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Carolina Bao Social Media Manager en Destinia

¿Será Pokemon Go el próximo Foursquare?

pokemon-go-turismo“¿Qué haces?”, “Ver si hay algún Pokémon en tu casa”. En tiempos anteriores, o sea unas semanas antes, mi amiga no habría buscado un Pokémon en la terraza, sino la botella de vino. “Parece que el orden de prioridades cuando invitas a alguien a cenar está cambiando a un ritmo vertiginoso”, pensé para mis adentros. Llevaba toda la semana infoxicada con el tema y resistiéndome como lapa a la roca a tener que introducirlo en mi marketing de contenidos. “Podemos hacer algo con Pokémon Go”, leimotiv empresarial. Y yo escurriendo el bulto. Pero al final, por exigencias del guión, como cualquier político, tuve que romper mis promesas electorales.

Mientras contemplaba el fenómeno a media distancia, 75 millones de personas se descargaban la aventura del momento y las acciones de Nintendo subían exponencialmente para luego volver a caer –adiós a la fiesta bursátil–. La filial japonesa de McDonalds corría a pedirle a la creadora de Super Mario que por favor convirtiese a sus 2.900 establecimientos en punto de encuentro para adeptos a la saga, o sea en pokeparadas y gimnasios. Benidorm se autoproclamaba destino grato para atrapar Pikachus y compañía; y un joven emprendedor de Bogotá ideaba una visita guiada por la capital colombiana en una furgoneta con wifi persiguiendo bichejos –eso que la app ni siquiera está disponible en el país–. Y una cantidad ingente de aplicaciones móviles de diversa índole nacían para complementar al fenómeno: desde un coacher personal para que no te desanimes si no capturas suficientes criaturitas hasta otras que te permiten localizar los Pokémon más cercanos, pasando por una muy práctica que sirve para ahorrar batería.

Como siempre que sucede un fenómeno tecnológico de estas dimensiones, el mundo se divide en apocalípticos e integrados –sin imaginarse el grandísimo Umberto Eco que su dicotomía creada en 1964 pudiera tener una vigencia tan clara en la actualidad –. Que si los chavales ya no leen, que si es peligroso, que si nos estamos volviendo definitivamente gilipollas… Cada acontecimiento pertenece al contexto en el que nace y de ese modo deberíamos de analizarlo. Personalmente hay varias cosas que me parecen muy interesantes: que haya resurgido un juego antiguo, que alguien haya logrado que la realidad aumentada por fin cuaje, la vuelta de tuerca al uso comercial de la geolocalización, la velocidad con la que se ha extendido y la acogida intergeneracional, que tal vez demuestre definitivamente, que lo millennial es una actitud ante la vida y no una franja de edad.

Por supuesto, a toda reacción humana espontánea le siguen muchas marcas deseando capitalizarla. En lo que a turismo se refiere, han surgido más iniciativas además de las citadas anteriormente. Y todavía quedan muchas por imaginar, si el milagro perdura: una ruta en Mini por el Madrid de los Charmanders; muchos japoneses aglutinados delante del Guernica con sus móviles para cazar el Bulbasur oculto en el cuadro; desayuno bufé gratis si logra encontrar el Pikachu escondido en el hotel; viaje a Corea del Norte con Destinia y capture a los Pokémon secretos de Kim Jong-un –mientras repaso este artículo Antena 3 acaba de publicar que los fans de la saga dicen que hay uno en su palacio presidencial–; incluirlo en los tours viajeros con gafas de realidad virtual; o quién sabe si incluso las marcas podrán crear nuevos superpoderes con sus nombres –algo así como los filtros de Snapchat– o patrocinar nuevas especies de Pokémon.

¿Se convertirá en el próximo Foursquare o Swarm, sólo que combinado un con gaming que funciona? De momento, el futuro es incierto, pero hay algo que está claro: viajar está cobrando una nueva dimensión. Y avanza como una exhalación.

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