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Dove o cómo aniquilar el peligroso legado de complejos que las madres dejan a sus hijas

DoveDurante la última década Dove ha logrado con sus fantásticas campañas publicitarias que su marca se convierta en sinónimo de "belleza real" y de "autoestima". Pero la filial de Unilever no se ha apoltronado ni mucho en el trono del éxito y sigue regalándonos auténticas joyas publicitarias.

La última de esas joyas publicitarias se llama "Legacy" (Legado), un spot en el que Dove pone el dedo en la llaga sobre algo que muchas mujeres pasan a menudo por alto: que sus hijas no son sólo herederas de su belleza sino también de sus complejos.

En el anuncio, creado por Ogilvy París, cinco mujeres escriben dos listas: una con las cosas que les gustan de su propio cuerpo y otra con las que odian. Sin embargo, estas cinco mujeres no están solas haciendo sus “deberes”. Sus hijas deben enfrentarse también a la tarea de escribir estas dos listas.

La sorpresa, o quizás la decepción, viene cuando las mujeres leen las listas escritas por sus propias hijas, unas listas que son desalentadoramente similares a las suyas propias. Si a la madre no le gustan sus piernas, a la hija tampoco, si a la progenitora no le gustan sus ojos, a su pequeña tampoco y así sucesivamente.

Sin embargo, el spot no termina ni mucho menos con la descorazonadora conclusión de que los complejos se heredan sino con otra mucho más optimista: que las mujeres dejan también a sus hijas como legado su propia belleza. Y que cuanto más positivamente valoren las madres su propio cuerpo, más positivamente se aproximarán también sus hijas a su propio físico.

A los peligrosos complejos que tanto merman la belleza femenina se les combate, según Dove, con una dosis “mortal” de autoestima.

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