Aunque los líderes empresariales se deshacen en términos generales en alabanzas hacia a la IA y ponen en valor el efecto balsámico que tiene supuestamente esta tecnología en la creatividad, los trabajadores no sienten que la IA esté dando necesariamente a alas a sus habilidades en el plano creativo.
De acuerdo con un reciente estudio llevado a cabo en Reino Unido por la agencia Lucky Generals en la que se entrevistó a una muestra de 500 trabajadores, sólo el 37% de los consultados cree que la IA tiene de verdad un impacto positivo en ámbitos creativos como la música, el cine o la literatura. Y en esta misma línea, apenas el 21% de los empleados considera que la IA les está ayudando realmente a ser más creativos en la ejecución de las tareas solapadas a su día a día laboral.
La paradoja es que el 64% de los trabajadores consultados en su informe por Lucky Generals se endilgan a sí mismos la etiqueta de personas creativas. Y el 79% expresa, de hecho, su deseo de llevar una vida más creativa. Sin embargo, a la hora de la verdad sólo el 39% de los empleados siente que está desarrollando todo su potencial creativo.
Por otra parte, la mayor parte de los trabajadores culpa su estancamiento en el plano creativo a la cultura de trabajo (poco imaginativa en términos generales) que impera en la empresa donde está en nómima. Apenas el 27% de los empleados sienten que su trabajo les permite de verdad ser más creativos. De manera similar, sólo el 20% declara que su empleador le anima activamente a desarrollar su creatividad y únicamente el 18% considera que su empresa cree realmente en la creatividad.
No hay que centrarse tanto en eficiencia solapada a la IA como en la eficacia
Los resultados del informe ponen de manifiesto que, en lugar de dejarse llevar por la inercia de delegar todas las responsabilidades en la IA, las empresas deberían volcar sus esfuerzos en la creación de entornos de trabajo donde la creatividad pueda florecer a todos los niveles. Y para lograrlo, deberían alentar el empoderamiento creativo de los empleados insuflándoles confianza para que desarollen su creatividad. Las empresas deben proporcionar además a sus empleados las herramientas necesarias para levantar los cimientos de su propia confianza y dedicar asimismo tiempo a la colaboración, la asunción de riesgos (inevitables para que afloren buenas ideas) y el juego.
«La IA puede ser un poderoso catalizador creativo», enfatiza Andy Nairn, fundador de Lucky Generals. «Sin embargo, como sucede con cualquier herramienta, la IA es sólo tan buena como la imaginación de las personas que la utilizan. Los resultados de nuestra investigación demuestran que necesitamos urgentemente construir entornos laborales donde las creatividad humana pueda florecer. La tecnología sólo desarrollará todo su potencial cuando a las personas que la utilizan se les permita también desarrollar todo su potencial», apostilla.
«Actualmente se pueden generar ingentes cantidades de ideas con tan sólo pulsar una tecla. Pero eso no significa que tales ideas sean buenas. En este sentido, la verdadera habilidad reside cada vez más en la capacidad de elegir entre innumerables opciones», advierte Nairn. «Se trata de elegir no esa idea mediocre que un algoritmo ha puesto sobre la mesa a partir de todo el conocimiento que hay ahí fuera, sino de seleccionar esa idea extraordinaria que desafía las convenciones y que tiene probabilidades de prosperar en el mundo real», añade.
A día de hoy se pone excesivamente el acento en las bondades de la IA desde el punto de la eficiencia, asegura Lucky Generales en su informe, pero donde de verdad hay que apalancar la mirada es en la eficacia, en la producción de mejores ideas y en la innovación (y para ello la creatividad humana se antoja imprescindible y debe, por lo tanto, ser elevada y no asfixiada en los entornos laborales).





