Manuel Piedrahita

¿Un periodista para presidir RTVE?

No creo que volvamos a los años fundacionales cuando el Gobierno en Consejo de Ministros nombraba al entonces director general del Ente público RTVE, ateniéndose al Estatuto de 1980. Pero lo parece si nos atenemos a los últimos acontecimientos donde se discute sobre cómo resolver ese nombramiento, pero sin que ningún grupo político plantee la reforma de dicho Estatuto.

El que fuera director general de RTVE, Luis Solana, se refirió al concepto de «televisión del Estado». Para él no había la menor duda sobre quien debía nombrar al director general: «¿Quién ha ganado las elecciones? ¿Quién nombra a las distintas piezas del Estado que se derivan de un triunfo electoral?». Está claro como así ha ocurrido desde siempre: quien ganaba las elecciones tenía la sartén por el mango.

Pedro Sánchez, que aún no ha ganado las elecciones, ha planteado con urgencia el nombramiento de presidente de la hoy Corporación. Las prisas no solo no resuelven el problema, sino que lo empeoran. Aparte de la voracidad que muestran los grupos políticos por colocar a personas de su confianza al frente de RTVE, hay asimismo un error de bulto: que el presidente sea un periodista. Como si la radiotelevisión solo fuera los Servicios Informativos, que sí deben tener a su mando un periodista. Aunque, en realidad, a los grupos políticos solo les interesan los telediarios.

La televisión es cine, teatro, música, seriales, documentales, etcétera. Y, sobre todo, la radiotelevisión pública sí que debía ofrecer esa «asignatura obligatoria de valores cívicos» a la que se ha referido la ministra Isabel Celaá. Mucho se discute sobre la Educación, pero qué poco sobre el papel que podría jugar la programación de una verdadera televisión pública para elevar el nivel cultural y cívico de los españoles. No se trata solo de que el presidente sea un buen gestor, sino que crea en la televisión de la sociedad, por encima de las aspiraciones electorales de los partidos. Comprendo que ya es muy tarde, es casi imposible, encontrar a una persona con esas cualidades. Y que sea elegida…

Paolo Vasile, consejero delegado de Mediaset España, sí sería capaz de dirigir una televisión pública, ahora que tanto se habla de posibles nombres. Lo acaba de decir durante una entrevista publicada en EL MUNDO. Aunque, a renglón seguido, ha dicho: «Pero en España es imposible gestionar una televisión pública hasta que no se cambie el convenio (Estatuto) que la rige». Me congratulo de esta opinión que mantengo desde hace mucho tiempo, ahora que se prevé un concurso público y se silencia el Estatuto de 1980 consensuado por el PSOE y UCD. La Radiotelevisión Estatal tiene de pública solo el nombre. Es coto privado del Gobierno central de turno y de los Gobiernos de las comunidades autonómicas.

Estos días que se cotillea con nombres de periodistas, escrutando su currículo ideológico, me viene a la memoria Pilar Miró, que conocía bien La Casa. En los nombramientos no se atuvo al carné partidista, sino a la profesionalidad. Alguien debió decir: con las cosas de informar adecuadamente no se juega. Y el PSOE, que la nombró, la destituyó.

En una mesa redonda celebrada durante uno de los cursos de verano de El Escorial, en agosto de 1990, participaron algunos ex directores generales de RTVE. Pilar Miró criticó el Estatuto y dijo: «El director general en ningún caso debe ser nombrado por el Gobierno, sino por consenso de todos los grupos parlamentarios». Y sobre la independencia de los consejeros de RTVE, afirmó: «Dudo mucho que lo puedan ser mientras sean nombrados por los partidos».

Se adelantó a la realidad, a la aparente panacea de la nueva e insólita modalidad de elección del presidente de la Corporación, mediante concurso público, aparte de un intrincado sistema de votación. ¿Significa que, por fin, RTVE ya será independiente del Gobierno?

Como ya he dicho en otras ocasiones, no es de esta optimista opinión Paolo Vasile: «Que nos vendan como un gran salto democrático que la televisión pública, en lugar de responder al Gobierno responde al Parlamento, es ingenuo. Ya sabemos el tipo de alianzas torticeras que se pueden hacer entre grupos parlamentarios para que todo siga igual».

AUNQUE LO dijo hace tiempo en estas páginas de EL MUNDO, lo de torticeras se podía aplicar a lo que leemos, vemos y oímos estos días.

¿Cómo se podría reformar RTVE para reforzar la democracia española, tan necesitada de ayuda mediática? Por lo pronto, deshacer el entuerto al que me he referido en libros, artículos y conferencias, tan bien expresado por el catedrático de Derecho Administrativo Santiago Muñoz Machado. Puso el dedo en la llaga al reflexionar sobre el concepto de servicio público:

«Desde hace más de un siglo, las leyes administrativas usan el concepto de servicio público para referirse a organizaciones de las Administraciones públicas que ofrecen prestaciones de utilidad relevante para los ciudadanos. Desde el abastecimiento de agua, a la sanidad o la educación. Esa es la noción que el estatuto de RTVE de 1980 utilizó para aplicarlo a la televisión (…) Aunque el Tribunal Constitucional ha colaborado con su jurisprudencia a mantener la confusión, es más que claro que el concepto de servicio público aplicado a la televisión no tiene nada que ver con la manera de cómo se organiza la televisión, ni siquiera con su vinculación al poder público (…) Un servicio que tiene que tener en cuenta la formación de la opinión pública libre, ha de ser gestionado con suficiente independencia para evitar la influencia, sobre los contenidos de la programación, del Gobierno de turno».

Seamos sinceros y no ingenuos. Es un imposible cuando estamos asistiendo estos días a un obsceno reparto de poder. Por desgracia, de reformar el Estatuto, ni hablar…

Manuel Piedrahita es ex corresponsal de TVE en Alemania y autor de El rapto de la televisión pública.

Vía: El Mundo

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