¿Necesitan las celebrities un community manager?

Este es un texto que escribí a raíz de una pregunta sugerida en un foro de linkedin. 
Si por por celebrities, nos referimos exclusivamente a los personajes más punteros, destacados y deseados (u odiados) del panorama mediático internacional, independientemente de la actividad que les haya aupado al cénit de la fama, más que un CM, lo que deberían tener es un Brand Manager, pues una celebrity es una marca global que genera millones de euros en ingresos, da trabajo a decenas, centenares, o incluso miles de personas, y cualquier cosa que diga, o haga podrá ser y será utilizada en su contra. Este brand manager, dependería directamente de su representante, y juntos dirigirían su carrera, como se hace con otro tipo de productos estrella, esto es, optimizando su fase de crecimiento, y cuando alcance el punto más alto, manteniéndola en fase de madurez indefinida, hasta el declive indefectible de su muerte, para tras esta, iniciar otro nuevo ciclo. 
Como cualquier marca, la celebridad debería disponer de su propio manual de estilo (brand handbook), que constituiría uno de los puntos más importantes del contrato, y definiría de manera concisa y clara quién es el celebrity (es importante que sepa quién es, pues así su comportamiento, será -en teoría- mucho más predecible), cuáles son sus obligaciones, como debe dirigirse al público según en qué medios, etc. 
En el apartado de comunicación online, entraría el CM, que sería una persona dependiente del brand manager, cuya función sería aplicar el manual a las distintas cuestiones que vayan surgiendo en la red. Como en el manual se habrán previsto las situaciones más inverosímiles, el buen comportamiento online de la estrella estará garantizado, pues forma parte de un contrato, y no depende de ella directamente, sino de un departamento profesional. Esto puede sonar manipulador, pero no lo es, pues en definitiva, una celebridad deja de ser una persona real en el mismo momento en que alcanza el estrellato, y se convierte en un fenómeno de masas, una marca global, cuyo éxito o fracaso dependerá, no solo de su talento, sino, sobre todo, de las decisiones estratégicas que tome su equipo de gestores profesionales con respecto a su carrera. 
El controvertido tema de si es la celebridad quien habla o no a su público, se gestionaría como se han gestionado siempre las ruedas de prensa y las entrevistas: a través de un guión. No se trata de que la estrella esté constreñida en sus comunicaciones, sino de que estas no arruinen su carrera. Y al que no le guste que se busque un trabajo de 8 de la mañana a 7 de la tarde, pues aspirantes a estrellas con talento, disciplina, don de gentes y fotogenia los hay a miles. Ninguna celebrity es irreemplazable. 
De la misma manera que las celebrities llevan toda la vida firmando contratos por los que aceptan una serie de compromisos para comportarse de una determinada manera en el mundo real, online deben aceptar que su comportamiento no solo afecta a su persona, sino a todo el entramado que existe a su alrededor, y que finalmente es el responsable de su éxito o fracaso. 
Por supuesto, todo esto que he escrito, es susceptible de ser flexibilizado según la personalidad de la celebrity. No me imagino a Brad Pitt, o a Aston Kutcher dejando por escrito barbaridades como las proferidas por Bisbal o Vigalondo en el twitter, pues es evidente que son conscientes del entramado industrial del que forman parte, y de que cualquier comentario extemporáneo puede costarles la carrera. Es una cuestión de educación, inteligencia y sentido de la oportunidad. Cuanto menos formada esté la estrella, más cláusulas habrá que colocarla. No me cabe duda alguna de que Lady Gaga tiene una cuantas. Eso sí, bastantes menos de las que les tocarían a Bisbal y demás grandes y esforzados eruditos del estrellato ibérico.

JORGE G

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