OpenAI ha estado en el ojo del huracán en el transcurso de los últimos meses después de que emergieran a la superficie una serie de incidentes protagonizados por sus agentes de IA, que lograron escapar de entornos de pruebas aparentemente seguros para para terminar atacando los sistemas de otras empresas.
Consciente de que en los últimos meses la IA ha acaparado múltiples titulares por sacar a relucir su faceta más díscola y perversa, OpenAI ha decidido poner rostro a esta tecnología y ha elegido lógicamente un rostro deliberadamente amable y adorable que nadie se atrevería a asociar a bote pronto al cibercrimen.
La empresa liderada por Sam Altman levantaba ayer el reloj de Dots, unos nuevos agentes de IA a los que ponen rostro encantadores personajes que parecen salidos directamente de una película de Pixar y que se precian de trabajar de manera totalmente autónoma durante las 24 horas del día. Pertrechados de ordenador propio, los nuevos agentes se conectan a miles de aplicaciones y se empapan de las preferencias del usuario para ejecutar una vasta miríada de tareas sin su supervisión directa.
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Con una estética deliberadamente «kawaii» y un nombre que coincide con la denominación de unas gominolas muy famosas allende los mares, el branding de Dots contrasta vivamente con la imagen rebelde (y potencialmente muy peligrosa) de la que han hecho gala en los últimos meses otros agentes de OpenAI (en particular tras el ataque perpetrado contra Hugging Face).
Dots aspiran a encarnar el lado más amable de la IA agéntica
Aunque OpenAI no lo vaya lógicamente a confesar, parece evidente que los nuevos agentes de la matriz de ChatGPT están inspirados a todos luces en Muse, un agente de AI que Meta presentó hace apenas tres semanas y, que encarnado por un encantador monstruo de estética «kawaii», ha logrado encaramarse a las primeras posiciones de las aplicaciones gratuitas más descargadas en la App Store de Apple en Estados Unidos.
Tanto Sam Altman (OpenAI) como Mark Zuckerberg (OpenAI) llevan insistiendo desde hace tiempo en que su visión a largo plazo de la IA es una tecnología diseñada específicamente para comprender el contexto individual de usuario y trabajar en su nombre en toda una pléyade de aplicaciones a fin de ejecutar de manera autónoma tareas rutinarias y particularmente tediosas.
Dots, los nuevos y simpáticos agentes de IA de OpenAI, pueden conectarse a más de 4.000 apps diferentes (Slack y Teams, entre otras) y salen del cascarón para inaugurar «una forma completamente nueva de trabajar como la IA», tal y como aseveraba ayer Sam Altman, CEO de la startup estadounidense.
Como Muse, los nuevos agentes de IA de OpenAI están diseñados para aprender constantemente cosas nuevas sobre el usuario y actuar en base a los conocimientos de los que se nutren de manera constante. «Cuanto más trabajéis juntos, más aprenderá tu Dot sobre tus preferencias, sobre la manera en que piensas y sobre los que gusta», subraya OpenAI.
OpenAI quiere desbaratar la mala prensa de los agentes de IA de la mano de Dots
Dots estarán integrados asimismo en el modo de voz de ChatGPT, por lo que el usuario podrá conversar con ellos y delegar en ellos todo tipo de tareas. «Es como hablar con un segundo cerebro«, decía ayer sobre Dots Holly Li, desarrolladora de productos de OpenAI.
Conviene, no obstante, no olvidar que, como ya quedó demostrado hace unos meses con el cacareado «hackeo» a Hugging Face, los agentes de IA están potencialmente predispuestos a malinterpretar las instrucciones de los humanos de carne y hueso (con consecuencias absolutamente nefastas en ocasiones). Y el hecho de que Dots, los nuevos agentes de IA, sean dueños de un rostro tan amable no los hace necesariamente inmunes a los errores.
De hecho, Muse, que tiene apenas tres semanas de vida, ha cometido ya algún que otro gazapo y habría compartido, por ejemplo, la dirección postal de un usuario sin que esté diera previamente su consentimiento. Este tipo de dislates (a los que están obviamente también expuestos los nuevos agentes de IA de OpenAI) son fruto de la manera en que opera esta tipo de tecnología, que para resultar verdaderamente útil, necesita nutrirse vorazmente de los datos personales del usuario (que puede terminar malinterpretando y utilizando de manera potencialmente problemática).
Dots, los nuevos agentes de OpenAI, están propulsados por GPT-6 Astra, un modelo que cuando salió del cascarón a principios de este mes, fue descrito por la compañía capitaneada por Sam Altman como «su modelo más alineado» hasta la fecha. Equipados con ordenadores virtuales propios alojados en la nube, Dots han sido preentrenados para no ejecutar determinadas tareas sensibles que pueden traducirse eventualmente en consecuencias absolutamente calamitosas (como cambiar contraseñas o transferir dinero de una cuenta a otra).
De las bondades de Dots pueden beneficiarse ya los suscriptores de ChatGPT Pro, ChatGPT Business Premium y ChatGPT Enterprise.





