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Toni Segarra Vicepresidente y director creativo de SCPF

Final y principio - Toni Segarra

Yo era un crío cuando murió mi abuela paterna y mi padre quedó definitivamente huérfano. Recuerdo muy vívidamente su reacción, sus palabras, su gesto: “Ahora yo soy el siguiente”. Me impresionó mucho esa reflexión , no la he olvidado desde entonces.

Con los años creo haber ido entendiendo la idea esencial de la orfandad. Ya no es solo, aunque también, la sensación física de estar más cerca de la muerte, del final. Es sobre todo el transformarse en el referente, aquel al que los demás van a mirar a partir de ese momento porque marcha a la cabeza del grupo y tiene la responsabilidad de guiarlo.

Juan Mariano nos ha dejado huérfanos a muchos. Muchísimos. La cantidad de gente que vivíamos pensando que allá delante seguía estando él da una idea aproximada de su grandeza.

Estos días de shock, todavía incapaz de procesar la pérdida, me han provocado dos sentimientos encontrados. Privilegio y final.

Nunca había sido tan consciente como ahora de la inmensa fortuna, y del inmenso honor, de haber podido compartir un pequeño momento de la edad de oro de la publicidad en España, representada, no me cabe la menor duda, por la Contrapunto de finales de los ochenta.

Ferrán Adriá, otro genio descomunal, insiste mucho en que aprovechemos este momento de esplendor de la gastronomía en nuestro país. Vivimos la edad de oro de la cocina, dice, y las edades de oro no duran para siempre.

La de la publicidad se acabó. Y fue Juan Mariano el representante más señero, más decisivo, de su momento más brillante. Aquella Contrapunto recogió todo lo sembrado por MMLB, que fue destilado por RCP, y lo transformó en una explosión de estilos, de aproximaciones, de generosidad, de ambición, que la convirtió durante un tiempo en una de las mejores agencias de publicidad del mundo, quizá la mejor. Frente a la aplicación de un manifiesto nuevo por parte de los Borsten, los Montfort, los Moliné y los Lorente, frente al estilo demoledor pero unívoco y personal de Casadevall y de Pedreño, Contrapunto representó la alegría, la variedad, la confianza absoluta en equipos diversos, maneras a veces antitéticas de entender el oficio, que vivían y brillaban sin problema en el caos absoluto de los chalés de San Telmo. Contrapunto era un Viva la Virgen anárquico y demandante que te arrastraba sin remedio. Y en el centro de aquel desbarajuste Juan Mariano parecía ser el único que entendía lo que pasaba. Y le seguíamos.

Hoy siento, de un modo casi doloroso, el privilegio de haber vivido aquel momento.

Porque siento, también intensamente, la evidencia de su final.

Por supuesto que ese final no es ninguna novedad, no hablamos de otra cosa todo el tiempo. Pero mientras Juan Mariano seguía ahí, los que le seguíamos vivíamos con la tranquilidad del que sigue.

Esa es la orfandad a la que me refiero. Y ese es quizá el último servicio que el liderazgo moral de Juan Mariano nos brinda.

Hay un mensaje muy claro en su muerte, un mensaje para muchos de nosotros. Afortunadamente muchos. Ahora somos los siguientes. Y nos están mirando.

Vía: Anuncios

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