papá.

-¿Cómo se llama tu padre?

(Elijo decir otro nombre, a ver si salimos del bucle.)

-María.

-¿Quieres que recuerde que María es tu padre?

-¡No!

-¿Enviar a María el mensaje "llegaré tarde"?

-Cancelar.

-De acuerdo, no lo envío.

Eso de "de acuerdo, no lo envío" me inquietó especialmente. Queda muy humano que Siri conteste, pero también hace que en tu cabeza aflore inconscientemente la posibilidad de que un día la pilles de malas y te conteste "pues te fastidias, lo envío de todas formas". A veces nos apetece pensar que tenemos delante una máquina que hará lo que decidamos, sin más. Pero que parezca que la hemos convencido y está de acuerdo "por esta vez" no tranquiliza mucho.

Creo que me preocupo solo porque es pronto para dejarme en sus manos. Es como confiar a una nueva secretaria de la que no sabemos nada nuestras citas, fotos íntimas y gastos personales. Pero tiempo al tiempo. Cuando Siri nos muestre su fidelidad, no tendremos secretos para ella.

Hay otro tema que temo con respecto a esto. Todavía no me he topado con ningún usuario dictando un mensaje a Siri a voz en grito en el Metro. ¿Suena improbable? Apuesto a que hace treinta años en España nadie pensaría que se iba a ver normal vocear en un tren datos económicos confidenciales de una empresa o plantar un teléfono sobre el mantel en una cena romántica, cosas que ahora hemos aceptado sin apenas extrañarnos. Así que pánico me da pensar en usuarios (no tan hipotéticos) en cualquier sitio público pronunciando bien alto las palabras para que Siri elija las suyas y no las del de al lado, que también estará berreando a otra Siri clónica. Quizá se crucen los mensajes, el jefe reciba de su subordinado unas palabras de amor y el marido reciba las indicaciones para asistir a una importante reunión a través del móvil de su esposa. Tal vez se presente allí con un ramo de flores. Por imaginar...

Ay, Siri. Me quejo mucho pero, en realidad, si me pusieras las comas sin yo decírtelo me tendrías ganada.

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Isabel Garzo

http://www.niunacoma.com
@isabelgarzo
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