¿Por qué sabemos lo que sabemos?

A veces, me gusta mirar bibliotecas porque creo ser capaz de hacerme una idea de las personas que no conozco en función de la biblioteca que tiene. El otro día mirando, algo absorto, los libros de mi biblioteca me acabó por sorprender la cantidad de temáticas de libros que he ido acumulando con el tiempo. Mi autoanálisis me resultó preocupante.

Me pregunté cómo he llegado a acumular esa cantidad de libros y diversidad temática, la respuesta: una mezcla de inacabable curiosidad, capacidad de entusiasmo y amplitud de intereses. Me di cuenta de que no soy un especialista en nada, lo que me provocó la sensación de que no sé nada de verdad y un hilo de ansiedad, desbordamiento e inundación de conocimientos incapaz de manejar. Una gran cantidad de esos libros nunca los he leído completos (uno o varios capítulos lo más normal). En resumen y de forma menos complaciente: un auténtico desorden.
La pregunta que me hice, más allá de la desazón, fue ¿Por qué sabemos lo que sabemos? Es una pregunta que se han hecho psicólogos y filósofos, además de estudiosos del cerebro durante siglos. Saber se ha convertido, especialmente en el ámbito profesional, en un enorme valor. Acumulamos –y olvidamos- conocimiento a partir del estudio y la experiencia. No obstante, la realidad y la velocidad a la que nos vemos obligados a desenvolvernos muchas veces nos permiten generar y tener conocimientos tácitos de los que ni hemos tenido experiencia previa ni hemos podido aprender con el estudio.
Es muy llamativo como en temáticas como Internet se pretenden presentar algunos expertos (globales) en determinados temas. Lo cierto es que no tardan en surgir otros expertos que desbancan a los anteriores a gran velocidad. En realidad, es casi imposible ser un experto en Internet debido a la incomensurabilidad de su significado y contenido. No obstante, hay quienes son capaces de con una cantidad limitada de conocimientos y tras haber pasado por encima de centenares de informaciones distintas construir un mapa razonable de la comprensión de Internet.
Esto, solo se consigue por un proceso de inferencia particular y no sujeto a posible aprendizaje. Por eso, es normal que en este tema –y otros muchos- el conocimiento se crea a partir no de una lógica pura racional sino de una lógica difusa (fuzzy). En síntesis, alguien llega a saber algo sin ser capaz de saber con exactitud cómo lo sabe. Su inteligencia es capaz de organizar unidades de conocimiento a partir no solo de la heterogeneidad sino del mismo caos de la ingente cantidad de información disponible.
Saber mucho sobre un tema es bueno, socialmente está premiado. Pero eso no le hace necesariamente un experto en cómo desenvolverse táctica ni estratégicamente en Internet y su aplicación al mundo empresarial. La prueba de ella es la práctica inexistencia de puentes en España entre universidad y empresas. Ni el hecho de que las generaciones nativas digitales sean más expertas que las que se iniciaron a mediados de los noventa; y áquellas hagan otra cosa que un uso funcional de Internet sin comprender su alcance y posibilidades, salvo excepciones.
En mi caso y de otros muchos -al menos no soy el único- nos movemos entre el entusiasmo de adquirir nuevos conocimientos y la ansiedad de no tener vidas suficientes para saber y conocer más. Entre la nostalgia de ser un experto, reduciendo todo el interés por el conocimiento a una mota de polvo en el universo, o ser un heterodoxo disperso intentando comprender más y mejor cada día. Incluso intentando comprender tanto lo nouménico como lo obvio. Intentando comprender el conocimiento más abstracto o una decepción personal.
Conclusiones:
· Nadie es un experto absoluto en ningún tema profesional, la velocidad y cantidad del conocimiento generado nos imposibilita a todos. Hay en quienes se puede confiar más y que saben transmitir mejor lo que saben.
· La ansiedad tiene aspectos positivos como mantenernos alerta sobre los cambios, la velocidad de los mismos y las derivas de la realidad profesional.
· Buscar la simplicidad no es simple, reducir lo complejo a lo elemental necesita de un profundo conocimiento que se adquiere también de la gestión eficiente de la complejidad del desorden, no de manuales.
· La actitud antes las novedades y nuevas ideas es muy importante, ni descartarlas de entrada ni abrazar todo lo nuevo. Mantener una postura de razonable escepticismo crítico y positivo es lo más saludable.
· Interactuar con otras personas que uno estima personal e intelectualmente y que no te van a dar o quitar la razón por sistema.
· Una cosa es pretender saber todo y otra, bien distinta, es estar dispuesto a escuchar y evaluar muchas informaciones. La canalización del conocimiento hacia otros no aporta al sujeto nada más allá de ser un transmisor sino se crea o recrea.
· Es la manera de estar en Internet, en el juego del intercambio y de divertirse de paso, al final uno sabe cosas que no necesariamente sabe porqué las sabe.

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Miguel del Fresno

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