La evolución estilística de Mark Zuckerberg ha sido tan extraordinaria (o más) que la evolución de su cuenta corriente. En los albores su rutilante carrera en el ecosistema «techie», cuando Zuckerberg se hizo millonario de la noche de la mañana gracias a Facebook, éste acostumbraba a vestir sudaderas con capucha y chanclas de la marca Adidas.
Con el paso del tiempo Zuckerberg, que tiene ahora 42 años, terminaría cambiando las sudaderas por las camisetas de color gris. Y actualmente parece tener una nueva prenda fetiche: el polo. Más formal que una camiseta y más informal que el clásico traje de chaqueta, Zuckerberg parece haber encontrado en el polo su nuevo uniforme de trabajo.
De hecho, el fundador de Facebook se ha obsesionado tantísimo con esta prenda que se ha marcado como objetivo «encontrar los mejores 20 polos», según confiesa en declaraciones a The New York Times. «Se trata de algo divertido, ¿no crees? Este tipo de cosas te invitan de alguna manera a hacer excitantes descubrimientos», dice Zuckerberg.
«Una vez has comprado ya unos pocos polos, de repente comienzas a ver más anuncios de este tipo de prendas y no puedes evitar preguntarte si los polos de los anuncios son mejores que los que acabas de comprar», asegura Zuckerberg, que paradojas de la vida no parece estar muy familiarizado con el fastidioso «retargeting» en el que incurre la publicidad digital que él mismo comercializa en sus plataformas 2.0.
A Zuckerberg parece sorprenderle hasta cierto punto cómo funciona la publicidad en Instagram
Las sorprendentes declaraciones de Zuckerberg han sido por supuesto motivo de réplica por parte de The New York Times, que no ha podido evitar recordar al CEO de Meta que el «retargeting» y otras muchas funcionalidades se cuentan entre los motivos por los que plataformas como Instagram son asaeteadas a críticas con ser plataformas manifiestamente adictivas. Y el rotativo neoyorkino le pregunta, no en vano, directamente a Zuckerberg si sus últimas experiencias de compra han inspirado quizás en él un cambio de opinión sobre Instagram. «No estoy seguro», responde de manera más dubitativa Zuckerberg antes de descolgarse con un rotundo «no».
Zuckerberg parece apalancar la mirada en Instagram no sólo para descubrir ropa, sino que que a menudo la compra directamente a través de función de compras imbricada en la app.
Según relata a The New York Times, cuando realizó su primera compra a través de Instagram, Zuckerberg proporcionó ni corto ni perezoso su email personal, su número de tarjeta de crédito y su dirección postal. El CEO de Meta no cayó, no obstante, en la cuenta de que un pedido formalizado por el mismísimo Mark Zuckerberg era susceptible de resultar sospechoso. Y por esta razón, la pequeña boutique online donde éste formalizó su primer pedido online terminó rechazando la compra ante la sospecha de que todo fuera un fraude.
Parece que uno de los hombres más poderosos del mundo en el ecosistema «techie» tiene paradójicamente problemas para comprender adecuadamente los entresijos de las plataformas que le han hecho multimillonario.





