No envíes a una máquina a hacer el trabajo de un humano (inteligente)

Una máquina que pudiese entender el lenguaje natural ha sido -y es- uno de los sueños de la Inteligencia Artificial desde los mismos orígenes de las ciencias computacionales. Un deseo que resurgió en los años 80 y renace en los últimos años a partir de la necesidad de interpretar cientos, miles o centenares de miles de opiniones que conforman heterogéneos climas de opinión alrededor de temas, marcas, productos, personalidades, etc. por medio de tecnologías de rastreo online. Este tipo de herramientas de monitorización o webmining pretenden, en su extensa mayoría, crear la ilusión de poder realizar un análisis automático de las opiniones con una supuesta tecnología semántica que tardará aún décadas en ser desarrollada hasta niveles meramente aceptables de capturas e interpretación automática de sentidos y significados. 

Hoy por hoy, vivimos en una web sintáctica, buscamos como buscamos (hotel barato centro Roma) porque no hay buscadores semánticos eficientes a escala razonable. Adaptamos nuestras búsquedas a la tecnología disponible y para hacerla útil y supuestamente inteligente nos hacemos estúpidos en nuestra manera de buscar información. Si existiese una web semántica habría motores semánticos eficaces y es muy posible que lo tuviese Google, no por filantropía con el género humano (hace mucho que aquello de Don´t be evil pasó a la historia de las frases afortunadas) sino para que Adwords fuese mucho más rentable. O simplemente Google no existiría. 
Lo cierto es que Google podría ser la gran esperanza semántica y lo único que hace Google es cambiar y cambiar su algoritmos (dando quebradores de cabeza a los SEO -a los buenos programadores y sobre todo a los malos) y ofreciendo una búsqueda supuestamente social cada vez más irrelevante o o más vinculada con sus propios resultados en lugar de búsquedas semánticas. Lo que debemos esperar de un motor de búsqueda sintáctico es exhaustividad y relevancia aunque no parece que sea ese el camino que ha adoptado Google en los últimos años, que para esquivar sus fracasos y limitaciones sociales, en los que Google+ parece ser el siguiente fracaso, acaba manipulando y alterando los resultados esperados, como sucede con Maps y, sobre todo con G+.
El lenguaje no son las matemáticas ni la física, ni siquiera el de la ciencia se puede unificar, esto se sabe ya desde los primeros intentos de los pensadores del Círculo de Viena y Ludwig Wittgenstein, con su Tratactus, en las primeras décadas del siglo XX de matematizar el lenguaje. Lo interesante es como el sueño semántico se reaviva cada cierto tiempo pensando que una máquina creada por los hombres puede ser semántica y ser capaz de solventar lo que el lenguaje, como herramienta de comunicación, ha madurando durante miles de años. 
No estamos ante un problema de exceso de información sino de filtros, propósito de análisis y explotación inteligente de esa información. Por tanto, la limitación real en Internet no reside en el acceso a la información sino a su sentido y significados. Como afirma el tecnólogo Jaron Lanierla esperanza de que el lenguaje sea como un programa informático ha muerto. En cambio, la música ha cambiado [se refiere al MIDI y sus consecuencias] para transformarse en algo similar a un programa informático” (Lanier, 2011:215). Mientras llega, o no, la máquina que pueda pensar –aunque ésta sea intangible, ubicua y una creación humana- tenemos que seguir analizando, pensando y tomando decisiones nosotros. 
 Vía el blog de Miguel del Fresno

Miguel del Fresno

http://www.migueldelfresno.com
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