La reputación empresarial se ha convertido en uno de los activos más vulnerables de las compañías españolas en un contexto marcado por la disrupción tecnológica, la crisis climática, la presión regulatoria y las tensiones geopolíticas. Así lo revela el informe «Antifragilidad: Análisis de Riesgos Corporativos en España», elaborado por LLYC, que analiza más de 3,2 millones de mensajes en X sobre casi 3.000 empresas durante año y medio.
El estudio logra identificar hasta 137 riesgos reputacionales, destacando tres dimensiones críticas: Contribución, relacionada con sostenibilidad, cohesión social y transición energética; Integridad, vinculada a denuncias de corrupción o irregularidades; y Credibilidad, asociada a fallos internos o externos que cuestionan la fiabilidad de las compañías.
Sectores más sensibles y la urgencia d e la antifragilidad
Según LLYC, la incertidumbre ya no es un hecho puntual sino un entorno permanente que amplifica cualquier incidente. Problemas operativos, denuncias o fenómenos climáticos extremos dejan de ser contratiempos aislados y se convierten en cuestionamientos públicos que pueden afectar a sectores completos.
Los sectores de transporte y logística y energía son los más sensibles. La falta de claridad en la resolución de incidencias ferroviarias o eventos como el apagón eléctrico del 28 de abril de 2025 han evidenciado la fragilidad de las infraestructuras críticas y la necesidad de planes de prevención más sólidos.
El informe subraya que gestionar los riesgos reputacionales exige anticipación y antifragilidad, pasando de una comunicación reactiva a integrar la gestión de riesgos en todas las áreas de la compañía. La clave está en transformar la presión social en una oportunidad de legitimidad y reforzar la confianza de los ciudadanos.
«La reputación se ha convertido en un activo estratégico que condiciona la continuidad y la competitividad de las compañías. Gestionar los riesgos ya no significa reaccionar ante la crisis sino anticiparse a ella y convertir la incertidumbre en ventaja competitiva», explica Alba García, Directora Senior de Crisis, Riesgos y Litigios en LLYC.
El informe presentado por LLYC concluye que las empresas que incorporen la antifragilidad en su cultura estarán mejor preparadas para resistir la presión de un entorno cada vez más volátil y reforzar su legitimidad social.





