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Por qué arte y ciencia deben ir unidas en la creatividad

10 maneras de cultivar arte y ciencia simultáneamente en el "jardín" de la creatividad

Para amalgamar la ciencia que se le presupone al hemisferio izquierdo del cerebro y el arte que lleva la voz cantante en el derecho y espolear así nuestra creatividad podemos echar mano de estos trucos.

creatividad arte cienciaTanto si prima en nosotros el hemisferio izquierdo del cerebro (y somos, por ende, eminentemente lógicos) como si nos dejamos llevar por el hemisferio derecho de nuestra materia gris y preferimos confiar en nuestra intuición, habrá situaciones en que tengamos que amalgamar una y otra parte del cerebro para alumbrar ideas verdaderamente innovadoras.

De hecho, en nuestro cerebro no hay frontera infranqueable que separe el hemisferio derecho del izquierdo (y viceversa). Uno y otro trabajan al alimón y nos hacemos en realidad un flaco favor a nosotros mismos cuando nos creemos adscritos al 100% a uno u otro hemisferio.

Para amalgamar la ciencia que se le presupone al hemisferio izquierdo del cerebro y el arte que lleva la voz cantante en el derecho y ser así más creativos en la gestación de ideas podemos echar mano de los trucos que disecciona a continuación Canva en su blog:

1. Hacer pausas de manera frecuente en el trabajo

Cuando intentamos alumbrar una nueva idea y estamos bloqueados, lo mejor es oxigenar nuestra cabeza y dar un paseo. Caminar incrementa el flujo sanguíneo en el cerebro y abre en este sentido la espita de la generación de nuevas ideas.

Es importante asimismo dejar vagar la imaginación durante las pausas que hacemos en el trabajo. Según un estudio de la Universidad de British Columbia, cuando soñamos despiertos, ponemos en marcha un importante proceso cognitivo que nos permite hacer conexiones para hallar soluciones a los grandes problemas que tenemos entre manos.

2. Llevar siempre una libreta a mano

Una libreta dista mucho de ser mágica en términos creativos, pero es extraordinariamente útil cuando nos asalta de repente una gran idea y queremos que no se extravíe en nuestra memoria.

Las mejores ideas nos visitan, al fin y al cabo, en los momentos más inoportunos, cuando estamos a priori menos concentrados, pero también más predispuestos a establecer conexiones que de otro modo no haríamos.

3. Zambullirse en la naturaleza en busca de inspiración

Las personas que tienen la vitola de ser más creativas se fijan a menudo en los patrones y en los métodos empleados por la naturaleza para alumbrar nuevas ideas.

Los humanos tendemos a complicar excesivamente las cosas, por lo que sumergirnos en la naturaleza puede inspirarnos y ayudarnos a concebir ideas que de otro modo quizás no hubiéramos contemplado.

4. Salir en busca de nuevas experiencias

Es una realidad ampliamente aceptada que las mejores ideas emergen cuando descubrimos concomitancias entre fragmentos ya existentes de conocimiento.

Seamos o no conscientes de ello, lo cierto es que nos aprovisionamos de nuevos conocimientos cuando estamos abiertos a nuevas experiencias, que pueden tomar la forma de leer libros, viajar o tomar clases sobre alguna materia nueva.

Cuando nos nutrimos de nuevas experiencias, vemos también las cosas desde diferentes puntos de vista y eso nos ayuda a crear conexiones entre diferentes elementos.

Una nueva experiencia no tiene, por otra parte, que ser especialmente rompedora. Basta con tomar, por ejemplo, una nueva ruta para ir al trabajo o tomar el café en un establecimiento distinto al habitual.

5. Meditar

Los beneficios de la meditación están más que documentados y por esta razón cada vez más personas la introducen en sus hábitos diarios para relajarse y también para dar alas a su creatividad.

Cuando meditamos dejando vagar libremente nuestros pensamientos sin focalizarnos en nada concreto, se activa el pensamiento divergente, vital para azuzar la creatividad.

6. Imponer restricciones para espolear la creatividad

De acuerdo con un informe publicado por Journal of Organizational Behavior, la creatividad pega el estirón cuando está a expensas de determinadas restricciones (en particular las de naturaleza externa).

Esta teoría se sustenta en que cuando tenemos frente a nosotros infinitas opciones, tendemos a bloquearnos. En cambio, cuando estamos sometidos a determinadas restricciones, lo tenemos más fácil para enfocarnos en lo que queremos.

Las restricciones pueden tomar la forma de fechas tope muy ajustadas o intentar enfocarnos a una única tarea y resistir la tentación del "multitasking".

7. Aproximarse al "brainstorming" de otra manera

En las sesiones de "brainstorming" en su vertiente más tradicional unos pocos participantes suelen llevar la voz cantante y el resto tiende a silenciar sus ideas, por lo que solo terminan poniéndose en práctica las ideas alumbradas por quienes gastan más saliva dando cuenta de su (supuesta) creatividad.

Una buena alternativa a este tipo de "brainstorming" es el denominado "brainwriting", en el que la generación de ideas tiene lugar (por escrito) ante de quienes participan en la tormenta de ideas se reúnan.

De esta manera, ideas potencialmente muy valiosas que de otro modo nadie se hubiera atrevido a dar voz no se van por el sumidero.

8. Concentrarse de manera consciente en ser más creativo

Aunque muchos crean lo contrario, lo cierto es que la creatividad se puede aprender y también enseñar. Pero para ello debemos dar una vuelta de tuerca a la manera en que habitualmente pensamos en la creatividad (como algo con lo se nace o no se nace).

La creatividad es como un músculo que necesita hacer ejercicio para robustecerlo y el primer paso para conseguirlo es convencernos a nosotros mismos de que podemos efectivamente ser más creativos.

9. Plantearse nuevas preguntas

Cuando alumbramos nuevas ideas, damos en realidad con respuestas a preguntas que ya nos hemos planteado con anterioridad. El problema reside en que si nos hacemos siempre las mismas preguntas, las respuestas a tales cuestiones son solo limitadas.

Por eso es tan importante plantearse nuevas preguntas que se traduzcan en nuevas respuestas. Para dar con las preguntas adecuadas debemos mirar las cosas desde diferentes ángulos y asegurarnos de que las cuestiones que formulamos son más o menos específicas y no pecan de vagas.

10. Tomar distancia de la realidad

Puede parecer un contrasentido, pero lo cierto es que tomar distancia psicológica con respecto a los problemas que nos acucian puede dar fuelle a la creatividad.

Esa distancia psicológica la podemos conseguir pensando en nuestros problemas desde la perspectiva de otra persona, o pensando en un situación específica como si fuera algo improbable para suscitar así preguntas abstractas que den lugar a conexiones que no hubieran emergido probablemente a la superficie al aferrarnos única y exclusivamente a conceptos concretos.

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