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Por qué internet deja

Digital MarketingInternet tiene un severo impacto en el medio ambiente

El impacto (aparentemente invisible) de internet en el medio ambiente

Por qué internet deja "frito" el cerebro y también el medio ambiente

Esther Lastra

Escrito por Esther Lastra

Las emisiones de carbono solapadas al galopante consumo online quedan a menudo en la penumbra, pero lo cierto es que internet tiene mucho impacto en el medio ambiente.

Miles de millones de ojos están firmemente apalancados en internet, que se ha convertido en una suerte de ventana al mundo para buena parte de la humanidad. La penetración de la red de redes no ha hecho sino pegar el estirón durante la pandemia. Y si en 2001 sólo el 8% de la población mundial se había rendido a los encantos de internet, en la actualidad ese porcentaje ronda ya el 60%.

Si bien nuestra dependencia de las redes de redes crece a pasos agigantados, las emisiones de carbono solapadas a nuestro galopante consumo online quedan a menudo en la penumbra (y eso que el scroll infinito que hacemos a diario en internet roba aún más oxígeno al ya asfixiadísimo planeta Tierra).

En las emisiones de carbono emanadas de internet todo cuenta: desde el dispositivo al que nos conectamos a la red a las infraestructuras de redes pasando por los centros de datos. De acuerdo con la BBC, las emisiones de carbono directamente provocadas por la red de redes constituyen el 3,7% de las emisiones de gases de efecto invernadero generadas a escala global. Se trata de una proporción que supera a las emisiones derivadas de la aviación (2,5%), cuya reputación en clave medioambiental es, en cambio, mucho más endeble.

Además, el metaverso que asoma ya a la vuelta de la esquina multiplicará previsiblemente (y de manera exponencial) la huella medioambiental que deja a su paso internet. ¿Qué podemos hacer entonces los internautas para poner coto a los «malos humos» de la red de redes?

Lo que podemos hacer como usuarios para poner coto a las emisiones generadas por internet

En primer lugar, deberíamos plantearnos usar (siempre que se posible) una red WiFi en lugar de las redes móviles agazapadas en nuestro smartphone. Decantarnos por el 5G (o en su defecto por el 4G) de nuestro teléfono inteligente genera hasta dos veces más energía que el WiFi.

Otro hábito que haríamos bien en adoptar (de manera perentoria) es renovar nuestro smartphone con menos frecuencia (y aplacar en este sentido nuestro miedo a quedarnos desfasados). No en vano, el 84% de las emisiones de carbono generadas, por ejemplo, por un iPhone 13 Max tienen lugar antes incluso de abrir la caja. Debemos renovar, por ende, nuestros dispositivos móviles menos a menudo o en su defecto comprar teléfonos reacondicionados, tal y como recoge Fast Company.

Puede que curarnos de nuestra adicción (posiblemente incurable) a Netflix y compañía sea del todo imposible, pero deberíamos saber al menos que el vídeo genera más emisiones de carbono que la imagen y el texto en la red de redes. Hacer scroll en TikTok durante un minuto se traduce en el doble de emisiones de CO2 que hacer scroll en Instagram durante idéntica cantidad de tiempo.

Un enfoque más radical es el que pone sobre la mesa e «think tank» francés The Shift Project, que apuesta por un enfoque bautizado con el nombre de «Lean ICT», que consiste en comprar equipamiento con un consumo mínimo de energía, renovarlo con escasa frecuencia y reducir actividades innecesarias que se traduzcan en mucha energía.

En la reducción de las emisiones de carbono nacidas del vientre de internet juegan también un rol absolutamente determinante los diseñadores UX, los desarrolladores de software y los equipos de marketing. El código sostenible, las webs almacenadas en servidores locales (alimentados en el mejor de los casos por energía solar) y el contenido online más eficiente y más simple pueden marcar en este sentido la diferencia.

Es importante que quienes diseñan la red de redes alienten la sobriedad digital y recorten funcionalidades muy intensivas en el plano energético sin que ello se traduzca necesariamente en interfaces menos atractivas.

La firma danesa de ropa Organic Basics apuesta, por ejemplo, en su web por colores deliberadamente apagados como el gris, el verde o el beis para minimizar así el consumo de energía.

Hacia una red de redes más sostenible (y no por ella menos atractiva)

Las marcas y los gigantes digitales tienen asimismo mucho que decir a la hora de construir una red de redes más respetuosa con el medio ambiente. En sus manos está por lo pronto hacer de internet un lugar enfocado al propósito. Los anuncios, por ejemplo, a engullen buena parte del espacio disponible en la web y, más allá de generar emisiones de carbono, dan alas a la contaminación visual y contribuyen a mancillar la experiencia del internauta en la red de redes.

En su versión para la Unión Europea y a fin de cumplir apropiadamente el RGPD el diario USA Today optó, por ejemplo, por eliminar toda la publicidad en su web, que pasó de manera inmediata de pesar 5 megabytes a tener un peso de apenas 500 kilobytes.

Desafortunadamente resulta difícil imaginar que más webs sigan el ejemplo de USA Today, puesto que la publicidad es la que paga las facturas (al menos de manera mayoritaria) en internet.

Para menguar la huella de carbono (absolutamente colosal) que dejan a su paso los internautas en la red de redes es importante asimismo que estos sean conscientes de esa huella de carbono. Quizás las grandes empresas de internet deberían advertir al usuario de cuando alcanza cada día unos límites concretos de emisiones de CO2.

Carbonalyser, una extensión para el navegador, nos permite, sin ir más lejos, visualizar en tiempo real cómo esquilma el medio ambiente el uso (extraordinariamente intensivo) que hacemos de internet.

Está claro que un gesto aparentemente inocuo hacer scroll en TikTok o en Instagram es extraordinariamente nocivo para el medio ambiente. Casi nadie es consciente, no obstante, de la perfidia que hay parapetada tras este gesto. El día en que tomemos verdadera consciencia de lo que supone navegar por internet quizás (solo quizás) nos embargue la culpa tanto como hoy pesa en nuestra conciencia la utilización bolsas de plástico de un solo uso. Pero, ¿estamos verdaderamente dispuestos a cambiar la manera en que consumimos internet para procurar aliento al asfixiado planeta tierra?

 

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