Enrique Dans Senior Advisor for Innovation and Digital Transformation en IE University

Tecnología y regulación: pagando las consecuencias

El ayuntamiento de San Francisco hace pública la adjudicación de las dos licencias que ofrece para la operación de plataformas de patinetes eléctricos, y lo hace decidiendo en favor de dos de los competidores más pequeños e inesperados, Scoot y Skip, en lugar de optar por los pioneros y creadores del movimiento, Bird y Lime, o por las dos compañías más destacadas en movilidad en la ciudad, Uber y Lyft, que también proponían alternativas en ese ámbito.

La decisión se presenta precisamente como una bofetada a las compañías que, llevando al límite la política de “mejor pedir perdón que pedir permiso“, provocaron un problema al ayuntamiento, que tuvo que capear las protestas de los ciudadanos, pensar a toda prisa en alternativas para la regulación del tema, y tomar medidas provisionales como la retirada de más de quinientos patinetes mal estacionados en calles y aceras. Que plantear una especie de venganza o hacer pagar a esas compañías por sus decisiones pasadas sea una decisión racional o termine evitando, en realidad, que la licencia sea operada por los competidores que pudiesen estar realmente más preparados o tuviesen más experiencia es una cuestión cuyas consecuencias solo podremos valorar en retrospectiva.

Otra ciudad californiana, Santa Mónica, ha anunciado también su decisión al respecto y ha optado por conceder cuatro licencias a Bird, Lime, Lyft y Jump (propiedad de Uber), que podrán operar un total de 750 vehículos eléctricos cada una, repartidos entre bicicletas y patinetes. En San Francisco, la licencia permite a Scoot y Skip poner en la calle 625 patinetes durante los primeros seis meses en pruebas, y llegar a los 2,500 cada una a partir de ahí.

Scoot es una de las compañías más pequeñas en este ámbito: opera en San Francisco, donde lleva desde 2012 gestionando una flota de motocicletas eléctricas, y desde hace poco en Barcelona. Skip, por su parte, es también relativamente pequeña con respecto a sus competidores, tiene tan solo unos mil patinetes en operación en Portland y Washington DC, ha obtenido únicamente 31 millones de dólares en financiación, frente al estatus de unicornios de algunos de sus competidores, y se planteaba como la más inclinada a seguir las reglas y operar de manera respetuosa con los ayuntamientos. La decisión supone un revés para los planes de compañías como Uber y Lyft en el icónico y mediático mercado de San Francisco, aunque todo indica que sus planteamientos con respecto al papel de los patinetes en los desplazamientos urbanos se han convertido en una parte integral de su estrategia: Uber, de hecho, ha anunciado estar trabajando en el diseño y construcción de su propio vehículo.

Pasada la primera etapa de introducción no regulada y por la vía de los hechos, y las primeras oleadas de protestas de algunos ciudadanos, todo indica que estamos ya no solo en la fase de expansión internacional, sino además en la de consolidación, en la que los ayuntamientos se dan cuenta de que este tipo de vehículos tienen, en realidad, un potencial papel importante en el transporte urbano. Licencias, planteamientos sobre los lugares en los que pueden o deben circular de manera segura, y esquemas de compartición de datos con aplicaciones como Citymapper o con los propios ayuntamientos para que entiendan las circunstancias y flujos de la movilidad en sus ciudades. Ahora, estamos en la fase en la que veremos cómo cada ciudad decide conceder licencias y licitarlas en función de diferentes criterios, una fase que terminará cuando algunos de los competidores en determinados mercados se demuestren mejores que otros o consoliden su expansión mediante fusiones y adquisiciones. Lo que no cabe duda ya es que los patinetes eléctricos en modalidad de uso compartido van a formar parte del ecosistema de nuestras ciudades en el futuro más pronto o más tarde junto con otros vehículos como bicicletas o motocicletas, que se plantean como un paso más en la muy deseable reducción del número de automóviles particulares en circulación, y que el hecho de que los ayuntamientos lo entiendan lo antes posible va a resultar fundamental.

Enrique Dans
Senior Advisor for Innovation and Digital Transformation en IE University

Vía: Erique Dans

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