Cuando la incertidumbre en el plano económico lo emponzoña todo, la frontera que separa las compras «normales» (y que forman parte, por ende, de la cotidianeidad del día a día) de aquellas adquisiciones que son contempladas como un lujo a ojos del consumidor tiende a emborronarse. Y esa frontera se torna aún más difusa cuanto más joven es el consumidor. No en vano, dos terceras de los consumidores adscritos a la Generación Z contemplan la adquisición de una vivienda como un lujo. Así lo concluye un reciente informe llevado a cabo por Ipsos en Estados Unidos.
De acuerdo con el estudio de Ipsos, los almuerzos y las cenas fuera de casa que se cobijan en restaurantes particularmente elegantes (y, por ende, caros) lideran la lista de las compras a las que el consumidor endilga la etiqueta de lujos. El 76% de los consumidores considera que este tipo de comidas son un lujo.
Siguen en importancia los almuerzos y cenas en restaurantes caros las joyas (74%) y los coches deportivos y/o de lujo (74%). Son igualmente un lujo desde el particular punto de vista del consumidor los viajes y las vacaciones (71%) y la moda (63%) entendida como la compra de prendas de ropa y complementos que no forman parte del día a día.
La tecnología y los «gadgets» son, por otra parte, un lujo para el 59% de los consumidores, mientras que el 51% contempla igualmente como un lujo pedir comida a domicilio. Se abren paso asimismo en la lista de lujos las experiencias (51%), el gasto consagrado al hogar y la decoración (47%) y comer fuera de casa en restaurantes de comida rápida o pertenecientes a cadenas (43%).
Los consumidores más jóvenes prefieren los pequeños lujos a los grandes lujos
El 42% de los consumidores contempla asimismo como un lujo el hecho de tener una casa en propiedad, mientras que el 36% dice lo propio de tener un coche. Son percibidos en menor medida como un lujo la compra de productos de belleza (33%) y la adquisición de dulces y golosinas (32%).
La investigación de Ipsos coloca, por otra parte, bajo la lupa las características que deben reunir determinadas marcas y productos para ser consideradas un lujo. Y lo que parece definir en mayor medida si una marca o un producto es un lujo es su precio. El 62% de los consumidores cree que el precio es lo que determina a la postre si una marca o un producto es o no lujo. El hecho de que una marca o un producto sean asociados en su «branding» a algún diseñador es un indicador igualmente de lujo a ojos del 54% de los consumidores.
Por otra parte, los consumidores más jóvenes parecen más inclinados que los consumidores de más edad a darse pequeños lujos (que son para ellos preferibles a los grandes lujos). El 66% de los millennials y los centennials aseguran que, invirtiendo idéntica cantidad de dinero, preferirían darse un pequeño lujo al menos una vez al mes a incurrir en un gran lujo solo una vez al año.
La Generación X, que es la que más invierte en lujos, es la que tiene también una mayor predisposición (43%) a darse grandes lujos (frente a los pequeños lujos). Así y todo, los consumidores de este grupo demográfico coinciden con los millennials y con los centennials en que los pequeños lujos pueden ser tan placenteros como los grandes lujos.





