Storytelling, la panacea apócrifa del marketing contemporáneo

A Christian Siempre le encantó que le contaran un cuento antes de irse a dormir. Indistintamente de si se lo contaba su padre, su madre, su abuela o la canguro, que él recuerde, de niño se negaba a dormirse sin escuchar antes una buena historia. Era como un ritual.  Después del cole, los deberes; después de la cena, un cuento.

La magia de los relatos que escuchaba, le preparaba para afrontar con ilusión el temprano despertar de  la mañana siguiente. Unas noches se dormía sin escuchar el final, otras se lo tenían que contar varias veces, porque no había manera de que se durmiera y otras se quedaba sin cuento por malo.

Lo que más le gustaba era soñar con la historia que acababa de escuchar. Y más aún, darse cuenta de que estaba soñando y podía hacer lo que le viniera en gana, con la tranquilidad de que hiciera lo que hiciera, sus actos no tendrían consecuencias de ninguna clase para nadie.

Al ser consciente de estar soñando, disfrutaba de una inconclusa fantasía efímera que nunca volvería a repetirse.  Inconclusa, porque siempre le despertaban antes de que acabase, y efímera, porque –como todo lo bueno- siempre duraba mucho  menos de lo que le hubiera gustado que durase.

Despertar dentro de un sueño, no era lo más habitual, sino algo bastante extraordinario. El sueño se convertía así en una experiencia mucho más disfrutable: Le concedía la impagable oportunidad de experimentar esa clase de sensaciones que su acotado y sobreprotegido escenario infantil le negaba. Le permitía dar el sentido que se le antojara al evanescente trayecto nocturno, que por desconocidos mecanismos psicológicos, acariciaba por sorpresa algunas noches.

Con mayor frecuencia, sus sueños eran como los de todos los demás: inconscientes y fortuitos. Unos los disfrutaba y otros los sufría; unos los recordaba y otros los olvidaba;  unos los compartía y otros los escondía. No tenían ninguna particularidad, más allá de ser “suyos”.

¿Con qué soñaba Christian? ¿Quiénes eran los personajes que le escoltaban por sus oníricos senderos?  ¿Cómo eran aquellos lugares de su imaginario?  Son algunas de las infinitas preguntas que desde hace siglos llevan haciendo y haciéndose muchos de aquellos que en algún momento han tenido que desentrañar o influir sobre la manera en que las personas se decantan por unas cosas, o por otras.

Si bien el estudio del significado de los sueños nunca ha sido una materia abonada al consenso entre las ciencias sociales, como la psicología o la sociología,  gracias a la mitología, podemos hacernos una idea del tipo de sueños que más abundan en nuestros coetáneos, pues son muchas las coincidencias que existen entre la simbología de los sueños y algunos de los elementos más característicos de los mitos.

Joseph Campbell, autor de “El héroe de las mil caras. Psicoanálisis del mito”, obra que inspiró a George Lucas en la concepción de la saga Star Wars -y de cuya estructura pueden extraerse sin excesiva dificultad las tramas de algunos de los mayores éxitos cinematográficos de la historia del cine, como las series de Indiana Jones, Batman, Matrix, o incluso Harry Potter- dedicó su vida a analizar y comprender los distintos grupos de mitos y cuentos populares de todas partes del mundo, para llegar a la conclusión de que indistintamente de su origen, estos compartían muchas más semejanzas de lo que popular y políticamente se suponía (y aún se sigue suponiendo). Una frase de su prólogo lo resume así: La verdad es una, los sabios hablan de ella con muchos nombres.
Hoy, el interés por la mitología se ha difuminado inadvertidamente en lo que está convirtiéndose en la panacea apócrifa del marketing contemporáneo: el Storytelling.
El marketing no consiste en contar historias

El relato, que ha constituido siempre una de las grandes categorías del conocimiento que utilizamos para comprender y ordenar el mundo, está siendo “redescubierto” por toda una pléyade de... (Puedes terminar de leer el artículo en mi blog)

JORGE G

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