Con su nueva y controvertida política arancelaria, que ha hecho saltar por los aires los parqués bursátiles a lo largo y ancho de todo el globo, Donald Trump quiere obligar a las grandes corporaciones estadounidenses a trasvasar su producción (al menos parcialmente) a su patria chica para que no dependan tanto de proveedores extranjeros. En la larga nómina de empresas a las que Trump quiere forzar a instalar factorías en suelo estadounidense está, como no podía ser de otra manera, Apple, que para eso tiene la vitola de ser la joya de la corona de la floreciente industria «techie» en Estados Unidso.
En un encuentro con los periodistas celebrado este martes Karoline Leavitt, la secretaria de prensa de Trump, aseveró que el presidente de Estados Unidos tiene el pleno convencimiento de que el país norteamericano tiene la mano de obra y los recursos suficientes para fabricar los iPhones de Apple en el país natal de la empresa de la manzana.
«Apple ha invertido 500.000 millones de dólares en Estados Unidos. Si Apple pensara que Estados Unidos no tiene realmente capacidad suficiente para asumir la fabricación de sus productos, no habría invertido probablemente tanto dinero en este país», recalcó Leavitt. A finales de febrero la compañía de Cupertino anunció efectivamente una inversión de 500.000 millones de dólares en Estados Unidos, si bien no especificó en ningún momento que esta importante suma de dinero fuera a ser consagrada al traslado de la producción de sus dispositivos al país norteamericano (como pareció sugerir Leavitt este martes).
¿Es realmente factible trasladar a Estados Unidos la producción del iPhone y otros dispositivos de Apple?
El debate sobre la eventual reubicación en Estados Unidos de las fábricas donde se producen actualmente los dispositivos de Apple fue propiciado en realidad por unas declaraciones de Howard Lutnick, secretario de comercio de Estados Unidos. El pasado domingo Lutnick aseguró en un programa de televisión que el «ejército de millones y millones de personas» que fabrican iPhones en los países asiáticos podía ser perfectamente replicado en Estados Unidos, donde, según el secretario estadounidense, se automatizarían además notablemente los procesos.
Sin embargo, trasladar a Estados Unidos las factorías donde se producen a día de hoy los «gadgets» de Apple no es tan fácil como parece a bote pronto. La empresa de la manzana ya lo constató en su día de primera mano en 2019. Hace seis años los de Cupertino decidieron comenzar a fabricar en Estados Unidos, en Texas para más señas, algunas unidades del MacBook Pro, el ordenador portátil de más relumbrón de Apple. Y los problemas no tardaron en emerger a la superficie. Para la fabricación del MacBook Pro Apple encomendó a una pequeña empresa domiciliada en Estados Unidos la producción de los diminutos tornillos empleados en el ensamblaje del ordenador. Sin embargo, más tarde se reveló que esa compañía no tenía capacidad suficiente para fabricar más de 1.000 tornillos con periodicidad diaria (una cantidad a todas luces insuficiente). En su momento The New York Times ya advirtió que ese caso en particular ponía de manifiesto los problemas con los que podría ser confrontada la multinacional estadounidense si trasladaba parte de su producción a Estados Unidos.
Conviene además hacer notar que la cadena de suministro de Apple es extraordinariamente compleja y en ella no están involucrados única y exclusivamente proveedores procedentes de China. Los productos de Apple y los componentes que en ellos se abren paso se fabrican en realidad a lo largo y ancho de todo el globo. Y según la propia empresa de la manzana, en su cadena de suministro toman parte miles de empresas y millones de personas procedentes de más de 50 países diferentes.
La lista de compañías que proveen a Apple de partes, materiales y componentes ocupa un documento de más de 25 páginas y tales empresas están radicadas en países de prácticamente todo el mundo.
Convencer a los proveedores con los que actualmente trabaja Apple de construir plantas en Estados Unidos implicaría también forzar de alguna manera a tales proveedores a reducir o cerrar fábricas en otros países, lo cual no será obviamente una tarea fácil. Además, inaugurar nuevas factorías en Estados Unidos no bastaría para remodelar la cadena de suministro de Apple, que necesitaría también reclutar a personal cualificado con habilidades muy específicas para trabajar en esas factorías.
En Estados Unidos Apple no encontraría probablemente suficiente personal cualificado para fabricar sus dispositivos
Y parece que el personal cualificado que Apple necesita para fabricar sus productos no abunda precisamente en su patria chica. En 2015 Tim Cook, CEO de Apple, aseguró en una entrevista en televisión que la razón principal por la que la multinacional estadounidense fabricaba sus productos en China eran las habilidades de los trabajadores allí radicados. «El nivel de formación en China es extraordinariamente elevado. En Estados Unidos podrías reunir a un grupo de ingenieros altamente formados y no estoy seguro de que pudiéramos llenar esta sala. En China podrías llenar varios campos de fútbol. El nivel de formación es muy alto», aseveró Cook por aquel entonces.
Solo en la cadena de suministro consagrada al iPhone trabajan actualmente 1,4 millones de personas en todo el mundo. El secretario de Comercio Howard Lutnick aseguró el pasado domingo que buena parte de las labores asumidas por esas personas podrían ser automatizadas en suelo estadounidense, pero lo cierto es que no está nada claro cómo se llevaría a cabo esa automatización. Por lo pronto a Apple le llevó varios años el desarrollo de Daisy, un robot que limpia los iPhones para el posterior reciclaje de sus componentes. Y aunque es probable que en las factorías de Apple en Asia los procesos estén ya altamente automatizados, replicar ese modelo en Estados Unidos no es algo que pueda hacerse de la noche a la mañana.
Si movidos por los nuevos aranceles de Trump los de Cupertino decidieran rediseñar su cadena de suministro para fabricar más productos en territorio estadounidense, Apple debería levantar de cero nuevas fábricas y también encontrar nuevos proveedores. Y no solo eso. La empresa liderada por Tim Cook tendría que formar a decenas de miles de trabajadores en Estados Unidos y procurarles también probablemente alojamiento. Además, tan colosal tarea difícilmente sería factible sin involucrar a mano de obra extranjera, que es, al fin y cabo, la que a día de hoy ya conoce al dedillo las particularidades de la cadena de suministro de Apple.





