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Día Mundial del agua: eventos en tiempos de sequía

El Día Mundial del Agua coincide este año con restricciones por sequía. El ahorro y la circularidad nos concierne a todos, también como industria de eventos.

MUT sequía

ESCRITO PORRedacción

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Hoy, 22 de marzo, es el Día Mundial del Agua. Cualquier otro año con menos sequía quizá no le prestaríamos ninguna atención a esta celebración. Pero resulta que desde hace unos meses aproximadamente, el 14% del territorio nacional está en emergencia por escasez de agua y el 27% en alerta. Más aún, en febrero se declaró el estado de emergencia por sequía en 202 municipios de Barcelona, su área metropolitana y el sur de la provincia de Girona, con restricciones al consumo de 200 litros por persona/día.

Y esto ya sí impactó directamente a nuestra industria del experiencial y los eventos, en una ocasión tan importante para la ciudad y con tanta repercusión internacional como el Mobile World Congress. La organización, GSMA, y Fira de Barcelona se vieron obligadas a tomar medidas extraordinarias para el ahorro de agua, que comunicaron en la feria con la campaña “Cada gota cuenta”. También se instó a los hoteles a promover el uso responsable del agua a los alrededor de 95.000 congresistas (algunos datos señalan que los asistentes a congresos y ferias tienen un consumo hasta 3-5 veces más elevado que la ciudadanía media).

En las ciudades vemos la sequía como algo remoto, como un problema del campo. Pero la realidad es que está llegando a nuestro día a día urbano e industrial. Lo cual no deja de tener un punto positivo: que nos concienciemos sobre el valor del agua sufriendo su escasez en carne propia. Es una oportunidad para que empaticemos aunque sea mínimamente con los millones de personas en el planeta que no tienen acceso a ella: En 2022, 2.200 millones de personas todavía carecían de servicios de agua potable gestionados de forma segura, y 2.000 millones carecían de servicios de higiene básicos. Y eso a pesar de que está reconocido explícitamente por la Asamblea General de las Naciones Unidas el derecho humano al agua y al saneamiento como esenciales para la realización de todos los derechos humanos. Es también el Objetivo 6 de Desarrollo Sostenible.

Aceptamos entonces que sin agua no hay vida, ni salud, ni dignidad humana. Pero tampoco hay paz.  Este año el lema de Naciones Unidas para el Día Mundial del Agua es precisamente “Agua para la paz”. Más de 3.000 millones de personas en todo el mundo dependen del agua que atraviesa las fronteras nacionales. Sin embargo, solo 24 países tienen acuerdos de cooperación para todos los recursos hídricos que comparten. El mensaje de la ONU este año enfatiza que el agua puede crear paz o desencadenar conflictos, dependiendo del uso que le demos.

De nuevo, nos puede parecer que estos conflictos nos quedan lejos, sin embargo la globalización también nos hace partícipes directos de desigualdades hídricas. Según el profesor Arjen Y. Hoekstra, “gran parte de nuestra comida y de muchos otros productos se importan desde países con cuencas de captación que sufren estrés hídrico. Para la producción alimentaria en concreto, se utilizan grandes cantidades de agua. Para producir un filete de 200 gramos, se consume una media de 3.000 litros de agua. Para producir una chocolatina de 200 gramos, se necesitan 3.400”.

¿Y para producir un evento? ¿Cuánta agua consumimos? ¿De dónde la sacamos? ¿Cómo lo medimos? ¿Cómo gestionamos su circularidad?

Volviendo al MWC como punto de referencia para esta reflexión en el día del agua, y aun a riesgo de ser un poco autorreferente, me gustaría analizar nuestro trabajo para el congreso desde la perspectiva de huella hídrica. Como sabemos, la huella hídrica es un indicador medioambiental que mide el volumen de agua dulce utilizado a lo largo de toda la cadena de producción de un producto o servicio. Parece que en la práctica, la huella hídrica de la actividad relacionada con eventos tiene menos consideración que la huella de carbono. Al menos en nuestra experiencia en MUT tenemos esa sensación.

En los últimos cuatro años hemos llevado al Mobile nuestra visión de arquitectura efímera sostenible. En 2021 con el stand “Cloud City” para TelcoDR, en 2022 y 2023  el stand de Simplr y en 2024 el espacio de Totogi y el stand de Rob Surgical en el 4YFN-MWC. En estos años hemos ido implantando nuestra cultura Net Positive y metodologías propias de construcción circular basadas en el dato. Lo que nos ha permitido maximizar la circularidad y la eficiencia energética y minimizar el impacto ambiental del montaje, gestión y desmontaje de cada stand (recursos naturales consumidos, ciclabilidad, toxicidad y eco-toxicidad de los materiales, huella de carbono, huella hídrica).

Entre estas realizaciones destaca el stand de Simplr  en 2023, reconocido como el stand más sostenible del MWC. Con un peso total de 17.213 kgs, la cantidad de esos kgs que fueron a la basura fue inferior a 129 kgs, con un índice de ciclabilidad del 99,25%. Medimos la huella de carbono, 5,625 kgCO2eq y la huella hídrica, 180.210 litros, entre otros muchos parámetros.

Este proyecto fue sumamente enriquecedor en términos de aprendizaje y puso de manifiesto cómo medir el impacto puede proporcionarnos insights de gran relevancia.

En este proyecto observamos que, con el fin de reducir las emisiones de CO2, se trabajó un diseño con las láminas de Honext®, hechas a partir de residuos de fibra industriales. Este innovador material en términos de circularidad precisa de mucha agua para su producción, lo cual resultó en un aumento muy considerable de nuestra huella hídrica. Pero cabe señalar que se utilizaron aguas negras recicladas (dato que no queda reflejado en el informe de cantidad).

La realidad es que alcanzar una reducción total en el uso de recursos aún no es factible, ya que al disminuir el uso de un tipo de recurso, inevitablemente desequilibramos otro. Por ello, la ciencia juega un papel fundamental en la búsqueda de una transformación hacia un impacto positivo para tomar decisiones informadas basadas en el conocimiento.

Por Josep Pinós, Head of Global Events en MUT.

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