La inteligencia artificial (IA) ha terminado echando sus tentáculos en casi todas las parcelas de nuestras vidas y nuestro relación con esta tecnología ha terminado también normalizándose hasta cierto punto. Sin embargo, ¿se ha convertido también en la norma la cada vez más ubicua publicidad generada con IA? La respuesta a esta pregunta es mucho más compleja de lo que puede parecer a bote pronto, pues aunque la IA está efectivamente normalizándose, el consumidor tiene simultáneamente un anhelo cada vez más profundo por las conexiones humanas verdaderamente genuinas.
En «The Future 100: 2026», un informe anual de tendencias de VML, la agencia del grupo WPP entrevistó a casi 16.000 adultos procedentes de 16 mercados diferentes para analizar la psique del consumidor actual y sondear su relación con la IA. Y la conclusión es que, si bien el consumidor está efectivamente abierto a ser confrontado con anuncios generados con IA, su parecer no es, sin embargo, tan positivo cuando están involucrados formatos que están mucho más influidos por las emociones (y donde debe primar a sus ojos la creatividad humana).
El 56% de los consumidores admite que constatar que un anuncio fue alumbrado mayoritariamente con IA no impactaría en su percepción del resultado final (ni positiva ni negativamente). En cambio, solo el 44% aceptaría de buen grado la música creada con IA, pues se trata de un contenido mucho más conectado con las emociones humanas que el consumidor no está dispuesto a ceder así como así a la tecnología de moda.
El consumidor acepta la IA en la publicidad, pero no quiere que esta tecnología se adueñe de las emociones
Estos datos trazan guías muy claras para las marcas en su manera de aproximarse a la IA. Y es que, aun cuando la IA se perfila como una sensacional herramienta para acelerar y escalar los procesos creativos, se topa de bruces con no pocos límites cuando se vincula a formatos profundamente emocionales.
Así y todo, la frontera que separa a los personas humanas de carne y hueso de las máquinas se está emborronando cada vez más, en particular entre los jóvenes adscritos a la Generación Z. Y casi la mitad de los centennials confiesa haber forjado relaciones significativas con la IA (un dato que demuestra que el escenario imaginado en películas como Her podría convertirse muy pronto en realidad).
El apego emocional de los más jóvenes a los algoritmos inaugura para las marcas enfoques totalmente nuevos a la hora de dar alas a las interacciones personalizadas con la inestimable ayuda de la IA. Sin embargo, las marcas deben desplegar igualmente mucho tacto y sensibilidad a la hora de abrazar la IA para no erosionar la confianza de la Generación Z. Lo que parece claro es que la IA no ya es meramente una herramienta, sino también una aliada para las marcas a la hora de dar fuelle a las interacciones con el consumidor dentro del «customer journey».





