Política, mentiras y redes sociales

En su clásico de 1.958 La sociedad opulenta, el economista estadounidense John Kenneth Galbraith gestó la –hoy habitual- expresión “sabiduría convencional”. Dicho saber, gravita sobre la dificultad y el trabajo que supone comprender la enrevesada naturaleza de las conductas de los agentes políticos, sociales y económicos que conforman el devenir de la sociedad, siendo más sencillo por tanto, aceptar como verdades, aquellas ideas que más se acercan a nuestro personal modo de entender el mundo. Aunque sean falsas.

Desde los albores de la civilización, los políticos han explotado la sabiduría convencional como una síntesis de conocimientos sencilla, versátil y estimulante; conveniente a sus aspiraciones y afín a su electorado, en el ejercicio incesante de la demagogia. No quiere esto decir, que la sabiduría convencional sea siempre falsa, pues en muchas ocasiones, sus planteamientos son simplificaciones modélicas y certeras de una realidad cuya comprensión es inaccesible a la gran mayoría de la población, ya sea por falta de formación, tiempo o interés; o simple y llanamente por nuestra limitada capacidad intelectual. La práctica totalidad de nuestros conocimientos, no la hemos adquirido de primera mano, lo cual nos predispone a poner en marcha los mecanismos internos de nuestra sabiduría convencional particular, para decidir a quién creemos y a quién no, a quién apoyamos y a quién denostamos, quién nos gusta y quién nos disgusta… Bajo la inconsciente influencia de ocultos prejuicios velados, corolario de la educación recibida en el seno familiar y adquirida en las distintas etapas de nuestro aprendizaje, junto a nuestras amistades, en nuestro círculo social (físico y virtual), de la mano del cine, la música y la literatura que disfrutamos, a través de los medios que vemos, escuchamos y leemos (e incluso participamos), desde donde supuestos “expertos” convierten su opinión en dogma, amparados en el patrocinio invisible de intereses supracorporativos. Y todo esto es muy difícil de cambiar.

El vertiginoso ritmo de trabajo (si tenemos la suerte de mantenerlo) al que nos somete la hipercompetitiva sociedad en la que sobrevivimos, nos ha malacostumbrado a asociar la verdad con lo que conocemos y nos conviene, y por tanto, a evitar todo aquello que suponga replantearnos nuestras ideas sobre el mundo que nos rodea, los plutócratas que lo dominan y los políticos que lo administran. Ambos, son absolutamente conscientes de ello, y la achantada indolencia de los últimos ante los asuntos más perentorios, la prueba más irrefutable de su falta de poder real. Progresistas y conservadores, se han rendido al chantaje de los poderes fácticos (ahora bajo el pseudónimo de “mercados”), prostituyendo la democracia en favor de una partitocracia corrupta, servil a los intereses plutocráticos y demagoga; cimentada en la falsa legitimidad que otorgan unas urnas cada vez menos representativas del ciudadano que deposita su (des)confianza en ellas.

El periodo preelectoral que padecemos estos días, es un excelente escenario para comprobar cómo se abusa de los axiomas de la sabiduría convencional desde uno y otro bando, con el fin de aplacar a los fieles y convencer al “marais”, o los indecisos, pues son estos quienes en última instancia decidirán con su voto el signo del próximo gobierno de la nación. Es la batalla de la simplificación. Poco o nada importa la realidad. El marketing electoral es una guerra de percepciones que se libra en la mente del elector, y aquel partido que mejor encaje sus mensajes con las presunciones y aspiraciones de la mayoría de votantes, detentará el poder los próximos cuatro años.

SOCIAL MEDIA VS MASS MEDIA

Como no podía ser de otra manera, las redes sociales se han convertido en el epicentro difusor de la propaganda electoral de todos los partidos. Si bien Facebook, Twitter, Flicker y Youtube (por citar las cuatro más utilizadas) son gratuitas, y todos parten en igualdad de condiciones en este segmento del entorno digital, hay que tener muy en cuenta, que los medios masivos prestan un interés totalmente desproporcionado a los dos grandes partidos, y que el gran público, todavía no está masivamente involucrado en las campañas políticas (ni publicitarias, por mucho que insistan algunos pseudogurús) expuestas en las redes sociales, sino que sigue enterándose de las consignas de los líderes a través de los mass media.

Los medios convencionales continúan jugando un papel decisivo a la hora de inflar o desinflar una candidatura. El caso de Rajoy, es de libro de texto. No hay más que ver los programas de los canales autonómicos o de TDT afines y comprobar las portadas de la prensa conservadora nacional, (y lo más sorprendente, la supuestamente progresista en algunas ediciones) para ver el apoyo descarado –e injustificado- que recibe día tras día, el candidato conservador, acaparando portadas, titulares y entrevistas, que ante la inoportunidad de preguntarle por su inexistente programa electoral, se limitan a retratarle como un tipo campechano, formidable y encantador. Ideal para presidente del gobierno, vamos.

El propio Rajoy, en su calculado lanzamiento editorial En confianza, que a duras penas puede catalogarse en ningún género literario que no sea el escrito apócrifo hagiográfico (Victoria Prego, adjunta a la dirección de El Mundo y nada sospechosa de ser de izquierdas, calificó el texto en el programa de la primera cadena de Televisión Española, 59 segundos, de escrito “sin interés”) se presenta como un tipo franco, honesto, familiar y sincero, a través de anécdotas que encajan en un perfil sin fisuras, procazmente perpetrado para la ocasión, bajo el propósito de vendernos exactamente aquello que no es, pero que le conviene que parezca que es. ¿Nos acordamos ahora de la batalla de percepciones? Para más inri, donará los beneficios a “diversas organizaciones de ayuda a los más necesitados”.

Si hay algo que puede comprobarse fácilmente a través de la observación y seguimiento de la precampaña en las redes sociales, es quién lo está haciendo mejor: el equipo de Rajoy. Y con apabullante diferencia. Hemos convenido que en el marketing las cosas no son lo que son, sino lo que parece que son. Por tanto, aunque no tenga programa de gobierno, fantasee con crear millones de puestos de trabajo bajando impuestos, y abuse del photoshop en su sitio web personal, el candidato popular, entra mucho mejor por los ojos que el candidato socialista. Rubalcaba, mantuvo en su site personal una foto en blanco y negro y con uno de sus puños tapándole media cara (y aún la mantiene en su perfil de Facebook), que más bien parecía la imagen de un cartel de una película de los años 40, que el retrato de un candidato a la presidencia de una nación desarrollada en pleno siglo XXI. Lógicamente, fue cambiada el pasado jueves 6 de octubre, día en el que el PSOE presentó el nuevo sitio web del candidato, más colorista, dinámico, moderno y emotivo, incluyendo fotos de la infancia y juventud de Alfredo. Algo que ya hizo el PP en un breve video para presentar a su candidato de forma más humana y entrañable. Inexplicablemente, el 18 de octubre, el sitio web de Rubalcaba vuelve a apostar por la imagen del candidato en blanco y negro y le coloca la llave {escuchar hacer explicar, como si fuera un bocadillo de un comic. Malos creativos y peores asesores, difícilmente podrían ofrecer una imagen tan mala del candidato socialista.

En el terreno de las ideas, tenemos la misma cantinela de siempre: Rubalcaba defiende la austeridad, pero con un estado de bienestar sostenido por los impuestos de todos (lo que hace suponer una subida del IRPF), más un extra de los ricos (que no quiso cobrar en su momento), y Rajoy, como es de esperar, aboga por una austeridad leonina, en la que el estado de bienestar que tengamos, será aquel que podamos permitirnos (es decir, el mínimo imprescindible) pero sin cargar en los ricos más de lo necesario (eso sí, el impuesto de patrimonio, ni se le pasa por la cabeza quitarlo, y ya veremos si lo prorroga o no). La sabiduría convencional popular, nos dice que los socialistas subirán impuesto y aumentará el paro, y que los populares bajarán impuestos y se reducirá el paro (por arte de magia). Y la sabiduría convencional socialista nos dice que subiendo impuestos (a todos y también a los que más tienen) se mantendrá el estado de bienestar. Los socialistas, al menos presentan un programa de gobierno, cosa que el PP a 18 de octubre no ha hecho. Grosso modo.

ALGUNOS EJEMPLOS

En el momento en que escribo este reportaje, en Facebook Rajoy es el político más apoyado con 58.740 fans y 4.397 personas “hablando” sobre él. Le sigue de lejos Rubalcaba 13.170 fans y 1.729 personas “hablando”, muy cerca de Rosa Díez con 12.768 fans y 2.308 personas “hablando” y el cuarto en discordia, el candidato de IU Cayo Lara con 11.993 fans y 422 personas “hablando”. Se observa una clara brecha entre Rajoy y el resto.

Si comparamos estas cifras con las del movimiento que mayor engagement ha generado en las redes sociales en España, esto es, con Democracia Real Ya, que aglutina 419.620 fans y 35.718 personas “hablando”, vemos que el nivel de involucración de los ciudadanos con sus políticos no es que sea relativamente muy bajo, sino que es ridículo. Ni tan siquiera en el caso de Rajoy, cuyos niveles de interacción se acercan -e incluso superan- los de las marcas más seguidas en España, el nivel es incomparable al interés e involucración (o engagement) que ha generado el movimiento social. Si profundizamos en los comentarios y enlaces compartidos (pues a mi entender, el “me gusta” supone un nivel insuficiente de interés e involucración, vemos que Rajoy los cuenta por centenares en varios de sus posts, mientras que los demás candidatos, solo por decenas. No todos son positivos, pero, nos dan una idea de qué interesa, y de cómo se siente la gente.

En Twitter, el medio en el que el número de seguidores crece con mayor celeridad, Rajoy adelanta a Rubalcaba en seguidores (65.171 respecto a 43.097), pero se queda por detrás en número de tweets (1.148 respecto a 3.997).

En Youtube, Rubalcaba tiene 122 videos colgados, mientras que Rajoy solo posee 82. En cambio las reproducciones de videos Rajoy, superan con creces a las de Rubalcaba. Acumulando 68.579 reproducciones el video más visto de Rajoy, y tan solo 15.091 el más visto de Rubalcaba. Habría que modelizar las cifras en base a unos parámetros (miembros, contenidos, utilidad, tráfico, vitalidad, nivel de interactividad…) para luego cruzarlas con una herramienta de análisis de redes sociales, y así sacar conclusiones determinantes. A simple vista, Rajoy gana con holgada ventaja en todas y las redes estudiadas.

CONCLUSIONES

Si la prensa de izquierdas mostrase a Rajoy al estilo machacón que se gasta la caverna mediática al pintar a Rubalcaba, es decir, si presentaran a Rajoy como a un impostor sin programa de gobierno, que además es un pésimo gestor (Prestige, inmigración…) y un impresentable que no ha declarado lo que obtiene por su condición de Registrador de la Propiedad en Santa Pola en servicios especiales, esa parte indecisa del electorado tendría una visión mucho más concisa sobre el candidato que más posibilidades tiene de ganar las elecciones, no gracias a sus méritos -pues no ha hecho absolutamente nada para merecer la presidencia del gobierno-, sino a los deméritos de Zapatero y su equipo de ministros. Y huelga añadir, que a una crisis mundial sin precedentes, consecuencia de un ultra-neoliberalismo descontrolado al que nunca menciona.

Aún así, la sabiduría convencional conservadora ha trabajado fuertemente y con gran éxito sus bases a través de la prensa, la TDT, la radio, e internet, inoculando ideas infundadas sobre la crisis y creando la falsa sensación de que un cambio de gobierno es la solución a todos los problemas del país.

Cambiar la sabiduría convencional es una extasiante carrera de fondo. Las redes sociales son un arma de doble filo, pues por un lado difunden verdades que los grandes medios ocultan o disimulan, y por otro, flagrantes mentiras que algunos medios incluso patrocinan. Saber qué fuentes escoger, determinará no solo el futuro de nuestro conocimiento, si no el de la sociedad en la que vivamos, pues de todos nosotros dependerá su construcción o destrucción.

Las masivas protestas del pasado 15 de octubre han demostrado que la indignación, lejos de ser un “movimiento de extrema izquierda marginal antisistema” es universal y está creciendo, y ningún medio de derechas y sus tramposas maquinaciones (como la portada del ABC del 16 de octubre, por ejemplo) va a conseguir parar la incesante recriminación constructiva ciudadana con los políticos incompetentes que nos malgobiernan.

Todo indica que el PP arrasará en las próximas elecciones, lo que paradójicamente va a llevar a millones de votantes que el 20N lo apoyarán con su voto en las urnas, a repudiarlo en unos años (o incluso meses) por las altas expectativas basadas en mentiras que está generando. Es una situación absolutamente indeseable, pero cuando un gobierno socialista deja de gobernar en base a sus principios, y pasa a hacer de correveidile de los plutócratas, el advenimiento de la derecha más demagoga y populista está garantizado. Pero por una legislatura. No de por vida, ojo.

El futuro es de todos, no de una minoría y esta por construir. Las sociedades cambiarán a sus gobernantes las veces que hagan falta, hasta que estos gobiernen para todos y no solo para los ricos. Nunca ha habido más ni mejores herramientas para acelerar los cambios. Ahora “solo” falta aprovecharlas en beneficio de todos. Será una labor pedagógica y constructiva difícil, pero nunca imposible y desde luego, absolutamente necesaria.

JORGE G

http://thinkandsell.com/blog/
https://twitter.com/Jorgethink
Te recomendamos

#Highway2Sales

NH

Atresmedia

ADN by DAN

Compartir