Cuando Supergirl desembarcó en las salas de cine el pasado mes de junio, la cinta, amparada por un colosal presupuesto de 170 millones de dólares, parecía tenerlo a bote pronto todo su favor para mutar en un auténtico «blockbuster». Con el soporte de DC Studios y Warner Bros. y un presupuesto de marketing de más de 115 millones de dólares, la película protagonizada por Milly Alcock reunía a priori todos los ingredientes que se le presuponen a un taquillazo.
Sin embargo, el filme ha terminado protagonizado un cacareado batacazo en taquilla (que nadie pareció prever). Supergirl clausurará previsiblemente 2026 con un recaudación de alrededor de 100 millones de dólares en taquilla en Estados Unidos y de poco más de 200 millones de dólares en todo el mundo. Si estas cifras finalmente se confirmaran, la cinta arrastraría unas pérdidas de 120 millones de dólares.
El caso de Supergirl contrasta con el de otra película con bastantes menos ínfulas y también bastante más éxito: Iron Lung. Producida por el youtuber Markiplier, cuyo nombre real es Mark Fischbach, y basada en un videojuego del desarrolladores independiente David Szymanski, esta cinta costó apenas 3 millones de dólares. Y sin ningún presupuesto de marketing que respaldara su promoción (salvo el «fandom» de naturaleza orgánica de Markiplier en YouTube), Iron Lung ha recaudado ya más de 50 millones de dólares en todo el mundo (y se ha revelado, por ende, bastante más rentable que Supegirl).
El éxito en la industria del entretenimiento ya no se cocina en Hollywood, sino en las redes sociales
Aunque algunos ejecutivos de Hollywood prefieren hacer oídos sordos a la que es todas luces una realidad (por mucho escueza), lo cierto es que en los tiempos que corren el éxito (con mayúsculas) en la industria del entretenimiento está en buena media medida a merced del «fandom» nacido de la entrañas de las redes sociales.
Y hay, de hecho, datos que lo corroboran. Según un estudio publicado por Deloitte en 2025, el 56% de la Generación Z y el 43% de los millennials catalogan el contenido que llega a sus ojos a través de las redes sociales como más relevante que lo que ven en la televisión.
Actualmente el 35% de los consumidores de todos los grupos de edad invierten más tiempo consumiendo vídeos en las redes sociales que contemplando series y películas en plataformas de vídeo en streaming como Netflix y Disney+. En Estados Unidos, sin ir más alejos, YouTube es líder en el mercado de las plataformas de vídeo en streaming y se sitúa tan sólo un 5,4% por detrás del consumo de toda la televisión en abierto en su conjunto, tal y como recoge Fast Company.
Si Supergirl ha fracasado en las salas de cine y Iron Lung ha sido bendecida, por el contrario, con el éxito en taquilla, es en buena medida porque en la segunda la influencia del contenido orgánico en las redes sociales fue mucho más mayor. Series como Más que rivales y películas como Obsession y Backrooms deben igualmente su éxito al contenido orgánico que ha brotado a borbotones sobre ellas en las redes sociales. Se trata de algo que tiene todo el sentido el mundo si tenemos en cuenta que el 63% de los espectadores menores de 36 años eligen mayoritariamente las series y las películas que consumen en base a los vídeos que contemplan en las redes sociales.
Hollywood está poniendo ya ojitos a las redes sociales
En vista de esta contundente cifra, muchos estudios y productoras están incrementando el presupuesto consagrado a la creación de contenido enfocado a las redes sociales (que es hoy casi más importante que los tráilers y las campañas publicitarias tradicionales). Y la irrupción de la IA ha terminado teniendo un efecto balsámico en la gestión de la ingente cantidad de contenido que la industria del entretenimiento tiene a bien volcar en las plataformas 2.0.
En los próximos años se espera que la presencia de los estudios y las productoras en las redes sociales sea aún más conspicua y el aumento del contenido procedente de la industria del entretenimiento en las plataformas 2.0 se traducirá también probablemente en nuevas oportunidades para los anunciantes en estos canales de la mano del «product placement» de naturaleza digital.
Hollywood ha comprendido que no tiene sentido esforzarse en desviar la atención del público de las redes sociales y está trabajando ya activamente en tomar parte en la fiesta 2.0. En las redes sociales los grandes estudio deben, no obstante, ir con pies de plomo, pues no pueden permitirse el lujo rebajar la calidad de su contenido. Se trata de mantener la calidad a la que la audiencia ya está acostumbrada desde siempre, pero cobijándose en formatos más breves y verticales.
Sólo zambulléndose de lleno en las redes sociales Hollywood podrá reconquistar a su audiencia y convencerla entre «scroll» y «scroll» de que acuda al cine (o en su defecto a las plataformas de vídeo en streaming) para contemplar sus producciones.





