Los videojuegos, durante años relegados a un segundo plano dentro del ecosistema mediático, han terminado por romper ese techo de cristal para convertirse en mucho más que una simple forma de entretenimiento. Actualmente vemos como el gaming se muestra como un espacio donde además de jugar, se puede llegar a socializar a la vez que se construye una identidad y se participa activamente en la cultura digital.
Así lo confirma el informe Ready Player Brand de Dentsu, que presenta un cambio importante que ya se intuía, y es que los videojuegos han pasado de ser un canal de nicho para consolidarse como un punto de encuentro masivo. De hecho, el 70% de la población del Reino Unido juega a videojuegos de alguna forma, un dato que desmonta completamente los viejos clichés asociados al sector.
Pero más allá del volumen de jugadores, lo realmente significativo es cómo está cambiando el reparto de la atención, ya que se presenta un panorama en el cada vez son más los usuarios que están restando tiempo a otros canales digitales para dedicarlo al gaming. Uno de cada cuatro usuarios afirma que pasará menos tiempo en redes sociales, mientras que uno de cada cinco reducirá su consumo de series y películas en streaming. Esto no significa que se presente una sustitución inmediata, pero sí un cambio de hábitos que empieza a inclinar la balanza.
El gaming es el nuevo centro de atención
En este contexto, el gaming, donde conviven la evasión, la creatividad y la conexión social, funciona como un nuevo entorno relacional. «Es donde las personas construyen su identidad, conectan con comunidades y experimentan la cultura», explica Brent Koning, director global de gaming en Dentsu. Y esa dimensión social es especialmente evidente entre los más jóvenes, quienes en muchos casos, además de jugar también hacen amigos, se expresan e incluso se sienten más ellos mismos dentro de estos espacios.
En paralelo, el crecimiento del sector no se limita ni a lo actual, ni a lo económico, y es algo que el estudio presentado por Dentsu deja en claro, proyectando previsiones que sitúan su valor en los 350.000 millones de dólares en 2030, posicionando al gaming como uno de los grandes polos de atracción para marcas y anunciantes.
Plataformas como Roblox reflejan bien esta evolución, al juntar juego, comunidad y comercio en un mismo entorno, compitiendo directamente con gigantes como TikTok por la atención de las nuevas generaciones.
Sin embargo, no todas las marcas están sabiendo leer este cambio al mismo ritmo, ya que muchas de ellas siguen abordando al gaming como un territorio experimental, vinculado a presupuestos de innovación que no siempre tienen continuidad. Una aproximación que, según el propio informe, limita su verdadero potencial.
Participar o molestar: la delgada línea de las marcas en el gaming
Entrar al mundo del gaming no es simplemente estar presente, ya que si bien los jugadores en general, no rechazan la presencia de marcas, sí son exigentes con cómo se integran. Valoran que aporten algo a la experiencia, que entiendan el contexto y que no resulten intrusivas. En otras palabras, prefieren marcas que participen antes que marcas que interrumpan.
En este sentido, el reto para los anunciantes pasa por cambiar el enfoque y dejar de solamente pensar en impacto para empezar a pensar en experiencias, y entender que el gaming no resulta un soporte más, sino que se trata de un entorno con sus propias reglas, códigos y dinámicas.





