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3 lecciones de branding que las marcas pueden aprender del único e irrepetible Bill Murray

Bill MurrayBill Murray, el inolvidable Peter Venkman de Cazafantasmas, lleva activo en el universo del celuloide desde finales de los 70. Y lo cierto es que, pese a su longevidad en el veleidoso mundo del espectáculo, su viejo brillo no se ha desgastado y los cineastas siguen acudiendo a él como abejas a la miel.

Y eso que contactar con este intérprete fuera de serie no es fácil ni mucho menos. Murray no tiene ni agente ni publicista, por lo que la única forma de hacerle llegar papeles es a través su número de teléfono personal, un teléfono personal en el que el actor se muestra terriblemente escurridizo.

Al marcar este número de teléfono, es un contestador automático “mudo” el que responde y recibir una réplica o no es algo que depende única y exclusivamente de Bill Murray.

La forma en que Bill Murray gestiona su propia marca personal es única y seguro que para muchos también estrafalaria, pero lo cierto es que hay muchas lecciones de branding que las empresas pueden aprender del legendario actor estadounidense. A continuación, y de la mano de Inc., repasamos las más importantes:

1. Murray deja que los demás definan su marca por él. El actor deja que su marca se cuele tanto en comedias estúpidas (Meatballs) como en películas serias (Lost in Translation) y de esta forma que sabe en todo momento lo que la industria piensa de él y de su marca personal.

2. Es un actor que está incrementando exponencialmente su atractivo dejándose caer a cuentagotas en el séptimo arte. Cuanto más difícil es conseguir algo, más gente lo desea.

3. Haciéndose escurridizo como una anguila, Murray consigue que la gente que se pone en contacto con él para ofrecerle algún papel se tome muy en serio por qué quiere contar con él en su película.

El branding “made in Billy Murray” no tiene nada de convencional, pero ¿acaso el éxito se consigue siguiendo a rajatabla las convenciones?

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