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Los emojis, ¿empobrecen o enriquecen la comunicación?

Día Mundial del Emoji: ¿Son los emoticonos una bendición o una maldición?

Hoy se celebra en todo el mundo el Día Mundial del Emoji. Pero, ¿hasta qué punto son portadores de beneficios los omnipresentes emoticonos?

emojiHoy 17 de julio se celebra a lo largo y ancho del planeta el Día Mundial del Emoji. Motivo más que suficiente para tratar de dilucidar las pros y los contras de estos pequeños y graciosos dibujos que salpican constantemente nuestras conversaciones en los entornos online y sin los cuales la comunicación se les hace a algunos cuesta arriba (y definitivamente mucho más pobre en matices emocionales).

Los emojis que hoy tan profusamente utilizamos son un “hijos” del japonés Shigetaka Kurita, que allá por el año 1999 desarrolló el primer emoticono para el gigante de las telecomunicaciones NTT Docomo.

Desde entonces los emoticonos se han convertido en el pan nuestro de cada día y es casi imposible concebir sin ellos la comunicación escrita que tiene lugar al calor de la red de redes.

Quienes cantan alabanzas a favor de los emojis aseguran que estos omnipresentes ideogramas son un método tan sencillo como efectivo de dar un (necesario) barniz emocional a los textos (donde la mímica de la comunicación oral brilla lamentablemente por su ausencia).

Los más críticos con los emoticonos argumentan que, aunque su número no para de pegar el estirón año tras año, los emoticonos no son aptos en modo alguno para retratar el complejo universo de los sentimientos humanos. Y que las emociones que con la complicidad de los emoticonos tratamos de trasladar a nuestros textos están inevitablemente restringidas por un puñado de dibujos (los mismos que el Consorcio Unicode regula con puño férreo).

Aun así, y pese a las lacerantes críticas que algunos disparan sin compasión contra los emojis, lo cierto es que hay estudios (algunos de los cuales datan del año 2007) que aseguran que estos ubicuos ideogramas no hacen sino reforzar (y clarificar) los mensajes que se abren paso en los textos escritos.

De todos modos, y aunque es cierto que los emojis ayudan hasta cierto punto a evitar los malentendidos, no puede afirmarse tampoco de manera 100% categórica que su significado sea inequívoco. Y dependiendo del contexto cultural en el que los emoticonos hacen acto de presencia estos son portadores de significados radicalmente diferentes.

El emoji del “smiley” con la cara roja se utiliza, por ejemplo, por estos lares para expresar la ira. Sin embargo, en Japón este ideograma tiene un matiz ligeramente distinto y se suele emplear para dar cuenta de algún tipo de enfado (donde no necesariamente está involucrada la ira).

Un informe datado del año 2015 viene de nuevo a demostrar que los emojis se prestan a múltiples interpretaciones. En esta investigación sus autores argumentan que, a la hora de expresar celos, los hombres se decantan habitualmente en sus posts en Facebook por el emoji guiñando un ojo. En cambio, cuando son presas de los celos, las mujeres evitan usar emoticonos de ningún tipo en sus publicaciones en la red social más grande.

Quienes más dardos lanzan contra los emojis aseguran que estos, más que facilitar, menoscaban extraordinariamente nuestra capacidad para expresar adecuadamente nuestras emociones.

A juicio del escritor y diseñador gráfico alemán Erik Spiekermann, los emojis constituyen, de hecho, un auténtico retraso en materia comunicativa. La creación del alfabeto hizo posible que las personas pudieran compartir sus pensamientos (incluso los más complejos). Y los emoticonos son en comparación una regresión a la Edad de Bronce, subraya Spiekermann.

No todo son críticas, de todos modos, para los emojis. De acuerdo con algunos estudios, la introducción de emoticonos de carácter positivo en los textos es un estupenda de mitigar y suavizar las críticas (que de otro modo serían quizás excesivamente punzantes).

Los directivos que utilizan emojis en sus textos son percibidos en términos generales como más empáticos por parte de sus subordinados. De todos modos, quienes abusan de los emoticonos (y ocupan cargos de responsabilidad) tienen habitualmente más problemas a la hora de imponerse.

Quienes están convencidos de que los emojis empobrecen ostensiblemente la comunicación pueden lógicamente renunciar a utilizarlos. No obstante, desde un punto de vista realista es altamente improbable que los emoticonos desaparezcan de nuestras vidas (al menos a corto plazo). ¡Larga vida a los emojis!

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