El termómetro se prepara para romper récords otra vez y los españoles ya se ven venir lo peor, pues un rotundo 80% de la población está convencido de que este verano apretará con más fuerza que los anteriores frente a un optimista 2% que confía en tener meses más frescos, según un estudio de YouGov. Esta perspectiva sofocante mantiene en vilo a seis de cada diez ciudadanos, quienes sufren por el impacto directo del calor en su salud y por unas noches imposibles que amenazan con arruinar la calidad del sueño de más de la mitad de la población.
Por su parte, la preocupación medioambiental también escala posiciones entre el público femenino, mientras que los más jóvenes sufren el calvario adicional de intentar concentrarse frente a los apuntes o la pantalla de la oficina a treinta grados a la sombra.
El dolor del bolsillo al instalar un aire acondicionado
El mapa de la climatización en España demuestra que la geografía manda a la hora de buscar cobijo frente al sol, situando al levante a la cabeza del equipamiento doméstico con un impresionante 81% de casas preparadas, seguido por el sur con un 72% y el noreste con un 69%. El contrapunto más llamativo aparece en el norte peninsular, donde la penetración se desploma hasta un tímido 11% de los hogares debido a que un tercio de sus residentes afirma que sencillamente no lo necesita.
La historia cambia por completo en las zonas donde aprieta el calor, ya que la barrera del precio se convierte en el gran enemigo para quienes aún no tienen un aire acondicionado, dividiéndose a partes iguales entre el dolor que produce el presupuesto de instalación y el miedo al consumo posterior.
El pánico a la factura eléctrica
Para el 60% de los afortunados que ya cuenta con un sistema de refrigeración en su residencia habitual, el aire acondicionado ha dejado de ser un capricho veraniego para transformarse en un auténtico salvavidas de uso diario.
Según el estudio de YouGov, casi la mitad de los usuarios lo mantiene encendido durante largas tandas cada jornada para sobrevivir a las horas centrales del día, mientras que una cuarta parte prefiere ráfagas más breves pero igualmente indispensables para mantener la casa habitable. El reverso de este idilio veraniego llega en forma de susto energético, ya que más de tres cuartas partes de los encuestados miran con auténtico pánico el contador de la luz y solo un valiente 10% asegura que el importe del recibo le deja completamente indiferente.





